33. Japón 2015. Décimo quintodía de viaje.13 de marzo, viernes. Hiroshima. Parte segunda.

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 La bomba.
Este es mi segundo viaje a esta parte de la ciudad; la primera vez me sobrecogió y hoy también me produce una gran sensación de tristeza. ¿Cómo se puede tener esa dureza de corazón que no te importen las vidas de miles de personas?
Una vez leí la reseña de un libro escrito por un francés sobre como recibió el pueblo de ese país el comienzo de las hostilidades con los alemanes en la primera guerra mundial. La alegría, la fiesta, casi la verbena. Y cómo esas risas se transformaron luego en dolor y lágrimas.
Pues hoy me imaginaba a los belicosos militares nipones lanzándose una vez más a una guerra imperialista que los llevaría hasta Birmania y casi a la India y luego como los “pacifistas” americanos no dudaron en liquidar de golpe a 200.000 enemigos.
Y este año no iremos a Nagasaki como en mi primer viaje, pero es que la bomba que cayó en esa ciudad fue todavía más injusta (¿puede haber grados en la injusticia?) y sobre todo más inútil que la primera. A mí Nagasaki, me puso triste como Hiroshima, pero además de muy mala leche.

El mayor testimonio de la bomba, el llamado “Genbaku Dome”, que tanto impresiona, hoy estaba cubierto de andamios pues parece que periódicamente revisan su estructura y como es un pueblo tan meticuloso no les basta con que uno de la brigada de limpieza municipal dé el visto bueno y tienen que hacerlo los técnicos muy a fondo. Este edificio fue uno de los pocos que a pesar de estar próximo al hipocentro conservó su estructura aunque perecieron todos los que había en su interior. Cuando se reconstruyó la ciudad se decidió mantenerlo en ese estado y en 1996 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. En inglés se le llama “A-bomb Dome”. A pesar de lo cerrada que era la sociedad japonesa fue diseñado en 1915 por Jan Letzel, un arquitecto checo. Era un centro de servicios comerciales, el “Hiroshima Prefectural Commercial Exhibition Hall”. El 6 de agosto de 1945 la famosa bomba explotó unos 600 metros por encima de un punto situado a unos 160 metros de este edifico y a pesar de esa explosión algunas de las paredes permanecieron, así como la estructura de acero de la cúpula que le dan ese carácter fácilmente reconocible. Y afortunadamente como enseñanza para las futuras generaciones se decidió mantenerlo como estaba aunque también hubo opiniones para derribarlo por los tristes recuerdos que evocaba.

Seguimos ese vía crucis y vemos el “monumento a la paz de los niños”. Aquí es donde cuelgan los escolares japoneses los miles de grullas de papel que hacen en recuerdo de Sadako Sasaki, niña de esta ciudad que murió de leucemia varios años después, como consecuencia de la radiación producida por la bomba.

La historia de esta niña se explica ampliamente en el “Peace Memorial Museum” que es la parte fundamental de este parque. Aquí hay fotografías, testimonios, restos de objetos y ropas y hasta una réplica de la bomba. Curiosamente esta no impresiona pues es realmente pequeña para el daño que produjo.

Antes de llegar allí vemos el monumento a los coreanos que murieron como consecuencia de la explosión. Fueron el 10% de los muertos pero durante mucho tiempo se obvió su recuerdo y no hubo ni funerales ni servicios que los rememorasen hasta que en 1975 se levantó ese monumento. Como siempre hay ciudadanos de segunda clase. O de tercera.

Pero a mí el lugar que más me gusta es “The Hall of Remembrance”, “Espacio del recuerdo”, situado en el interior del el “Hiroshima National Peace Memorial Hall for the Atomic Bomb Victims”, a pesar de ser de los menos visitados, o quizás por ello, porque ese lugar con mucha gente no cumpliría su función: es la sala del recuerdo. Un círculo subterráneo con una luz cenital y con una pequeña fuente en el centro.

No hay nadie y este espacio me trae a la memoria a Dowland y su “Flow, my tears”.  Aunque aquí quizás sea mejor el suave murmullo de la fuente que cualquier obra musical.
Hay también un centro de información en el nuevo edificio pero no nos hemos detenido en él.
En aquel parque vemos niños muy pequeños que van de excursión. Y de nuevo el genio práctico de este país. Cada grupo lleva un sombrero de un color diferente y así son fácilmente visibles y distinguibles si están con otros niños.

También otro grupo como de bachillerato que reciben una charla sentados en el suelo. Pero a pesar de estar al aire libre y sentados así, lo están por filas. Y, aunque es un colegio mixto, en filas separada chicos y chicas. Le pregunto a Marisa si en España pasaría lo mismo. Me contesta (sin hacer un chiste): “ Sí, en las del Opus”. Luego les vemos comer sentados en unos bancos. Todos llevan su cajita de plástico y en algunos se ve que sus mamás les han puesto cosas muy bonitas. Y todos lo comen con palillos. Y nada de bocadillos.

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