48. Japón 2015. Vigésimo día de viaje. 18 de marzo, miércoles. Kanazawa. Primera parte.

by

Ya es de noche y estamos “refugiados” en el hotel, he hecho mi colada cotidiana y antes de empezar a escribir este borrador me bajo a recepción a buscar un par de tés a una máquina en el hall de la entrada. Como ya voy con mi ropa de presidiario-colegial decido hacerlo de esta guisa. En todo el recorrido japonés solo he visto una vez a un cliente vestido así en una recepción por lo que no sé si se sorprenderán al verme. Cuando voy a coger el ascensor de vuelta con los dos tés sube un joven y vigilo su expresión para ver si le delata algo. La verdad es que le he abierto las puertas cuando se le cerraban al llegar y por tanto me estaba agradecido así que no sé qué habrá pensado de verdad pues no ha parado de sonreírme. Confío en que fuera “sonrisa” y no “risa” pero es que estos orientales son tan herméticos….

Nuevo hotel y nuevo desayuno. Todos los de la misma cadena tienen una composición básica semejante pero en cada uno varían los elementos. Por supuesto el arroz blanco y la sopa son constantes. En este de hoy hay dos tipos de sopa; también encurtidos que aquí son tres: uno rojo, que según Marisa es “umeboshi”, uno verde y otro amarillo; ensalada verde, trozos rebozados de tofu que le dan un aspecto de tortilla, algas negras, albóndigas de algún animal con trocitos de judías verdes y alubias blancas pequeñitas con una salsa “resbalosa”. Un consejo: si no eres muy ducho con los palillos y no tienes mucho tiempo no te pongas esas alubias, es jodidamente difícil cogerlas y además debes hacerlo de una en una. Y en este hotel también hay pan de molde, mermelada y margarina y unos bollitos muy flojos. Hay café y té. Muy bien y muy variado.

NB
Los palillos japoneses son más precisos que los chinos pero más difíciles de utilizar. La diferencia principal es que los de aquí acaban en una punta muy fina redondeada y los chinos suelen tener la punta cuadrada y más gruesa. Luego he sabido que los coreanos suelen ser de acero inoxidable.

 
Hoy vamos a visitar la “perla” de la ciudad, el jardín de Kenroku-en, clasificado como uno de los mejores de Japón junto con el de Okayama, que visitamos en un día de lluvia y el de Mito, que no conocemos.
Hoy hay anunciada lluvia a partir de las 6 de la tarde y mañana todo el día, así que tendremos que aprovechar el tiempo y en lugar de ir andando como acostumbramos vamos a la estación a comprar un pase de día para viajar en autobús por la ciudad, uno de los cuales te lleva directo desde aquí hasta el jardín.
Camino de la estación hay un sitio reservado para fumadores delante de un gran edificio de oficinas. Allí dos señores fuman apresuradamente. Hasta ahora todos los “enclaves de tabaco“ estaban más o menos semicerrados pero este está totalmente al descubierto. Quizás sea una política de esa empresa para que los fumadores se muestren a los demás y sufran escarnio y vergüenza. Delante de la estación sí hay otro espacio con el mismo fin pero este es de tipo más discreto.
También cerca de la estación vemos a un grupo de escolares pero muy pequeños a los que llevan en una especie de carrito muy gracioso: un grupo como de una docena dentro de un carro como los que salen en las pelis que llevan la ropa sucia de las cárceles y donde se fuga el recluso que es el protagonista de la cinta.
También un precioso parterre de flores en la calle que me llena de admiración y sobre todo de envidia.
Marisa va haciendo fotos de las tapas de registro metálicas que hay por las calles y en esta ciudad son francamente bonitas.

El autobús nos deja en el castillo que está al lado del jardín. En la entrada hay un servicio de información que está atendido por un abuelo. Imagino que será un trabajo voluntario. Ha sido muy amable y servicial. Claro que no podía ser de otra manera. Imagínate que tú haces un servicio de voluntariado social con emigrantes y no vas a decirle al primero que atiendes: “¿Qué pasa moro, que no querías vivir en tu país y vienes aquí para aprovecharte de la sanidad pública universal?”. Pues aquí tampoco.
Me pregunta cuántos días estaremos en Japón. Cuando se lo digo pone los ojos como platos. Bueno, eso tratándose de un japonés ya entenderás que es una licencia poética. Alguna vez he oído que tienen unas vacaciones cortísimas y hacen viajes así de breves, pero tampoco me ha preguntado si estaba o no jubilado, como él era tan mayor yo le he debido parecer un chaval.
El castillo es una preciosidad pero es una reconstrucción reciente pues el original sufrió un gran incendio. Está situado en un gran espacio y todo el entorno está muy cuidado. Y como siempre echo en falta los papeles, los plásticos y botellas por el suelo. Y las pintadas. ¿Por qué no seremos como ellos?
Mi hermano cuenta que él fue bautizado junto a otros dos y uno de ellos se llevó toda la gracia que proporciona ese sacramento, pues es una persona muy inteligente y brillante. (Mi hermano también lo es). Pues parece que el Dios omnipotente y omnisciente decidió dejar a este pueblo los mejores dones (la meteorología es un poco mala, eso sí) y a nosotros los macarras y los corruptos. ¿Enseñarán eso en la nueva asignatura de catequesis católica? ¿Cómo explicarán esa predilección? Claro que en la doctrina católica lo tienen fácil: si es algo bueno es gracias a Dios y si es malo lo llaman “libre albedrío”. Pues el “libre albedrío” de los japoneses es cojonudo.
En el recinto del castillo hay un pequeño bosque muy cuidado con el nombre de los árboles en los troncos de ellos. Descubro uno que se llama “Ilex integra”.

Yo hasta ahora el único “ilex” que conocía era el acebo, “Ilex aquifolium”, pero si algún día me hacen esa pregunta estúpida de “¿qué árbol te gustaría ser?”, ya lo tengo claro: el “Ilex integra”. Por el nombre claro, porque si eliges uno de porte espectacular y luego se llama “Cagarruta indica” has hecho un pan como unas hostias. Nada, yo “Ilex integra”.
Los contrafuertes del castillo tienen unas piedras con unas marcas que no sé si serán como las de cantero de la Europa medieval pero hemos visto varias con la cruz gamada.

Salimos del recinto del castillo y nos vamos al contiguo Kenroku-en.

Anuncios

Etiquetas: ,

2 comentarios to “48. Japón 2015. Vigésimo día de viaje. 18 de marzo, miércoles. Kanazawa. Primera parte.”

  1. algilodo Says:

    Está bien esto de que, para compensar la levedad de la entrada 45, podamos disfrutar hoy de dos entradas. Aunque se te adivina preocupado por la extensión de las entradas, a algunos no nos importa que sean más extensas…

    • Angel de Japón Says:

      Gracias mil, Alfonso. Realmente me preocupa escribir posts tan largos.
      Lo de publicar uno o dos al día depende de mi “editor”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s