57. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 16 de abril, lunes. Vigésimo octavo día de viaje. Shanghái, día 8. Segunda parte.

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Desde el templo de Jing’an vamos a ver una estatua de Dalí que recomienda la guía y que está situada en el cruce  de dos grandes calles: un reloj de esos que parece que se deshacen. No me gusta Dalí y tampoco me entusiasma esta escultura.  Su título es “Nobility of Time”. No sé si por el titulo o por el sujeto de la escultura esta fue hecha en Suiza. O quizás fue por los impuestos. Ya se sabe que Dalí era muy generoso.

 

 

 

 

 

A mí me ha gustado más la fachada de la tienda de Gucci.

Pasa un Ferrari rojo y luego comprobamos que por allí cerca está el concesionario de esa marca.

Sin “concesionario” de marca de lujo un motorista aprovecha para descansar en su moto mientras  fuma un cigarrillo. Iba a escribir “un pitillo” y me percato  que tendría que  explicar esa palabra a algunos lectores.

También vemos como unos guardias cargan bicicletas y motos que se han dejado en las aceras y lo hacen sobre unos grandes triciclos eléctricos que abundan en Shanghái y me da la impresión que también son material requisado.

Este entorno que está a unos 100 metros del templo, en la calle Nanjing Road, pero la “Oeste” (la “nuestra” es la “Este”), hay muchas tiendas de alto lujo y algún grupo escultórico callejero muy interesante.

Una zona de grandes contrastes.

Desde este templo que está en Jing’an Sur queremos ir  a ver el “Buda  de Jade” y según la guía está en Jing’an Norte cerca de la parada del metro de Changshou Rd, pero según el mapa del metro esta estación está muy cerca de donde estamos y me temo que la guía  está equivocada así que vamos a una oficina de información turística cercana a preguntar: resulta que yo había confundido “Changshou Rd” que efectivamente es donde está el templo y que está al norte, con “Changshu Rd” que está al sur. Y es que también tiene mala leche poner casi el mismo nombre a dos estaciones de metro de la misma línea que solo se diferencian en una letra. Cuento esta historieta para que no te fíes de los nombres si vienes a esta ciudad: deben ser exactamente el  mismo.

Ya en esa oficina aprovecho para preguntar a la joven informadora sobe el “mercado de matrimonios”. Me dice que de cada cuatro ofertas, tres son de chicos y una de chicas. O sea que los hijos tienen peor salida. ¡Quién lo diría!

El templo del Buda de Jade es famoso por eso, por su “Buda de Jade”, una escultura maravillosa por la que merece la pena la visita.

También es un complejo importante, pero con muchos menos fieles que los de esta mañana.

Aquí los fieles se arrodillan y postran sin parar delante de cada estatua.

En una habitación de este complejo hay un par de jóvenes escribiendo con pincel con gran maestría. Ni idea de lo que están haciendo.

Regresamos al hotel para  descansar un poquito y allí leo en el periódico dos noticias sobre mi querida Cataluña que ahondan el pesimismo en que me han sumido los herederos de la Revolución Cultural.

Una. El Sr. Trapero defiende que dijo al Sr. Puigdemont que no compartía el plan secesionista. Que cada vez más me recuerda al 23F, pero sin un Tejero que diga que sí, que lo hizo él y que creía en lo que hacía.

Sí, ya sé que la cárcel debe ser muy dura, ¿pero qué pensaban hace unos meses?

Dos. La Sra. Colau le quita el nombre de una calle al Almirante Cervera para dársela al Sr. Rubianes. Que no me parece mal que le den una calle a este último, pero que se la quiten al Sr. Cervera diciendo que fue un facha… Oye, que murió en 1909 y si la Sra. Colau lee algo de historia (que me temo que no lo hace dadas sus decisiones) tendría que cambiar muchos nombre del callejero. O sea, que va a reescribir la historia.

Espero que no haya ninguna calle en Barcelona que se llame Abraham, porque un personaje que estaba dispuesto a sacrificar a su hijo porque oía voces…Vaya, que muchos de los personajes de la Biblia estarían hoy en la cárcel. ¿Les quitaría la calle a todos?

Después del pequeño descanso nos vamos a ver la parte oeste de la famosa Nanjing Road y allí nos topamos con un gran establecimiento de Starbucks, el “Starbucks Reserve Roastery”. Tengo que reconocer que es la segunda vez que entro en un sitio de esta cadena en este país; la primera fue el otro día, también en Shanghái,  cuando fui incapaz de descifrar su carta.

Este de hoy es el mejor templo consumista que he visto en mi vida.

Si el mundo está condenado al desastre con esos rezadores matutinos, no te digo nada con estos adoradores del dios del consumo. Pero oye, que no estamos en Milán (o “Milan”, como la llaman los del fútbol) ni en Seattle, que estamos en China: una taza metálica, como esas de los vaqueros de la pelis del oeste cuesta 37€ y encima es tan delicada que debe lavarse a mano y no se pueden utilizar con bebidas calientes.

Hay montado en el interior del local una fábrica de tostado y envasado de café como las del comienzo del maquinismo, pero algo espectacular.

Total, que mal día para la esperanza.

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