29. Japón 2015. Décimo tercero día de viaje.11 de marzo, miércoles. Hiroshima.

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De mi viaje anterior en el 2008 recordaba un agradable jardín alrededor de un museo y he dado por supuesto que es el MOCA, “Museum of Contemporary Art”, que está situado dentro de un gran parque, el Hijiyama-koen. Cuando llegamos allí me percato de que lo había visitado pero no era el que estaba buscando. Este, el MOCA, tiene en una plazoleta una gran estatua de Moore, que a mí siempre me recuerda al teniente Moore, pronunciado así, en castellano, quien tiene una calle en mi pueblo y con el que imagino que no le une ninguna relación familiar.
En esa pequeña plazoleta donde está la escultura un adelanto de lo que veremos mañana: un mirador con un letrero y una fotografía: “Centro de la ciudad devastado”. La fotografía fue tomada por el ejército americano en octubre de 1945. Te recuerdo que “la bomba” cayó el 6 de agosto de ese año.
Así que entramos en el museo y pregunto a la pareja recepcionista por el otro lugar que busco. Ni una palabra de inglés. Llaman a otra joven que sí lo habla, vaya como un alumno de academia de inglés en el segundo trimestre del primer curso. Les explico que en el otro museo hay unos tubos metálicos enterrados en el suelo y que uno habla en un extremo del tubo y se le oye por el otro lado. Yo no me daba cuenta pero luego Marisa me ha contado que las jóvenes recepcionistas se morían de risa con mis explicaciones. Así que a base de mucho esfuerzo y varios dibujos han llegado entre las tres a la conclusión que yo me refería al “Prefectural Art Museum”. Tendré que comprobarlo otro día pero ya estando allí hemos decidido visitar el MOCA. Afortunadamente tiene un precio especial para los jubilados porque su colección es tirando a flojita. Además la pieza estrella, por lo menos por los metros dedicado a ella, es de esas que me ponen de mala leche: un vídeo donde aparecen una serie de capullos haciendo eso, tontadas tales como tirar un colchón por una escalera, coger una cosa con una bota de agua,…y todos los objetos que se han utilizado en tamaña estupidez están expuestos allí en el suelo. Que además no sabes si debes o puedes pasar a través de ellos o no.

Pues en cada sala del museo donde había media docena de obras había una vigilante uniformada sentada en una silla sin mover ni una pestaña. Que parecían como muñecas de cera. Nada comparable a “nuestros” vigilantes que siempre están charlando con otros o mirando unas listas que deben ser los turnos de trabajo. ¿No te has fijado que siempre están leyendo esas listas?
En la entrada hay un letrero donde te dicen que puedes hacer fotografías y otro que sin flash, pero además nos han dado un papelito con cinco normas en inglés; la más curiosa la primera: no puedes fotografiar las obras por sí mismas, debe haber gente incluida en la toma. Aunque las obras no merecían la pena la visita, sí lo ha merecido el paseo y sobre todo el edificio del museo y como ese sí se podía fotografiar Marisa ha hecho bonitas tomas.

Paseando por ese parque de una gran ciudad como ésta, vuelvo a pensar en que quiero ser japonés: ni una colilla, ni un plástico, ni una botella, ni una cagada de perro (ni perros, solo dos enanos)…
Al acabar el parque encontramos un templo, de esos sin interés turístico, pero con bonitos remates en el tejado y unas piedras grabadas muy fotogénicas.

Cuando regresamos al hotel vemos a unos niños de unos 7 años volviendo solos del colegio. Insisto: esto no es un pueblo de 300 vecinos, es una gran ciudad de más de un millón de habitantes donde no hemos visto ni un policía hasta entrar en el departamento de alimentación de unos grandes almacenes: tres policías, con pistola al cinto y chalecos antibalas midiendo las anchuras y alturas de las estanterías donde estaban colocados los alimentos. Los primeros que vemos fuera de las dependencias policiales que vimos en Kotohira.
Después de tantos días con cielos grises o con lluvias hoy tenemos un maravilloso azul donde hasta la estructura de una grúa forma una composición artística.

Para compensar tanta bondad: un sobre con rodajas de aceitunas negras de 25 gr cuesta 162¥, o sea al cambio de hoy unos 50€ el kilo. Así que no comeremos aceitunas pero sí “sashimi”: una bandeja estupenda 8€.

Respuesta a la pregunta de ayer: 6852 islas. ¿Te has aproximado?

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