65. Japón 2015. Vigésimo octavo día de viaje. 26 de marzo, jueves. Tokio día 5. Segunda parte.

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Volvemos a la plaza de Shibuya con su famoso cruce y la guía te recomienda que para verlo a vista de pájaro te vayas a un local de una conocida marca de cafeterías pero ya te puedes imaginar que aquello está totalmente copado, por lo menos las ventanas que dan a la calle. Porque es algo espectacular: cientos de personas, o según a qué horas quizás miles, cruzando la plaza al mismo tiempo. Porque esta es una característica de algunos sitios de este país: se para la circulación de todos los vehículos y se deja el cruce en todas las direcciones para los peatones. Aquello podría ser un caos pero se hace con normalidad, aunque la hora a la que vamos nosotros hay poca gente.

Buscamos una alternativa y subimos a una planta bastante elevada de un edifico de oficinas donde hay un mirador. Está demasiado alejada para una foto pero no para ver el espectáculo.

Y donde hay algo que se pueda fotografiar hay un fotógrafo, y en condiciones. Aquí hay una bonita maqueta de lo que será este barrio después de que acaben de construir unos grandes edificios que está empezando aquí al lado y el fotógrafo de la maqueta lo hace con una buena escalera. ¿Has visto algo así en otros sitios? En España por ejemplo seguro que no te dejaban hacerlo.

Yo le digo a Marisa, quien también la fotografía, que si quiere le pido la escalera. Que no. ¡Es tan mirada!

Dejamos Shibuya y nos vamos a Jimbocho como un paso intermedio hasta nuestro próximo destino: Akihabara.
La guía habla de la calle Yasukuni-dori donde hay una gran cantidad de tiendas de libros de segunda mano y vamos a echarle una ojeada. Y efectivamente es algo espectacular: la cantidad de libros que hay y el orden en que los tienen colocados.

Vamos dando un largo paseo hacia Akihabara y en el camino nos encontramos muestras estupendas de arquitectura moderna y algún sinsentido como un viejo y pequeño edificio entre dos modernos. Me gustaría saber las normas de edificación en esta ciudad porque muchas veces me parece que no tienen un plan urbanístico y que cada uno (vaya, los propietarios de los grandes edificios) hace lo que le da la gana.

Así vemos un edificio llamado “Rainbow” con cada balcón de un color. Afortunadamente solo tienen siete balcones, sino le hubiesen llamado “Pantone”.

Andamos un poco perdidos (“ando” que Marisa no se pierde nunca) y tengo que preguntar alguna vez. No he visto gente más amable y servicial y que sepan menos de orientación ciudadana. Un desastre, lo que me obliga a volver a preguntar más veces y a no confiar en la información que me proporcionan.

Y entre tanta arquitectura del mañana nos encontramos una especie de talud de ladrillo al lado de un puente y allí un bar español: “El Chateo del Puente”. El puente es metálico, de color verde, con cierto encanto y parece que es para el metro pero el entorno del talud es bastante feo, tirando a cutre.

¿Por qué los establecimientos de restauración españoles siempre tienen ese aspecto? Quizás es porque es más barato y los franceses e italianos buscan algo con más clase. O quizás es que la idea que tienen en Japón de nosotros es el de las tascas del siglo XIX. ¡Cuánto mal ha hecho Doré a nuestra modernidad! ¡Menos mal que está Inditex!

Y así llegamos a Akihabara, el reino de la electrónica y ahora también el del manga y el “anime”.
Nosotros queremos visitar una de las tiendas más famosas y grandes de electrónica, Yodobashi. Pues parece mentira pero hasta que no he preguntado a un señor bastante mayor (unos 50, pero es que por allí todos parecían adolescentes) nadie la conocía.

Todo aquel barrio es una locura de tiendas y de jóvenes y el gran almacén con el que al final damos es algo impresionante. Si te gusta el sonido o la fotografía es un lugar que no puedes dejar de visitar. Ah, y los precios, en general, no son más baratos que en internet pero sí tienes los últimos modelos de todos los fabricantes.
Y para acabar el día regresamos a Shibuya para ver de noche su famoso cruce y el ambiente que lo rodea. Efectivamente, son las siete de la tarde y las pantallas lucen en todo su esplendor y la gente cruza a cientos de un lado a otro. Un verdadero espectáculo.

Y entre aquel maremágnum una guapa joven, periodista de un canal brasileño de televisión, haciendo un reportaje.

Ha sido un bonito y fotogénico final.

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