44. Corea 2017. 5 de abril, miércoles. Vigésimo cuarto día de viaje. De Gyeongju a Seúl.

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Hoy ha sido un día especial, de esos en los que no pasa nada, lo que no suele ser habitual en los viajes.
Nos vamos a ir de Gyeongju a Seúl y como en el hotel de esta ciudad no se puede entrar hasta las 3 de la tarde hemos decidido coger al autobús de las 12 y así poder visitar el “Gyeongju National Museum”, que es lo único que nos faltaba por ver de las cosas más interesantes.
Aunque en la oficina de turismo nos dijeron los autobuses que se podían coger para llegar hasta allí, ante la falta de información en caracteres latinos en la parada del autobús lo he vuelto a preguntar a un ciudadano y al subir se lo vuelvo a preguntar al conductor y no sé qué ha entendido de mi pregunta, pero ha pegado cuatro gritos. Y digo “ha” y no “me ha” porque luego he comprobado que les gritaba a todos. Así han subido una pareja de ancianitos, se han sentado, pero parece que no les gustaba el sitio y al ir a cambiarse el chófer les ha empezado a gritar, pero gritar, algo así como “¡que no se muevan, que se van a caer, que se queden quietos!” La pareja aterrorizada se ha quedado clavada. Y es que aquel señor gritón conducía a toda leche y pegaba tales acelerones y frenazos que la provecta pareja hubieran ido por los suelos. O por los aires.

Museo Nacional de Gyeongju.

La guía dice de él que “es el mejor museo de historia del país”. Y de nuevo es algo que me llenó de envidia.
Gyeongju tiene unos 250 mil habitantes, o sea como una ciudad del sur de Madrid o en Barcelona como Hospitalet. ¿Tú conoces alguna ciudad española de su tamaño con un museo así?
Aunque se creó como una rama dependiente del Museo Nacional de Seúl en 1945, el actual se construyó en 1975. Se compone de un edificio principal y tres anexos, uno de ellos dedicado a exposiciones temporales.


¿Y qué se viene a ver aquí? Pues el glorioso pasado de Silla, reino del que yo desconocía todo, pero que duró 1000 años (del 57 a. C. al 935 d. C.), con su capital en esta ciudad que en siglo VII tuvo un millón de habitantes. Y como en los museos japoneses aquí las piezas están expuestas con rigor y claridad y afortunadamente con información y etiquetado en inglés.
Y de nuevo vuelvo a sentir la falta de formación personal. ¿Por qué soy tan ignorante en todo lo que respecta al mundo no cristiano? Bueno, también en el mundo cristiano, pero por lo menos de este tengo un barniz; del resto ignorancia absoluta. Vaya, no es que me haya dado cuenta hoy al entrar en el museo, tipo “revelación damascena” (¡toma barniz cristiano!), es que hace años que me sorprendo de mi propia ignorancia.
¿Cuántos reinos perduraron en Europa durante mil años?

Los monarcas de Silla (en algunos sitios escrito Shilla) lograron la unificación de la península de Corea, conquistando los reinos vecinos de Goguryeo y Baekje en el siglo VII. Precisamente de este último había hoy una excelente exposición temporal.


Las piezas más famosas de este museo son la corona de oro encontrada en la tumba que visitamos el primer día, Geumgwanchong, y la campana del rey Seongdeok, llamada la “Campana Divina”, “Divine Bell of King Seongdeok”, pero su nombre original, para que no lo olvides nunca, es “Seongdeokdaewang-Sinjgong”. Te recomiendo este nombre para utilizarlo como contraseña en esas webs que piden que sean “robustas”. Prueba con “Seongdeokdaewang-Sinjgong” y verás como les encanta. Yo la tengo en Gmail y los de Google me han enviado una tarjeta de felicitación.


Dice un cartel informativo que su sonido “provoca las más profundas emociones”. Y la guía, que es una de las más grandes y más bonitas campanas hechas en Asia y que su sonido se puede oír en un radio de 3 km golpeándola simplemente con el puño; esto debe ser una leyenda pues está calzada encima de cuatro soportes.
Y todo esto en un entorno de cerezos y otros árboles floridos.
Y como corresponde a un buen museo de historia con muy pocos visitantes. Vaya, cuando hemos llegado éramos los únicos, pero luego han aparecido grupos de escolares y 3 ó 4 visitantes más.

Como siempre me sorprenden las prohibiciones: en este no se puede entrar con perros, y aunque la figura es la de un can, imagino que la explicación en coreano lo amplia al resto del mundo animal. Tampoco puedes ir en patín. Vaya, que hay que ser tonto del culo para entrar en un museo con ese artilugio, pero si lo ponen es que sí hay tontos de esa clase. (Véase a los patinadores del paseo de Recoletos de Madrid). Hay una botella barrada que quizás indique que no se puede beber, pero el que más me sorprende es una pistola también barrada. No sé lo restrictivos que serán en este país con las armas, pero me parece una exageración.


Ha sido una visita muy interesante tanto desde el punto de vista de nuestra formación personal como de la del goce estético.
Antes de marcharnos veo en el jardín a un grupo de escolares de 12 a 15 años ensayando unos pasos de baile. Son chicos y chicas uniformados y muy elegantes. Todos tienen cara de empollones, quizás es de un colegio de superdotados, pero ninguno se ganará la vida con su cuerpo, como no sea vendiendo sus órganos, pues no he visto a gente más patosa.
Para compensar lo de los niños ricos veo en un banco a dos abuelos y a una abuela con unas largas pinzas metálicas con las que recogen papeles y otros restos, pero ahora están descansando. Este tipo de trabajo, como los de jardín, siempre suele hacerlo gente muy mayor.


Volvemos al centro y vamos a cambiar dinero. Es que me quedaban el equivalente a unos 40€ y atravesar el país con tan poco dinero era un poco arriesgado.
Estos bancos siempre me sorprenden: en uno vendían tomates, en otro había una máquina de gimnasia, pues en este hay un aparato para tomarte la tensión mientras esperas. Quizás en España sería también conveniente y así cuando fueses a ver la subida de la pensión ya irías preparado y no te daría el famoso “soponcio Báñez”.
Hoy además había un montón de paquetes, entre ellos de papel higiénico, pero no lo he preguntado porque el bancario apenas hablaba inglés.
El autobús que nos llevará de Gyeongju a Seúl es de los de 2+1, o sea un lujo en el que viajas como en la clase “business” de los aviones, pero sin champán. Ya expliqué el otro día sobre su confortabilidad. Marisa ha dormido mal esta noche y en este viaje se ha pegado un sueño como nunca.
El autobús tiene solo 28 plazas a pesar de lo grande que es y hoy viajamos solo 10 pasajeros. El recorrido dura 4 horas, todas por autopista y solo ha parado 10 minutos a la hora y media de salir.


Atravesamos el país de sureste a noroeste y casi todo el paisaje es montañoso y cubierto de bosques. En los valles todo cultivado; ni un espacio yermo.
En el recorrido muchos túneles y una hora antes de llegar aparece la lluvia que no nos dejará en todo el recorrido, ni en Seúl.
Aprovecho para leer sobre Seúl en la guía. Empieza ese capítulo con un “¿Por qué ir?”. Pues un de las razones es el “merrymaking” y en mi ignorancia confundo el “marry” con el “merry” y pensaba que era un buen sitio para casarse. Hombre, es más fácil encontrar pareja en una ciudad de más de 25 millones de habitantes que en Villarluengo, precioso pueblo de Teruel, pero que solo tiene 200 habitantes.
Delante de nosotros en el autobús van dos señoras de media edad y se han comprado una botella de agua de medio litro y la comparten. Lo curioso es que para mantener la higiene cada una bebe con su cañita que luego guarda cuidadosamente en su funda de plástico.
¿Harían eso dos amigas en España?
En Seúl estamos en un hotel de “nuestra” cadena japonesa, lo que significa entre otras cosas conexión del ordenador a la red directamente en la habitación.
Leo el periódico y hay una noticia inquietante y otra que debería ser sorprendente pero que no lo es.
La inquietante: el jefe de Corea del Norte acaba de lanzar otro misil que ha caído en el mar de Japón y el jefe americano les ha dicho a los chinos que si ellos no hacen nada para pararlo que lo hará el solo.
La noticia que debería ser sorprendente pero que no lo es: uno de los jefes de Podemos pide que no se venda Cocacola en el Senado y lo cazan con dos botellas de esa marca en su bandeja de la comida. O de la merienda, que en el senado también deben merendar. Pues a eso se le llama ser consecuente.
Bueno, un lío. Porque en este hotel te ponen dos botellas de agua en la nevera y son de una marca que no logro entender, pero que pone que es “a product of The Coca Cola Company”.
¿Si fuese un dirigente de Podemos me las podría beber?
¿Y si no me viese nadie más que mi conciencia?
Esperemos que mañana deje de llover.

PD
Sobre los museos “provinciales”.
Quizás he exagerado pues pienso en el de Mérida, por ejemplo, que es algo impresionante.

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