8. Corea 2017. 17 de marzo, viernes. Quinto día de viaje. Jeonju. Primera parte.

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Último desayuno en el hotel con una novedad: huevos duros de codorniz. ¡Qué cosas tienen estos coreanos!
Durante el desayuno no cejo en mi interés de ver como se comportan los otros huéspedes para evitar yo cualquier falta de educación y de buenas maneras. Al fin compruebo que la manzana cortada, pero con piel, en forma de cuña esférica, vaya de gajos, y que se resbala al intentar cogerla con los palillos, lo que suelen hacer es hincar uno de ellos dentro del trozo de manzana. Pero los huevos duros enanos no he logrado ver como lo hacían porque también es algo difícil. De todas las maneras estos palillos de plástico de este hotel son mucho más manejables que los habituales de acero inoxidable de los restaurantes.
Hoy nos vamos de Seúl a Jeonju, nuestra próxima etapa. Afortunadamente me enteré ayer por la noche a través de una información de internet de como llegar a la estación de autobuses. Te informo para cuando vengas a este país: suele haber dos tipos de estaciones de autobuses, por lo menos en las grandes ciudades: “Express Bus Terminal” e “Intercity Bus Terminal”. Los autobuses de la primera van directamente de un (gran) ciudad a otra sin paradas intermedias, excepto las obligatorias (creo que cada dos horas) para el pipí (y quizás también para descansar el conductor); en la segunda sus autobuses van a ciudades más pequeñas o si van a las grandes tiene paradas intermedias. Además, en las primeras, hay vehículos “Premium” y “Regular”. Además tienes que tener en cuenta cual de las dos te va mejor al salir y al llegar a tu destino. Pues bien, en Seúl hay dos estaciones de estas características que van a nuestro destino, Jeonju. Al ser un viaje largo vamos a la “Express Bus Terminal”. Llegamos hasta allí con el metro, con transbordo incluido. Este metro, el de Seúl, es más sencillo que el de Tokio, pero con muchas menos explicaciones y además he descubierto que no hay ni un empleado al que preguntar, aunque quizás es que hemos viajado a la hora del cafelito matutino. Pero es algo sorprendente y que da un poco de miedo. Además en las líneas y estaciones por la que hemos viajado no había demasiadas escaleras mecánicas. ¿Qué harán los inválidos? Porque también he descubierto que en los pasos cebra de las calles, los coches no suelen respetarlos y que no tienen las aceras rebajadas para facilitar el paso de las sillas de ruedas.
Pero llegas a la “Express Bus Terminal”, que así se llama la parada del metro, y esperas encontrarte un letrero como el de la “Estación Sur de Autobuses” en la línea 6 del metro de Madrid. Pues no, te indican todas las salidas hacia muchos sitios pero nada de autobuses. Por lo menos con caracteres latinos. Afortunadamente en la información que encontré ayer decía que debes seguir la indicación de “Honan Line Terminal” y también “Central City”. Lo que pasa es que en cuanto sales del torno del metro te encuentras en una especie de Atlántida (también sumergida): una ciudad subterránea con galerías comerciales sin fin. Y tú buscando ese par de letreros. Al final apareces en una gran sala con tres ventanillas de venta de billetes. No sé si habrá otras salas semejante pero dado lo que tienes que andar para llegar hasta allí es bastante sorprendente.

Los autobuses para Jeonju salen cada 10 minutos y también me sorprende esa frecuencia dado que tardan 2 horas y 40 minutos.
“¿Puedo pagar con tarjeta?”. “Sí”. Pues después de varios intentos no me ha admitido ninguna de las que llevamos. Creo que ha sido por falta de interés de la señorita expendedora pues parece que tenía que llamar por teléfono para confirmar algo y ha optado por el camino más fácil: pago en efectivo. Y si esto ocurre en todo el país me obligará a recomponer mi presupuesto.
Con el lío de las tarjetas hemos cogido un autobús “regular”. No está nada mal aunque no es demasiado confortable, pero la anchura para las piernas es ostensiblemente mayor que en España. Además es autopista todo el recorrido y muy concurrida a pesar de que durante más de 100 km es de 5 carriles Y el bus va a toda leche.
El paisaje no ha sido interesante: suaves colinas boscosas, campos cultivados pero todavía sin nada y a veces algunas instalaciones agrícolas con plásticos. Y como además las autopistas evitan las ciudades es el medio mejor, después del avión, para no enterarte de nada. Y encima gran parte del recorrido tiene pantallas (¿acústicas?) muy altas, así que estamos en Corea pero podríamos estar en cualquier otra parte.


Breve parada de 15 minutos para ir al servicio. En ese lugar hay un montón de puestecitos de comida rápida y me encuentro uno de “mini churros”, que eran eso, churros pequeñitos.


En la concurrida carretera van muchísimos autobuses que paran en el mismo sitio, así que tienes 30 vehículos para elegir cuando regresas y todos con la información en coreano: apúntate la matrícula pues el conductor es muy puntual y los pasajeros más.


Otra particularidad de la circulación por carretera: ni una moto. Pero ni una.
La estación de autobuses de Jeonju está a unos 2 km del centro, donde está nuestro hotel, y además no está nada claro como llegar con el autobús urbano hasta allí. Así que rompiendo mis principios cogemos un taxi. La sorpresa es que el conductor no conoce el hotel, ni es capaz de entender el mapa con la información que tengo. Así que acude a su navegador pero antes de que subamos. Eso indica el grado de honradez del personal. En la India te dirían que subieses y luego el conductor iría preguntando por el camino y al final te dejaría donde se le ocurriera. No sé en España que hacen.
Creo que dentro de unos años, quizás mis bisnietos, o antes, no sepan como se coge un libro, ni pasar las páginas, ni los taxistas entender un mapa de papel. Y eso que este hotel es de la cadena del turismo nacional.
La otra sorpresa ha sido el precio. No sé si será así en todo el país o solo en esta ciudad: 4000₩ la carrera, unos 3,5€. Otra, también agradable, es que se puede pagar con la tarjeta monedero “T Money Card”.
En el hotel otra pequeña sorpresa: a diferencia del de Seúl, la joven recepcionista de este apenas habla inglés. Le pregunto por el horario de autobuses a nuestro nuevo destino (que sale esta vez de la “Intercity Bus terminal”) y las pasa canutas para darme un par de datos. Cuando regresemos al hotel al final de la tarde el nuevo recepcionista me da un folio con todos los horarios, así que sí se había interesado en la pregunta.
Hemos pedido una habitación tipo coreano, “ondol”, y descubrimos luego que ha sido un error habiendo podido elegir una de tipo occidental. O sea normal.
Es una gran habitación con suelo de madera que tiene la calefacción por debajo de él, con muebles clásicos coreanos pero sin cama y ni una silla: un par de colchonetas y un par de edredones cuidadosamente enrollados. Y como estamos en Corea con una tele de 48”. Y no es que la habitación sea muy grande (14 m² más 4 de baño) pero es que sin muebles parece mucho mayor.
Otra particularidad de este alojamiento: el inodoro tiene la posibilidad de “autolavado”, pero a diferencia del hotel de Seúl, que es igual a los japoneses, en este los tres botones del mando solo están en coreano pero sin dibujos explicativos. Así que ni idea de su utilización. Y no es cuestión de pedirle a la recepcionista que te lo explique por señas, así que lo compruebo en plan científico, o sea sin estar sentado; menos mal que no tenía la cara en el ángulo de tiro porque apareció un tubo y de allí surgió un chorro con tanta fuerza que mojó todo el espejo del lavabo. Y es que debía tener puesto el botón de “potencia máxima”. Vaya, era tan fuerte que casi podría haber emasculado a un cristiano.
Ya era la hora de comer y nos dirigimos a un restaurante recomendado por la guía. Imagínate que Jeonju es famosa en todo el país porque fue el lugar del nacimiento de la dinastía Joseon (1392-1910) y también del “bibimbap”, el plato nacional coreano, algo así como la paella. Pues bien, este restaurante tiene fama de hacer el mejor bibimbap de la ciudad. Un acierto.


Parece ser que aquí se comenzó a cocinar este plato en 1952 y se sigue haciendo después de tres generaciones. Lo mejor es la salsa de soja que se mantiene en recipientes de cerámica desde hace más de 60 años. Algún presidente del país ha pasado por aquí, así como el fundador de Samsung. Finalmente la guía Michelin de Corea de 2011 lo consideró como el mejor restaurante de bibimbap del país.


Y un pequeño detalle adicional: hay una máquina de café junto a la puerta para que al salir te cojas uno y te lo vayas tomando durante el paseo que te darás luego. Porque aquí el personal no hace sobremesa: se come y a otra cosa mariposa.
El único problema fue encontrar el sitio pues a pesar de estar al lado de la zona histórica no había forma de encontrar a nadie que nos entendiese o que lo conociese, pues es una ciudad con muchos turistas que, como tú, acaban de llegar. Al final un atento joven con un buen inglés nos llevó hasta allí. Nos contó que tenía mucho interés en visitar España pues quería ser cocinero. O quizás ya lo era, pues mi manejo de los tiempos de los verbos es bastante deficiente.

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