17. Nara, segunda parte.

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La guía dice que fue la primera capital del Japón. Parece que hasta el siglo VII el país no tuvo una capital fija y permanente pues según los tabúes sintoístas –las religiones son todas igual de científicas y racionales- creían que cada vez que un emperador moría debía cambiarse la capital de lugar. Cuando llegó el budismo se acabó la costumbre y así a mitad del siglo VII se quedó la capital aquí. Pero esto solo duró 75 años pues un sacerdote llamado Dokyo (nombre que escribo para las madres jóvenes que buscáis nombres para vuestros hijos y ya estáis hartas de Kevin, Koldo y Kilyan, y que como os gusta con “k” pues éste la tiene), pues el susodicho cura sedujo a la emperatriz y estuvo a punto de usurpar el trono. Y entonces se decidió mover la corte a otro lugar lejos del poder del clero. Pero no se fueron muy lejos, pues se la llevaron a Kioto donde estuvo hasta 1868. Pero durante ese breve periodo de capitalidad fue cuando se pusieron los cimientos de la cultura y civilización japonesa. Además al no tener el centro del poder se ahorró muchas de las luchas y destrucciones que tuvieron lugar en Kioto. O posteriormente hasta los años 1944 y1945 en Tokio.

Y merece la pena estar aquí un día. Yo diría que incluso más. Estos días hay unos festivales pero son al atardecer o sea que hay que estar viviendo aquí.

Cuando empiezas el recorrido lo primero que te encuentras es la pagoda de cinco pisos. Realmente encuentras primero una de tres que si no estuviese la otra sería algo notable, pero que así no le haces ni caso. Es una de las pagodas más espectaculares que he visto en mi vida.

Pagoda de cinco pisos de Nara.

Claro que es sólo la imagen exterior pues no se visita. Y además todo el entorno es una preciosidad. Luego voy al templo Todai que es la joya de Nara y que como tal tiene una gran cantidad de visitantes. Todo el parque está lleno de ciervos que parece que antes estaban considerados los mensajeros de los dioses y que siguen estando protegidos. (¡Pobres ballenas que los japoneses siguen cazando por no tener un dedo divino que las señalase!). Están por todos lados. (Espero que el paréntesis te haya dejado claro que ahora estoy hablando de los ciervos y no de las ballenas y menos de los “dedos divinos”. Sería espeluznante que los “dedos divinos” estuviesen por todos lados). Afortunadamente les han cortado los cuernos (insisto, el pronombre “les” de refiere a los ciervos) pues en los lugares de paso de los turistas se acercan a pedir comida (venden unas galletitas especiales para ellos) y a veces son muy insistentes.

Ciervos en Nara

Y además de ciervos este camino está también lleno de jovencitos escolares. Que van en grupos a ver el templo. Todos uniformados. Son de unos 14 ó 16 años, aunque tengo que confesar mi falta de perspicacia para determinar la edad de los asiáticos y de las monjas. (Estas sean asiáticas o no). He descubierto que son del mismo colegio pero que van separados los chicos de las chicas. A lo mejor es que son de un colegio del Opus Dei. Antes de entrar en el templo los hacen formar. Primero ellos y luego ellas. Nada que ver con los colegios españoles.

Colegiales en Nara.

Eso sí, en cuanto entran en cualquier sitio se ponen las chicas en grupos de 3 ó 4 y se hacen la foto con los dedos en “V”. Es un estándar. Tengo que preguntar qué significa. Porque parece la uve de la victoria, ¿pero victoria sobre qué? Porque en el resto del mundo el estándar es sonreír y la sonrisa indica felicidad, pero, ¿la uve? Ahora me doy cuenta de que no sé si cuando se escribe una letra se debe escribir la letra tal cual o el nombre de la letra. ¿”Uve” o”V”? ¿No hay ningún gramático que me lea?

La V de las niñas.

Pienso que en las fotografías escolares españolas sí que hay un estándar en el caso de los chicos: el más macarra o el más borrico, y a veces coincide, suele poner los dedos en forma de cuernos por detrás de la cabeza del que tiene delante. Eso en Japón no lo he visto hacer.

Antes de llegar al templo te encuentras una gran puerta monumental, Nadai-mon, que tiene dos enormes esculturas de madera del siglo XIII tan espectaculares como la puerta. La guía las valora mucho pero están protegidas por una tela metálica, imagino que por las malditas palomas, y apenas se ven.

La guía dice del templo que es la construcción de madera más grande del mundo. Y no solo por lo grandioso que es, sino por su arquitectura y las figuras de Buda que alberga merece la pena su visita. Tiene un Buda de bronce del siglo VIII espectacular. También dentro del templo hay dos grandes esculturas de madera como las de la puerta de entrada, así que quizás estas sean las originales y las otras unas copias.

En una de las grandes columnas interiores de madera hay un agujero a unos 30 centímetros del suelo que la atraviesa de parte a parte. Dicen que su tamaño es el mismo que el de la ventana de la nariz del gran Buda y que el que lo pueda pasar llegará a la iluminación budista. Para los padres con niños pequeños debe ser como pasarlos por el manto de la Virgen del Pilar de Zaragoza. (Espero que se siga con esa costumbre). Así pasan a los niños y para los adolescentes y jóvenes es un juego muy divertido pues algunos se quedan atascados y los que pasan, al salir siempre tienen un amigo que les hace la foto; por supuesto con los dedos en uve.

Templo Todai. Daibutsu-den.

En el exterior del templo hay una gran figura de madera con una toquilla rosa que le da un aspecto muy gracioso. En un letrero dice que es Binzuru y entre paréntesis pone “Pindola Bharadja”. Tengo que preguntarle a un amigo budista si lo de Binzuru es un mote y Pindola el nombre y Bharadja el apellido o bien en esa religión a los santos los clasifican como hacía Linneo y éste era del género “pindola” y “Pindola Bharadja” es la especie y “Binzuru” el nombre vulgar.

Pues el Binzuru era uno de los 16 arahats, discípulos de Buda. Si alguien frota una parte de la estatua (transcribo directamente) y luego lo hace con la parte del cuerpo que le duele le desaparece el dolor. Yo respecto de las creencias mágicas soy de un materialismo riguroso (lo que en la fenomenología de la escuela alemana se le conoce como “rigurossen mat”) pero cuando son gratis, te las encuentras al paso y no hacen daño no me importa probarlas. Pero el Pindola era demasiado grande y no tenía accesible el hombro que es lo que hubiese probado porque tengo una tendinitis.

Binzuru: “Pindola Bharadja”.

Luego sigues por unos caminos a través de un bosque muy cuidado para llegar a otros templos. Todo precioso. Hoy incluso he podido reposar cinco minutos al sol.

Hay un templo en lo alto de una colina con una buena vista. Al llegar están haciendo alguna ceremonia religiosa. El centro del templo está cerrado por algunos lados y por los otros tenía unas cortinas blancas que solo dejaban ver unas llamas de fuego en su interior. Rezaban y daban unos golpes. Los fieles arrodillados fuera. Cuando acabaron salieron unos hombres, no sé si fieles o monjes, unos iban de blanco y otros de azul, llevando unos grandes capazos con una especie de quesos. No entendí nada. Algunas religiones ocultan partes de sus ritos. ¿Para qué? En una visita a un templo de Kioto había dos parejas que habían pagado una ceremonia. El cura recitaba unos cánticos, a veces golpeaba un gran cuenco de bronce y otras veces unas tablas de madera. ¿Por qué necesitan los dioses un intermediario entre ellos y los hombres? A lo mejor es al revés que quienes necesitan un intermediario son los fieles. Yo tenía un compañero de trabajo que para limpiar el filtro de la lavadora llamaba al servicio técnico. Y eso que era ingeniero de telecomunicaciones. Pero es que con las religiones los tienes que llamar para meter la ropa dentro de la lavadora, poner el programa, el detergente y arrancar el proceso de lavado. Me encantaría saber lo de la necesidad del servicio técnico.


Sigo mi periplo por los templos y llego a uno que tiene alrededor de él una gran cantidad de linternas de piedra. Las caras abiertas están cubiertas de papel blanco y en las que lo tienen roto se ve dentro una lamparilla. Debe ser algo muy bonito cuando en aquel entorno hagan la ceremonia de encenderlas.

Mi última visita es a un museo dedicado a la fotografía. Realmente está dedicado a un señor que se dedicó a fotografiar un pueblecito después de la Segunda Guerra Mundial y lo ha seguido haciendo todos estos años. Y como decía Manuel Vicent, la fotografía es un arte que mejora con el tiempo. ¡Esas fotos en blanco y negro de los años cuarenta! Para los estudiosos: el señor se llama Taikichi Irie y el pueblecito Ikaruga. Y las fotografías son preciosas.

Para llegar al museo, que está un poco apartado, he tenido que preguntar a una viejecita. Me pregunta que de donde soy. Al contestarle me dice que “flamenco”. Entiendo que quiere decirme que le gusta el flamenco y que no es un piropo que me dirige.

Regreso a la estación pasando de nuevo por el parque. En Nara, y también en Kioto, hay unos jóvenes que llevan unos carros para llevar a parejas por los lugares más turísticos. Me sorprende que esto pase aquí pues aunque sean más bonitos y los conductores sean jóvenes y fuertes, no dejan de ser de tracción animal como los “hombres caballo” de Calcuta. Vuelvo a pasar por la pagoda de los cinco pisos y vuelve a sorprenderme lo bonita que es.

Regreso en tren a Kioto. Salgo de la estación por un lugar que todavía no había pasado: una tienda de alimentación. No he visto nada igual. ¡Qué cosas y qué presentaciones! En la sección de vinos encuentro unos españoles. El precio para caerse de culo.

La estación de ferrocarril de Kioto sigue maravillándome.

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2 comentarios to “17. Nara, segunda parte.”

  1. Carmen Says:

    ¿Por qué hacen las jóvenes japonesas el signo de la victoria con una V? ¿Saben lo que es la simbología nazi? ¿Victoria, en japones, se escribe con V?

  2. Angel del Japón Says:

    Gracias Carmen, intentaré decírselo a mi amigo japonés para ver lo que opina.

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