47. Japón 2016. 31 de marzo, jueves. Trigésimo primer día de viaje. Tokio. Día 9.

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Hoy empezamos nuestro día de turistas visitando el Tokyo Metropolitan Government Building, Tōkyō Tochō, o “Edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio”, complejo de edificios que contiene la sede del Gobierno de Tokio. Resulta que es el único rascacielos al que se puede acceder a un mirador de forma gratuita. No es el más alto de la ciudad pero no está mal: el piso 45.


El edificio principal tiene una altura de 243 metros estando el observatorio a 202 metros sobre el nivel del suelo. Fue diseñado por Tange Kenzō, uno de los más importantes arquitectos japoneses, influenciado por Le Courbussier, y que formó parte de un grupo o tendencia llamada “Metabolismo”, extraño nombre para una escuela de arquitectura.
Un cartel en la entrada te informa de que a pesar de la poca superficie de la base en relación a la altura está construida con un tipo especial de estructura que la hace muy segura frente a terremotos.
Breve control de bolsas y de forma ordenada (estamos en Japón) cogemos el ascensor que te lleva ese estupendo mirador. Hay dos accesos, el norte y el sur. Este último tiene mayor visión, pues ambos tienen una cafetería que en el sur está situada en el centro de la planta lo que deja libre todas las ventanas pero la norte la tiene situada en un lateral. De todas maneras si tienes tiempo merece la pena acceder a ambos.


La vista es espectacular aunque hoy el día no sea especialmente claro. En algunos jardines al pie de la torre se ven plásticos azules extendidos en el suelo esperando, creo, a que se celebre el hanami.
Además de muchos japoneses hay bastantes occidentales pero ya no se oye hablar tanto castellano como estos días pasados; imagino que como se ha acabado la Semana Santa el personal ha regresado al trabajo. Solo hay un occidental con pantalón corto. ¿Te imaginas el porqué? Pues claro: lleva un enorme tatuaje en su pantorrilla.
El ascensor tiene una botonera muy pequeña para tantos pisos: solo el 1, donde se coge, el 2, donde para al bajar, y el 45 donde está el mirador.
Imagínate la frustración del vendedor de botoneras del ascensor pensando en el negocio:
-“Quiero dos botoneras para ascensor.
-¿De cuántas alturas estamos hablando?”
-De 45.
-¿45?
-Sí pero solo con tres botones”.

Información práctica.
Las horas de apertura son para la torre sur de 9:30 a 5:50 pero para la norte son de 9:30 a 11 de la noche. Y el ascensor se toma en el primer piso (donde está el control de bolsos) y se desciende en el segundo piso.
Hay un servicio de guías gratuito en inglés de 10 a 3 de la tarde. (Y les encanta explicártelo).
En la planta baja un letrero advierte:
“En caso de terremoto tenga cuidado con los objetos que puedan venir rodando o que caigan de arriba”.
Que preocupa el aviso.

En la planta baja hay un puesto de información con dos voluntarias. Les pregunto por un edificio cercano al que queremos ir. Coge un mapa y sale con nosotros a la calle para enseñarnos qué edificio es y cómo llegar hasta allí. Como es una torre descomunal de las que hay varias en este entorno no veo ningún problema en encontrar el acceso. Cuando hemos andado unos 100 metros viene la voluntaria informadora a la carrera: nos había dado el plano en japonés y ha encontrado uno en inglés. Es que son la leche.


Así llegamos al Shinjuku I-land recomendado por la guía por un par de esculturas que tiene, aunque podría haber recomendado cualquier otro de ese lugar como el notable “Cocoon Tower”, que como su nombre indica es un rascacielos en forma de capullo. Aquí no como un insulto sino con la primera acepción del DRAE: “Envoltura de forma oval dentro de la cual se encierra, hilando su baba, el gusano de seda para transformarse en crisálida”. Aunque bien mirado también podría ser su séptima acepción: “prepucio”.


Comemos en un restaurante que dice que ofrece verdadera cocina china. No sé si sería china, china, pero estaba muy bien y con una relación calidad/precio increíble. Toda la zona estaba llena de restaurantes repletos de los oficinistas de aquellas torres. En este además venden comida preparada que el personal se come por allí fuera y encima tiene un microondas en la calle para el que quiera calentarse la comida.
Después nos vamos a Rikugi-en del que la guía dice que es el jardín más bonito de Tokio. Yo diría que sí, que es muy bonito, aunque si lo consideramos dentro de este periodo de la sakura hay otros que por lo menos son más espectaculares.

Rikugien.
Este jardín fue construido en 1702 por el señor feudal de Kawagoe, Yanagisawa Yoshiyasu. La característica más importante es que su diseño está inspirado en la poseía waka. Y tú te preguntarás que tipo de composición es esta. Pues, como yo, vas a la web y obtienes 29 millones 500 mil resultados, siendo el primero de…. ¿poesía? Pues no: “Waka Waka (Esto es Africa) (Cancion Oficial de la Copa Mundial de la …” con una fotografía de una joven rubia sonriente con una espléndida dentadura. Pero también encuentras lo que buscas y así sabes que es una composición de poesía clásica japonesa con poemas de 5 líneas teniendo una estructura silábica de 5-7-5-7-7, o sea 31 silabas en total. ¿Por qué te cuento esto? Pues porque quizás en tu madurez puede que decidas ser un poeta waka y porque tienes que ser un verdadero poeta waka para entender la relación entre esas 31 sílabas y el diseño de este precioso jardín. Pero así es el alma japonesa
Más tarde se convirtió en la segunda residencia del fundador de Mitsubishi, Iwasaki Yataro, y finalmente fue donada por esa familia a la ciudad de Tokio en 1938.
La primera sorpresa, que no lo es tanto en este país, es que hay una cola considerable para entrar. Pero como son tan ordenados y lo tienen tan bien organizado aquello se mueve muy rápido. Y aunque es de pago los mayores tenemos una entrada a precio reducido.
Allí dentro no se celebra el hanami con gente comiendo y bebiendo como en otros jardines pero sí hay unos puestos de comida y unas mesas para esa celebración. Aquí la estrella es un enorme y precioso cerezo que encuentras nada más entrar y que, por lo menos en esta época, está rodeado de una cerca y alrededor de ella estamos todos los fieles sakureños contemplándolo y haciéndole fotos. Muchas fotos.


Unos vigilantes están situados entre el público con megáfono por los que dicen que no toquemos las flores. Vaya, lo dirán en japonés pero es que además sostienen unos letreros donde se explica en japonés e inglés: “Please, don’t touch cherry blossom”.


A veces sopla algo de viento y caen a miles los pétalos y se alegra la cara de todos los que rodeamos el árbol. Y es una locura de fotos. De fotos y de fotógrafos.


No habrás visto en toda tu vida mayor número de abuelitos con cámara réflex colgando del cuello. La mayoría Nikon de gama media.


Si surge algún profesional (o similar) suele llevar una Canon. Incluso vi a una joven con una réflex analógica y otra digital. Me hubiese gustado poder hablar con ella y que me explicase cuando opta por una u otra.


También vemos a una pareja mayor elegantemente vestida de “típicos”. Nada que ver con los disfraces de las jóvenes de Kioto.
Un letrero en un árbol avisa que a las 3 de la tarde habrá un espectáculo tradicional japonés llamado “Edo-Daikagura”. Lo ha buscado posteriormente en la red y da una explicación contundente: “Edo” es el nombre antiguo de Tokio (eso ya lo sabemos todos) y Daikagura ‘it is very difficult to explain it’”. Para matarlos. Claro que intenta hacerlo y dice cosas como “que es como un talismán para la gente” y que sale un león (espero que sea uno disfrazado de tal) y que si te muerde eso da buena suerte.


Así que nosotros esperamos y aparecen dos jóvenes que nos deleitan con sus juegos malabares.


Además de su destreza al ejecutarlos uno no paraba de hablar y de contar cosas graciosísimas de las que todos se reían. Todos menos Marisa y yo que no entendíamos nada a pesar del interés que poníamos. Pero fue un espectáculo muy bonito y divertido. Y el jardín una maravilla. Así que una tarde preciosa.


Cuando salimos del jardín había una buena cola para entrar.

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2 comentarios to “47. Japón 2016. 31 de marzo, jueves. Trigésimo primer día de viaje. Tokio. Día 9.”

  1. Carmen Says:

    Me resulta más cercano y emotivo ver disfrutar a la gente de una fiesta de la naturaleza que de una ceremonia religiosa. Lo describes muy bien y las fotos de Marisa son magníficas.
    ¡Buena pareja!

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