5. Japón 2015. Cuarto día de viaje. 2 de marzo, lunes. Kioto. Nara. Primera parte.

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Puerta Nandai-mon.

Normalmente tomo notas a lo largo del día y cuando llego por la noche al hotel escribo el borrador de estas crónicas con esas notas. Hoy empezamos nuestro periplo japonés con una estancia de 5 días/6 noches (para seguir con la engañosa jerga de las agencias de viajes) en Kioto y resulta que apenas he tomado notas y no he escrito ningún borrador. Así que las crónicas de esta ciudad las tendré que hacer apoyándome sobre todo en las fotografías, que dada la belleza del lugar las hay en cantidad.
Podría escribir estas crónicas sin documentación propia basándome en la guía y en la Wikipedia pero leí un “mandamiento” en un artículo sobre los que escribimos de nuestras excursiones: “No competirás con las grandes guías de viaje en cuanto a información se refiere”.
Hoy lo vamos a dedicar a visitar Nara, ciudad cercana a Kioto y adonde se puede ir y venir fácilmente en el día. Y yo te diría que si eres de los que viajan para poner la marca de “visitado”, incluso en una mañana. Nosotros le hubiésemos dedicado dos días.
Sí decir por lo menos de Nara que fue la primera capital del Japón en su periodo histórico, pero si crees en las leyendas hubo un montón de sitios antes con esa característica. Así Kashiwabara fue la primera capital con el emperador Jimmu pero es que éste era descendiente directo de la diosa Amaterasu, como expliqué en la primera crónica de este viaje sobre el linaje de la dinastía imperial de este país. Y si no tienes bastante con esa diosa del sol también descendía el Jimmu del dios de las tormentas Susanoo.
Nara tiene ocho lugares clasificados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
De todas maneras como estuve en el 2008 te dejo el enlace de la crónica de ese día por si quieres ampliar conocimientos.
La estación de Nara y su entorno no tienen nada que ver con la espectacularidad de la de Kioto. Tienes la sensación de que has llegado a una capital de provincia. Realmente tiene 366 mil habitantes, o sea como una ciudad media. Y es la capital de la provincia del mismo nombre, perteneciendo a la región de Kansai, que tiene ciudades tan importantes como Osaka, Kobe y Kioto. Y muy importante: Kansai en japonés es Kinki. ¿Por qué es importante? Pues porque cuando acudes al servicio meteorológico japonés, la información está por regiones y provincias y debes saber dónde buscar.
Lo bueno de Nara como turista que eres es que toda la parte monumental está en una zona llamada “Nara-koen”, una especie de parque en el este de la ciudad y a donde puedes llegar fácilmente andando desde la estación. Una advertencia de la estación sobre un aspecto del que ya he escrito en otra crónica: la de “Japan Rail”, JR, se llama “JR Nara”, pues hay otra llamada “Kintetsu Nara Station” que pertenece a esa otra compañía, Kintetsu, y que la guía recomienda para ir de Kioto a Nara en el improbable caso que no tengas el “JR Pass”. Además esta segunda estación está más cerca de la parte monumental.
Así que ya estamos en la “JR Nara” y vamos por un calle llena de tiendas y de restaurantes, pues no hay que olvidar que en este país hay mucho turismo nacional y por supuesto muchísimos japoneses vienen a ver Nara y por lo tanto el comercio está pensado para ellos. Pero no olvidan que venimos también occidentales y así en un restaurante con toda la información en japonés hay un letrero que avisa que dentro, “our store”, sí tienen el menú en inglés. De todas maneras y aunque sepas japonés y  hay una gran información en ese idioma verás que también siguen colocando los platos de plástico para que veas qué es lo que te vas comer. Así que imagino que ni siquiera para ellos es tan fácil interpretar los menús.

Otra particularidad japonesa que hoy es novedad por ser el primer día pero que lo dejará de ser a partir de ahora aunque no deje de sorprendernos: la delicadeza y cuidado de la presentación de los productos de las tiendas.


También nos encontramos con la primera galería comercial cubierta. Esa es otra de las constantes de las ciudades de Japón.
Llegamos a la parte monumental y nos topamos con los ciervos. ¡Malditos ciervos!, como dice un amigo de los ciclistas de Madrid. Y es que lo que podía ser una atracción graciosa, ciervos transitando por el parque, se transforma en una pesadilla dada la insistencia de esos animales para conseguir comida de los incautos turistas. El personal la compra para ellos en unos puestecitos y sonrientes se acercan y se las dan. Al cabo de dos minutos no saben como quitárselos de encima.

Otro encuentro, más agradable, es una castañera. Tiene un artilugio que parece de la época del maquinismo pero cuando nos acercamos descubrimos que lo que calienta no son castañas sino boniatos. A lo largo del viaje comprobaré que a este personal le gusta mucho ese tubérculo.


Otra novedad: los conductores de carros tirados por ellos mismos. O sea como los rickshaws indios, los célebres “hombres caballo”, que han sido prohibidos en muchas ciudades de ese país por considerarlo un trabajo denigrante, o por lo menos reducido a alguna zonas de esas ciudades. Pues parece que son de origen japonés y aquí se encuentran en algunos centros turísticos sin tener ese carácter menesteroso de la India. Además aquí suelen ser jóvenes nutridos quienes tiran del carro.

Así llegamos al primer monumento famoso de la ciudad: la puerta Nandai-mon que da acceso al impresionante Todai-ji. En el camino un mendigo primorosamente ataviado. Claro que quizás diría lo mismo en la edad media un rudo nórdico que se encontrase con un fraile de una orden mendicante, como un franciscano, por ejemplo. Así que no sé si este es un jeta o uno que pide realmente por “el gran terremoto del este de Japón”. Ni si es un espontáneo o pertenece a algún grupo religioso.


Esta puerta te sorprende por su tamaño monumental dado que está construida íntegramente de madera. Esta será otra constante de muchos monumentos de este país. Y también aquí otra constante que encontraremos a lo largo de este viaje: la limpieza de los espacios públicos; están los jodidos ciervos sueltos pero hay gente que limpia constantemente la cagadas que dejan en la calzada por donde transitan, transitamos muchísimos turistas.


Más novedades: una joven vestida con el vestido tradicional japonés. Lo que llamamos nosotros ir vestidas de baturra. Y va a ser otra constante de todo el viaje: en las zonas monumentales las jóvenes se visten de manera tradicional. ¿Para qué? Pues además de para hacerse unas fotografías… pues no se me ocurre ninguna otra razón. Si veo a alguien vestido con el típico traje aragonés se lo tendré que preguntar pues si no es que van a un concurso de jotas de “Aragón televisión” no se me ocurre ninguna razón.

Y como siempre las que hacen el canelo son las chicas.

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