67. Sri Lanka 2014. Final III.

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Sri Lanka. Haputale. Thangamale sanctuary.

El alhelí.
Leo en un artículo de viajes sobre este país donde recomienda que hables con los de allí, que utilices medios locales de transporte como los tuktuk y que de esa manera lo conocerás en profundidad y que tendrás una perspectiva única del lugar.

Multicolores en Tiflis.

Todo muy sensato, vaya, lo que yo hago, pero me sorprende el arranque del consejo: “Don’t be a wallflower”. Lo busco rápidamente y su traducción es alhelí. Creo que nunca comenzaría así un artículo de viajes: “¡No seas un alhelí!”. Claro que en inglés debe sonar mejor que el “No seas un capullo”.

Sobre el cingalés.

Leo unas normas y unas cuantas frases de cingalés. Me parece todo más o menos normal hasta que leo la frase “no hielo, en la bebida, por favor” que se traduce en un “karunaakarala maghe beema ekata ais dhamanna epaa”. Que pienso que si por casualidad me ponen hielo e intento decir la frase no solo ya me han puesto todo el hielo del país antes de acabarla sino que siendo tan larga y difícil es posible que confunda u omita alguna letra y diga algo como “este año los pinchos de murciélago de la conferencia episcopal son estupendos”. Así que no diré nada. Vaya, que ni me voy a aprender de memoria la frase.

Catalanes a Grecia.
Leo un libro de historia sobre la “expedición de catalanes a Grecia”, aunque en el texto habla siempre de catalanes y aragoneses, pero dada la forma bárbara en que se comportaron hubiese preferido que se hablase solo de los primeros como en el título a pesar de que el contenido es generalmente laudatorio para esas acciones dado que se escribió en el siglo XVI y los hechos narrados se remontan al siglo XIV.
Y me he acordado de él cuando he leído sobre la violencia ejercida por unos y otros durante los años duros de guerra civil en este país.
De aquel libro se me quedó grabado un hecho de armas: “Murieron de los vencidos veinte mil infantes y seis mil caballos, y de los nuestros un caballo y dos infantes”. Tan exagerada desproporción hace decir al historiador: “no me atrevería a referirlo, por parecerme cosa imposible, si autores de mucho crédito no refiriesen semejante acontecimiento”.
¡Joder con las referencias históricas!

Sobre los trenes.

Sri Lanka. Pattipola.

Mi guía recomienda viajar mejor en tren que en autobús pero previene de los retrasos de los viajes ferroviarios: “Los trenes suelen tener retrasos. Los esrilankeses, para los trenes de larga distancia, suelen medir los retrasos (preciosa palabra en inglés: “lateness”) en periodos del día: un cuarto de día, medio día,…”. La verdad es que preocupa un poco. Y eso que no tienen las distancias de la India. Luego no ha resultado tan terrible.

El regaliz de palo esrilanqués.
Cuando estuvimos en el barrio de Pettah en Colombo vimos extendida por el suelo de una calle una especie de regaliz de palo. Como estaba delante de una tienda de hierbas y otros remedios les pregunté para qué servía pero excepto que era muy bueno para el “azúcar negro” no logré enterarme de nada y encima tampoco conocía la existencia de ese “black sugar” y sus maravillas. Sí que apunté el nombre: “veniwalgata”. Resulta que es el “Coscinium Feneatratum” y que es una liana utilizada en la medicina ayurvédica y a pesar de que se considera en algunos sitios como una especie en peligro de extinción no parece que aquí tuviesen mucho cuidado con ello.

Sri Lanka. Colombo. Pettah.

¿Y la “black sugar”? Pues según la Wikipedia es una banda de rock peruana, pero hay vida más allá de esta enciclopedia: según una web taiwanesa es azúcar sin procesar. O sea, más en bruto que el azúcar moreno y de un aspecto casi mineral. Según ese sitio “mucha mujeres occidentales comen chocolate durante su periodo para sentirse mejor, pero las japonesas prefieren el azúcar negro”. Por si eres una española en esos difíciles días te dejo un enlace en Amazon aunque te adelanto que sale a unos 14$ el kilo. El azúcar que compras (por si eres un señor que no tiene ni idea) cuesta menos de un euro. ¡Todo sea “for comfort during the period”.

Sri Lanka. Mirissa.

GPS.
Uno de los errores que suelen ocurrir los primeros días en un viaje como éste es que te das cuenta de que te has olvidado de cambiar la hora a la cámara fotográfica cuando ya llevas varias fotos tomadas o incluso han pasado varios días. Así aparecen fotos con un sol estupendo que según los datos deberían haber sido tomadas por la noche. Así que el primer consejo: en cuanto el capitán de la aeronave diga aquello de que “estamos llegando a Paramaribo donde la temperatura son de 42º, está lloviendo y son las 5 de la tarde”, tú rápidamente cambias la hora y si hace falta el día. Pero hay otra solución mejor y más técnica: tu cámara tiene GPS y por tanto la característica de detectar el huso horario local y cambiar automáticamente la hora en función de tus coordenadas. Y eso es así excepto en Sri Lanka y con nuestra cámara: aquí cree que está en el huso de Altai y de Dacca y le añade medio hora más a la hora nacional. Así que mejor que no te fíes.

Vencidos.
Pensando en las ruinas que han dejado en Jaffna, y especialmente las del antiguo “kachcheri”, y en lo que pueden significar he llegado a la conclusión de que el mensaje podría ser: “¡Ojo que la guerra es muy mala! ¡Sobre todo para ti, si la pierdes! Firmado: El vencedor”.

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