Cuando un amigo se va (de Podemos).

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He leído con atención el artículo de Luis Alegre del pasado domingo, publicado en eldiario.es. Ha provocado muchísimos comentarios porque explica lo que está pasando en Podemos. Lo explica tan mal que da pena leerlo. Si no fuera porque el mismísimo P.I., su jefa de gabinete y mi amiga Carmen coinciden en que es uno de los filósofos más importantes de España (suponiendo por un momento que exista España) no me habría molestado en escribir, pero siendo tan importante hay que señalar algúnos aspectos de su lógica discursiva.

A mi gusto comienza mal, como futurólogo que quiere salvarse de la quema, cuando, si es cierto que es uno de los cinco promotores de Podemos, ha debido tener muchas ocasiones de decir lo que tenía que decir, de hacer lo que tenía que hacer y de evitar lo que tenía que evitar; si no, que hubiese llamado a Monedero que, desde fuera, tiene respuestas para todo.

El párrafo de la mosca, la suegra y el crimen debe estar dirigido al Círculo de la drosophila porque resulta cariñosamente críptico.

Después, en el meollo del artículo afirma que hay una camarilla en torno a P.I. que entró en Podemos tarde y mal con la intención de excluir a todos los que no formaran parte de su pandilla. Menciona tres nombres y debe saber lo que dice aunque él no haya podido evitar su mala influencia sobre el líder. Por lo que cuenta parece que no entraron tan mal y que llegaron no tarde sino muy a tiempo porque están en el centro de la pomada. No advierte que su alarma dibuja a P.I. casi como desvalido, incapaz de apreciar la mala fe de los cortesanos hacia su figura y su partido.
Continúa con un giro sorprendente porque dice que va a votar a Pablo y a todas las listas en las que figure. Ejemplo de lealtad que no tienen ni han tenido con él y ejemplo también a mi parecer de conducta poco eficiente pues de ser cierto lo que dice van a fagocitar al líder en la cima de su poder con lo que les será más fácil a los conspiradores hacerse con lo que quede del partido.
Por último lamenta la exclusión de mucha buena “gente” a quienes cita con sus nombres (no sé si los dirigentes son también “gente” o son más “diris”) y afirma su voluntad de dedicarse a su oficio después de una temporada ilusionante en la que no ha querido percibir ninguna remuneración por ejercer en Podemos, lo que creo que le honra.

Al conjunto del artículo le veo dos objeciones muy importantes:

a) P.I. sale inmaculado del relato, incomprensible y tontito, pero inmaculado.

b) Alegre habla de “lógica de persecución del enemigo interno que recuerda a las peores tradiciones de la izquierda”, pero dice que esas son las “peores” no las habituales. Sin embargo en otro momento habla de los “cortesanos” y otros como pertenecientes a partidos del siglo XX, supongo que no del XXI como Podemos y claro es que tampoco del PSOE que nace en el siglo XIX. Es un comentario un tanto amnésico de conductas tales como el llanto emocionado de P.I. ante Anguita, político del XX donde los haya y símbolo de un partido en el que ningun relevo de sus líderes en muchas décadas puede considerarse normal. No se si el otro partido del siglo XX que señala Alegre podría ser el de los “Anticapis” que ha sido muy potenciado dentro de Podemos como si en las ocasiones en las que se han presentado a elecciones ellos solos no hubieran sacado cerocoma.

Ignoro si, por la fecha de su artículo, Alegre conocía el presunto “ofrecimiento” de la Alcaldía de Madrid a Errejón por los pablistas que opinan que sería un excelente alcalde cuando Carmena acabe su mandato. Es como si los pablistas creyesen que Errejón es excelente en todo excepto en lo que hace ahora. Si ese ofrecimiento fuese cierto implicaría una soberbia desmedida y un error de cálculo grave porque da por hecho que esa alcaldía es suya, sin atribuir a la pachamama Carmena el papel esencial que le corresponde y que  ni Errejon ni nadie de su generación sin un aura ganada fuera de la política podrá reproducir.

Y este hecho me suscita un tema colateral, pero importantísimo. El de la responsabilidad de todas las personas que tienen un  prestigio propio (Carmena, Jiménez Villarejo, Alegre…) y que lo prestan para dar trabajo y curriculo inmerecidos a personas que no los merecen en este mundo electoral de listas cerradísimas.

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