43. Corea 2017. 4 de abril, martes. Vigésimo tercer día de viaje. Gyeongju. Segunda parte.

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Seguimos con el “Gyeonju’s Official City Tour” y la siguiente visita es al palacio Donggung y al estanque Wolji, también llamado estanque Anapji, pues esta palabra significa “estanque con gansos y patos”, dado que ambas aves acostumbraban a reposar aquí. Y tenían suerte de que los reyes de Silla y más tarde los de la dinastía Joseon no invitaban a los Borbones, porque si no se hubiese quedado con el nombre original: Wolji.


Los edificios el palacio ardieron en el año 935 y sus restos acabaron en el estanque lo que fue una suerte, pues en el año 1975 se drenó y aparecieron gran cantidad de esos restos que ahora están en el museo de Gyeongju.
Lo que queda es un agradable jardín y un bonito estanque.


En uno de los paseos veo un montón de aquellos artefactos que me parecieron fiambreras y luego resultaron ser asientos de las jardineras. Imagino que estarán descansando sus propietarias pues encima de cada una de ellas hay guantes y herramientas.


Muy cerca hay un bonito parque con cerezos floridos y un observatorio astronómico, al que la guía define como “astrológico”, y que parece ser el más antiguo de esta parte de Asia, dado que data del siglo VII.


Vemos unos extraños arbolitos de brillantes colores y al acercarnos a ellos descubrimos que son de plástico y que allí el personal cuelga sus deseos y peticiones.


Aparece una señora a la carrera y nos lleva a una carpa donde nos da una cartulina a cada uno para que la rellenemos y luego nos acompaña a un árbol para que las colguemos. Ha sido un bonito gesto que nosotros hemos aprovechado para felicitar a nuestra nieta que hoy cumple siete años.


Y aquello no es el “hanami” japonés, pero sí hay alguna familia comiendo sentados por el suelo del parque debajo de los cerezos, pues hoy hace un día estupendo. ¡Qué suerte con la climatología: hoy sol y calorcito primaveral!


El siguiente lugar del periplo ha sido una decepción.
Los sitios anteriores estaban más o menos cerca de la ciudad, pero este, Seokguram, está lejos y además de difícil acceso para nosotros con transporte público, así que hicimos en gran parte esta excursión para visitar este lugar.
El autobús te deja en un aparcamiento y desde allí en medio kilómetro de una buena pista llegas a la cueva de Seokguram. Esta fue construida en el siglo VII y encierra una escultura de Buda que es uno de los motivos para hacer esta excursión y ahí viene la decepción: está protegida por un gran vidrio y no te puedes acercar a ella, ni verla con comodidad.
Un letrero antes de entrar te informa de que representa la supremacía del arte de Silla y uno de los mejores trabajos del budismo oriental. Pues lo será, pero a mí que no me pregunten.


En el exterior cientos de farolillos de colores alegran nuestra vista compensándola de la decepción de la visita. ¡Ah!, y está declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.


En la entrada del recinto una bonita puerta y un pequeño mercadillo donde venden productos vegetales, con abundancia de raíces y cortezas lo que me hace sospechar de algo tipo medicina tradicional.


Desde allí nos vamos a la última visita, el templo de Bulguksa.
La guía lo define como “el esplendor de la coronación del arte de Silla” y como el anterior está incluido en la lista de patrimonio de la humanidad de la Unesco.
Y reamente es un sitio precioso.


Te empiezan a sorprender las figuras de los guardianes de la entrada y luego los dos pares de escaleras combinadas que te llevan a la puerta de Jahamun y a la de Anyangmun. Una maravilla arquitectónica.


Dentro de nuevo farolillos colgados de los techos, pero que aquí tienen letreros que imagino que serán peticiones, o quizás el nombre del donante.


Unas simpáticas señoras nos piden que las fotografiemos con sus teléfonos, lo que aprovechamos, con su permiso, para hacer nuestras propias tomas. Todas van vestidas igual con un niqui que pone “Iridescent”. No sé a qué les sonará esa palabra en coreano.


Hay un par de esculturas doradas de Buda notables. Una de ellas está situada en el recinto llamado Birojeon y se llama “Geum-dong-Bi-ro-ja-na-bul-Jwa-sang”, que significa “Estatua de Buda sentado de bronce dorado del templo de Bulguksa”. Si ves el nombre sin guiones, como a veces aparece, “geumdongbirojanabuljwasang”, ya comprobarás que también es muy útil para palabra clave de “tipo robusta” para tus cuentas de correo.


Esta figura de Buda, Vairocana, personifica la verdad, la sabiduría y el poder cósmico, sea lo que sea esto último, que no lo tengo muy claro.
La otra figura es la de Avalokitesvara, el bodhisattva de la “Perfecta Compasión”. También se le conoce como “Aquel que oye las lamentaciones del mundo”. Bueno, quizás en lugar de “lamentaciones” serán “las peticiones”, que no estoy seguro.


Hay un lugar del recinto que está lleno de montoncitos de piedras. Una vez leí que era una mala costumbre pues alterabas la vida de muchos seres, vegetales y animales, que habitaban debajo de esas piedras. Esta sensata doctrina conservacionista no ha llegado a los oídos de los fieles budistas coreanos. Además, si lo piensas un poco no deja de ser una gansada quitar una piedra del suelo y colocarla encima de otra sin ningún fin como sería, por ejemplo, en los mojones o los hitos para indicar un camino.


Aquí lo tienen de una forma tan artística que parece un belén troglodita.
Otro descubrimiento es el nombre de un arbolito ornamental que hemos encontrado muchas veces en este viaje y que aunque ahora no tiene flores su corteza es singular. Ha resultado ser el “Chaenomeles sinensis”, parece que relacionado con el membrillo.


Nos despedimos de este precioso conjunto de Bulguksa con una vista del puente que hay en la entrada.


Regresamos a la ciudad y para acabar regresamos a las tumbas de Noseo-dong que ayer vimos rápidamente por la noche.
Son un conjunto de tumbas impresionante y muy bien mantenidas, ellas y todo el entorno. Paseamos, las fotografiamos y nos vamos a cenar por allí cerca.
Una cena copiosa, pues una vez más hemos cambiado la fotografía por la comida del mediodía.
Después de la cena, ya de noche, paseo entre ese conjunto de tumbas preciosamente iluminadas.


Cerca del hotel un ingenioso artilugio del turismo municipal: te colocas delante de una enorme pantalla, escribes tu dirección de correo y te hacen una fotografía que te envían a esa dirección con los recuerdos de la ciudad.
Llegando al hotel me percato de la cantidad de hoteles que hay en aquel entorno de las estaciones de autobuses, todos con rutilantes iluminaciones y sugerentes nombres.

PS
Cuando veo las fotografías descubro que los árboles que podaban por la mañana en los jardines de la tumba del rey Taejong Muyeol eran de la especie que he descubierto esta tarde, “Chaenomeles sinensis”, y del que desconozco el nombre común pues lo único que he encontrado ha sido en inglés donde le llaman “membrillo de flor”.
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