26. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 31 de marzo, sábado. Duodécimo día de viaje. Hong Kong, día 11. Segunda parte.

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En el camino matutino nos hemos topado con un Bentley impresionante. Pero aparcado allí en la carretera. Y más tarde, en un bloque de apartamentos un Rolls Royce en los bajos del bloque.


En la parte superior de los jardines hay un magnífico mirador hasta donde llegamos solo unos pocos a pesar de que el camino es apenas de 20 0 30 minutos, claro que cuesta arriba.


Lo que más me ha sorprendido de este entorno es la cantidad de bosques que hay a pesar de la población de Hong Kong y de la escasez de su territorio. Y vuelvo a pensar en la oposición entre Benidorm y Pozuelo de Alarcón, por ejemplo. Porque si en esta ciudad se hubiesen dedicado a construir viviendas unifamiliares con piscina y jardín no quedaría ni un metro de espacio arbolado.

Esta zona privilegiada tiene una interesante historia.

No había ningún plan de desarrollo urbanístico hasta que en 1840 el director de sanidad (o algo así), Dr. Morrison, recomendó desarrollar un área residencial para combatir la disentería, la fiebres y el reumatismo que dada la humedad de la zona debía ser algo notable. Pero no le hicieron caso. Más tarde, los militares propusieron levantar aquí un sanatorio y así se hizo en 1862, construyendo para ello vías de acceso. Pero, veleidades de la diosa de la salud, los enfermos en lugar de mejorar empeoraban cuando los llevaban allí, así que los militares abandonaron el sanatorio. Claro que el gobernador de la colonia se fijó en su situación y pensó que sería un lugar formidable para una residencia de verano al estar a unos 500 metros de altitud, más o menos como Aranjuez, que a ti te parecerá poco, pero es que estamos en Hong Kong. Y así en 1867 el gobernador del momento compró el sanatorio y lo reformó como residencia. Desgraciadamente un tifón destruyó esa construcción que era de madera y aunque fue reconstruida de nuevo fue también destruida de nuevo por otro tifón.
Mientras tanto se habían construido nuevas vías de acceso y gente adinerada fueron construyendo villas residenciales en aquel entorno privilegiado.
Cuando en 1888 se inauguró el tranvía hubo un nuevo impulso de desarrollo del área y hasta se construyeron dos hoteles.
A comienzos del siglo XX se levantó una nueva residencia oficial que fue dañada durante la segunda guerra mundial y demolida al acabar esta.
Finalmente en su lugar se construyó lo que se conoce como el “Peak Garden”.

NB
La diosa de la salud griega era Higía, de donde “higiene”. La de la mitología romana era Salus, de donde el “Insalud”. Y los católicos lo tiene más diversificado: hay un santo para cada parte del organismo. O casi. Porque no creo que las glándulas suprarrenales tengan uno, como sí la garganta. O tampoco el epidídimo.

Encontramos una bonita rosa de los vientos en el suelo, que a pesar de ser metálica no ha intentado llevársela nadie, ni siquiera vandalizarla.


Regresamos con el “Peak Tram” y aunque hay también una gran cola mucho menos que para la subida.


Luego cogemos el metro y en la escalera mecánica una joven lleva una camiseta en cuya espalda pone “in utero”, ¿sabrá lo que significa?

Regresamos a nuestro barrio para la comida (casi cena) y Marisa está empeñada en comer pato. Ya sabes de esos que cuelgan en los escaparates de los restaurantes. Entramos en uno y no hay ni una palabra, ni una, en caracteres latinos. Le digo a la dueña que “duck” y me dice que no tiene. Le señalo los que cuelgan y lo busca en su teléfono para decirme que no es “pato” que es “goose”. Le digo, o intento decirle, que el “ganso” también nos va bien.

Ahora viene lo de saber cómo lo queremos. Le digo que como otro comensal que tiene un plato de ganso. Le pregunto por el precio, pues ya sabes que los chinos a veces tienen platos extraños que son exquisitos manjares y te pueden costar como un kilo de azafrán. Así que me escribe que 52. Pero entonces coge a otro comensal del que cree (equivocadamente) que habla inglés y me lo pone delante.Una conversación divertida y totalmente  infructuosa. Pero la gente quiere ayudar.

Ha sido muy curioso, porque el plato que costaba 52 tenía una gran ración de arroz blanco y trozos de pato (o algo parecido) por encima y un gran cuenco de sopa. Le digo que de acuerdo, que quiero eso pero sin arroz. Sorpresa: cuesta 150HK$. Y es que era un gran plato de “goose”, pero para dos. Y con dos sopas. Menos mal que no he pedido el doble.

Es curioso porque el cuenco de sopa, de medio litro, tenía además del caldo una especie de acelgas y dos patas de pollo. Pero patas. O sea la parte de los dedos. Los deben poner para que se vea que de verdad es caldo de pollo y no de Avecrem.
Una cena estupenda a pesar de la barrera idiomática. ¡Qué bien y qué fácil se debe comer en China cuando sabes chino!

Descanso breve en el hotel y volvemos de nuevo al muelle para ver el famoso espectáculo de luz y sonido que hoy está a reventar de personal.


Y no solamente cuando están las luces en marcha, es que aquello tiene un encanto especial. Para venir todos los días.
Además los falsos juncos con turistas que se pasean por la bahía le dan un ambiente muy exótico. Falso, pero exótico.


Después nos acercamos al “1881” donde vimos a Galatea y Pigmalión, pero era de día. Sigue siendo un sitio precioso, con tiendas de superlujo, pero por donde te puedes mover libremente.


“Nuestro barrio” y este “1881” son las dos caras de una moneda. El fuerte contraste entre los Rolls Royce y las viejecitas que recogen cartones.
¡Hong Kong es fascinante!


Y ya me olvidaba del “pero” del comienzo de la crónica: se me ha estropeado (“colgado”) el ordenador que llevo y que para mí es una pieza muy importante para organizar el viaje. Ya sé que normalmente desconectándolo de la corriente esos “cuelgues” se solucionan, pero es que este ejemplar tiene muy difícil acceso a la batería por lo que debo dejarlo encendida hasta que se agote.
Espero que mañana esté exhausto y pueda rearrancar el sistema.

Sobre las garras de pollo.
Tengo un conocido de un restaurante chino que me explicó que antes cuando compraban pollos les regalaban las patas pues era un producto que no quería nadie, pero que ahora con el aumento de la población china se los venden.
Y a raíz de eso leo en una revista avícola que las patas de pollo son un producto para la destrucción o para fabricar pienso para mascotas, pero que tiene una alta demanda en China donde es considerado una exquisitez y en el artículo les llama “garras de fénix”.

Y a propósito de lo anterior.
¿Estás preocupado por la forma en que viven y son sacrificados los pollos? ¿Compras huevos de esos que son más caros porque te dicen que las gallinas viven felizmente en el campo, rodeadas de sus amigas, comiendo solo lo que encuentran en el suelo?

NB
Ya ves que no tengo ninguna fotografía de pollos u otras volátiles comestibles, pero estos cormoranes de mi pueblo viven como te gustaría que viviesen las gallinas.

Si has contestado afirmativamente a las preguntas anteriores responde a la última: ¿Eres dueño de una mascota?


Pues ahora tendrás que investigar si en la comida que le das las garras de los pollos también proceden de ejemplares que cumplen todo lo anterior, a no ser que tengas dos varas de medir o que tu mascota se alimente como las gallinas de los huevos caros: comiendo lo que encuentra por la calle. Que también podría ser.

Ignorancia.

Antes de publicar esta crónica busco “in utero”, por si las flais.

¡Exacto! La ignorancia no era la de la joven hongkonesa sino mía: “in utero”, según Wikipedia “es el tercer y último álbum de estudio de la banda estadounidense de rock Nirvana”.

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