55. Japón 2015. Vigésimo cuarto día de viaje. 22 de marzo, domingo. Tokio día 1. Primera parte.

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Empezamos en un nuevo hotel pero de la misma cadena y el desayuno es parecido pero siempre tiene alguna novedad.
Hoy es domingo y como tal debemos ir a visitar lugares que son especiales días así y uno de ellos es el parque de Yoyogi-koen y Harajuku y las jóvencitas disfrazadas, así como los, ya no tan jóvenes, seguidores del rockabilly. Así que muchas cosas nuevas por delante.
El metro, a pesar de su fama va bastante vacio y además encontramos una máquina de billetes táctil y facilita de manejo. En el vagón algunos con teléfono moviendo el dedo compulsivamente, como si fuesen una vicepresidenta joven del congreso español. Lo de joven es por la velocidad con que se mueven. (Dejo el enlace porque dentro de tres años nadie entenderá la frase).

También bastantes duermen. Eso es algo habitual en el metro de esta ciudad: los largos y profundos sueños de algunos de sus usuarios.
Marisa comprueba sorprendida la complejidad de las líneas del metro. Así en una estación vemos en el mapa que tiene 14 salidas con cuatro líneas. Si te equivocas estás perdido. Y no es una metáfora poética.

Salimos del metro y aquello ya es Tokio en estado puro. Mucha, mucha gente y muy joven. Vemos largas colas, pero largas, largas, delante de una tienda de palomitas: solo hay chicas.

En otro sitio con larga cola un letrero dice que la hora de la comida es de 10:30 a 17:00. ¡Son las 11 de la mañana y ya están esperando para comer!
En otra una empleada me advierte que no se puede fotografiar la cola. No sé la ley como es de restrictiva en Japón pero estoy en la calle y creo que puedo fotografiar los fenómenos sociales. Quizás no. Es que lo de las colas en este país es algo notable aunque a ellos les debe parecer normal.
Hace muchos años yo vivía en Barcelona en un piso con otros estudiantes y no teníamos frigorífico. Afortunadamente yo disponía de un botijo que ponía cada noche en el balcón, que daba a la calle Mallorca. Un día estaba yo bebiendo del botijo y cuando acabé el trago desde un hotel que había enfrente un cliente me pidió que siguiera bebiendo pues me estaba fotografiando. A mí no me importó pero parece que a estas japonesas sí les molesta. El hotel era el Dante. ¡Qué tiempos!
Empezamos a ver a grupos de jovencitas vestidas de forma extravagante y con una buena bolsa donde deben llevar la ropa normal con la que salen de casa. Es la famosa zona de Harajuku conocida sobre todo por las “goth-loli girls” y que seguro que todos habéis visto en algún programa o película.

Estas que encontramos primero son bastante normalitas. Luego a lo largo del día van apareciendo las que quieren llamar más la atención y son más extravagantes.

Incluso hemos visto una pareja de occidentales, no tan niñas, disfrazadas de esta guisa. Yo que no entiendo lo de querer ser otra persona, me cuesta entender estas actuaciones.

En la entrada del parque Yoyogi una letrero muestra las prohibiciones, “not allowed”, y los avisos, “notice”. Los primeros los entiendo, los segundos se me escapan.

Así hay una trompeta y un tambor. Si estuviesen prohibidos estarían en los “not allowed” pero están en “notice”. Así que ¿se puede tocar o no? Pues se puede porque hemos visto a algunos hacerlo. Entonces ¿por qué están en “notice”?
En este parque vamos a ver a muchas familias jóvenes con niños pero lo primero que encontramos al entrar en el parque es a un excéntrico ciclista con una pequeña orquesta a su disposición. No lo hace mal y es simpático. ¿Por qué irá vestido de ciclista?

Pero este no va ser el único músico: hemos visto a un grupo con los inevitables tambores, a algún solitario guitarrista y a una pareja de trombones.

La diferencia con los parques españoles es que aquí algunos vienen a tocar pero no a exhibirse: lo hacen en lugares apartados por donde no pasa la gente. Imagino que aquí la reglamentación ciudadana será más restrictiva y si quieren tocar tienen que hacerlo en lugares como este. De todas las maneras en general lo hacían bastante bien y sin pedir nada.

También hemos encontrado a varios grupos de jóvenes actuando. En algún caso tenía como objetivo que los grabasen y me imagino que ahora estarán en “youtube” y en otros parecía una obra de teatro entre amigos. Creo que eran buenas actuaciones.

Y aunque la floración de los cerezos solo ha comenzado tímidamente ya hay algunos ejemplares floridos y el personal coloca sus plásticos en el suelo para pasar allí el día.

Y como no solo de cerezos en flor vive el hombre encontramos otros bonitos árboles como una “Magnolia denudata” con preciosas flores blancas.

Y a diferencia de otros parques donde no estaba permitida la presencia de perros, en el cartel de prohibiciones de la entrada no estaba tal figura pero sí uno cogido con la correa y con una mano con una bolsa que parecía indicar que recogía sus heces. Y es que aquí hay un gran y bien ordenado espacio para soltar a los canes. Lo primero que ves es que realmente hay dos espacios vallados y separados: uno para perros de tamaño grande y mediano y otro para medianos y pequeños. ¿Lo dejan al libre albedrío de los propietarios? Pues no. Imagino que los dueños de los perros siempre piensan que tienen el animal más grande de lo que es en realidad, como nos pasa a los padres con los hijos y sobre todo a los abuelos con los nietos. Sobre todo a los que no han viajado por Asia y han visto los inconvenientes de ser un tío grande.

Como estamos en Japón todo tiene una regla clara: menos de 12 kilos a los pequeños, más de 10 kilos a los medianos y grandes. Luego en el cartel con las normas compruebo que hay una tercera clasificación: los muy pequeños, menos de 5 kilos.
Las reglas. No las voy a trascribir pero creo que son una maravilla. Ojala muchas leyes fuesen tan claras, precisas y completas como esta normativa. Así que te dejo la fotografía por si eres un dueño de un can con posibilidad de legislar.

Pero así como en los músicos, o por lo menos en algunos, no vi afán exhibicionista no puedo decir lo mismo de los dueños de algunos perros. Vaya, no eran los humanos sino los canes quienes iban, los pobres, disfrazados.

También encontramos un contorsionista con una fotogénica estampa.

 

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