35. Corea 2017. 1 de abril, sábado. Vigésimo día de viaje. Busán. Día 3. Primera parte.

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Hoy hay una avalancha de ruidosas familias chinas en el comedor. Me los imagino de clase media para los que venir a Corea debe ser como un paseo.
En el desayuno no he visto al gordo de ayer. Es que me tiene intrigado. Quizás se haya percatado de que su volumen no encaja en el tamaño de la habitación y se marchó después de desayunar.
En el ascensor coincidimos con una familia china y le voy a hacer una observación a Marisa pero me detengo en seco al pensar que igual han estado trabajando en Cobo Calleja y me entienden. En todo caso si hago algún comentario será agradable, del tipo de “fíjate qué grácil figura tiene este jovencito chino”, en lugar de “mira este jodido joven qué aspecto de borrico tiene”.
Ante la posibilidad de lluvia hemos decidido ir a ver un centro comercial, pero no a uno cualquiera, a “Shinsegae”.
Hasta ahora todos los viajes los hemos hecho en la línea 1 del metro, pero hoy cogeremos la 2 que tiene la particularidad que más que curiosa es cabrona: un extremo de la línea se llama “Yangsan” y el otro “Jangsan”. Y ya sabéis que en muchos idiomas orientales al hacer la transliteración de sus sonidos originales a la jota, esta tiene un sonido parecido a la i griega.
Dentro del metro buscamos la línea 2 y un “informador” nos ve dudando y viene en nuestra ayuda. Le pido que pronuncie los nombres las dos cabeceras de línea por si yo tengo que preguntar. Lo hace y le digo que es lo mismo: “Totalmente diferente, sir”. Y es que a mí, cuando me llaman “sir”, cosa que era frecuente en la India, ya me tienen ganada la voluntad. Así que no he querido sacarle de su error y cuando buscamos, a la ida ya a la vuelta, la dirección nos decimos Marisa y yo: “Yangsan con i griega” o “Yangsan con jota”.
Lo dicho al principio: creo que ha sido una cabronada del jefe de nomenclatura de las estaciones.
Se nota que no es día laborable pues ya vemos niños en el metro. Lo que no se ven son sillitas de bebés. Debe ser que con unas estaciones de metro solo con escaleras normales los papás evitan este medio de transporte, o sea la sillita. Porque podrías buscar salidas con ascensor, que la hay, pero en algunas estaciones, como la nuestra es obligatorio utilizar los pasos subterráneos, o sea las escaleras, para pasar de una calle a la otra al no haber pasos de superficie para peatones.
En los vagones del metro como siempre: todos o duermen o tienen un teléfono en la mano al que miran con arrobo o teclean con cariño.
El centro comercial lo abren a la 10 y nosotros llegamos sobre las 10 y media y lo primero que nos sorprende es que estemos solos o casi delante de aquel edificio, porque resulta que “Shinsegae Centum City” es el gran almacén más grande del mundo. Como nuestra guía es para anglosajones dice que es más que el Macy’s de Nueva York. A mí me lo tendrían que comparar con El Corte Inglés. Solo la fachada ya es algo impresionante.


Descubrimos allí cerca un “Trump World Center” y también en aquel entorno algunos otros edificios notables como un auditórium y grandísimos rascacielos.


Sus casi 300 mil metros cuadrados fueron construidos en el 2009 y se distribuyen en 14 plantas sobre el suelo y 4 subterráneas, dos de ellas de aparcamientos, o sea 18 en el edifico principal, que por cierto solo abre viernes, sábados y domingos y fiestas de guardar, mientras que el “Centum City Hall”, anexo de solo 7 plantas aéreas y 5 subterráneas, abre todo el año.


Entre otras cosas tiene salas de cine y una pista de patinaje sobre hielo que utilizan los niños.


Cuando entras lo primero que te encuentras es la planta dedicada a cosméticos y firmas de lujo. Y aquello es la leche. Encima hay un patio precioso con unos adornos que cuelgan del techo que debe ser la planta 12 ó 13.


Marisa ha hecho un montón de fotografías pues en aquella primera hora apenas había nadie. Lo que ha ocurrido es que cuando hemos pasado de un edificio a otro hemos descubierto, con pesar, en la puerta de comunicación, un pequeño letrero que decía que estaba prohibido hacer fotografías. Pero es que nadie nos ha dicho nada.


Y he visto cosas tan curiosas como que a las 10 y media de la mañana para entrar en la tienda de Chanel ya había cola. Otra que las jóvenes dependientas solían llevar zapatillas deportivas como el 90% de los coreanos. Solo el 10% llevan zapatos de tacón y el 0%, o sea nadie, zapatos normales.


También que la palabra inglesa “rink” significa “pista de hielo”, con lo que “ice rink” es un pleonasmo. Te dejo la frase para tu clase inglés o tu (intento) de ligue en la playa: “Ice rink is a beautiful pleonasm”.
Hay una pequeña oficina de cambio, pero no te la recomiendo: peor que en el aeropuerto, que ya es decir.
Y hoy creo que anuncian a nivel mundial el Galaxy S8, pues hay gran alboroto en el stand de Samsung.
Vamos a la librería y me llena de envidia y me produce una gran sorpresa. Como he escrito otras veces, ni en la calle, ni en los transportes públicos nadie lee en papel. Vaya, ayer vimos a una vendedora de pescado en el mercado leyendo un periódico, pero ha sido una excepción. Sin embargo la librería de este centro comercial estaba llena de libros y de gente. Y además sin arcos detectores en la salida. ¿Es que aquí todos son honrados? ¿Hasta los rateros de librerías?
En esa tienda encuentro las inevitables libretas de Moleskine. Un atraco. ¿Hay alguien que compre una libretita de esas por 17€? Pues los debe haber.
Al mediodía aquello hierve de gente y hay un montón de opciones para comer.
Descubrimos que la que más nos apetece puede ser un problema para nosotros por el idioma y elegimos lo más fácil.
En un paso de comunicación con otros grandes almacenes, Lotte, una reproducción de la fuente de Trevi. Una locura.


A mitad de la tarde dejamos aquel lugar de consumo y despilfarro y nos vamos a visitar el cementerio de los soldados de la Naciones Unidas que murieron en la guerra de Corea.

PD
Hoy hemos visitado la sección de alimentación de unos grandes almacenes, pero no de los de más arriba, de unos más normales.
En el apartado vinos busco los españoles, pues hay italianos, franceses, norteamericanos, chilenos, australianos y hasta portugueses, pero el único vino español que encuentro es una botella de sangría. ¡Qué vergüenza!
Sí localizo cerveza Estrella de medio litro a 2500 ₩, algo más de 2€ y San Miguel (de Hong Kong) también a 2500₩.
Y precios de frutas: un aguacate mediano 2990₩ (aquí también toman por tontos a los compradores con esos “2990”), unos 2,5€, un limón pequeño 890₩, 70 céntimos de euro y seis naranjas de tamaño medio, que imagino buenísimas, 7€.
Si eres frugívoro, estás perdido.

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2 comentarios to “35. Corea 2017. 1 de abril, sábado. Vigésimo día de viaje. Busán. Día 3. Primera parte.”

  1. Mercedes (Tivoli) Says:

    ¡Ay Ángel! Yo llevo siempre en el bolso una Moleskine negra. Me sirve de agenda y para apuntar mis chorradas….

    • Angel de Corea Says:

      Y yo que siempre había pensado que eras una chica sensata, querida Mercedes…Ya veo que tu lado frívolo se decanta por esa maldita libretita en lugar de por un bolso de Loewe.
      Un beso

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