58. Sri Lanka 2014. Trigésimo primer día de viaje. 25 de octubre, sábado. Colombo I.

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Sri Lanka. Colombo. Fort.
Entramos en la última etapa del viaje, la menos interesante y la más ajetreada.  Colombo tiene muchas cosas para ver pero tenemos que dedicar tiempo y energía a las compras. ¡Malditas compras! Porque aunque encuentres cosas interesantes a lo largo del viaje tienes que esperar al final para no acarrearlas durante todo el recorrido.

La noche ha sido estupenda. Aquí se duerme de maravilla pues aunque en la calle cercana hay bastante tráfico por la noche no transita casi nadie. Y acostumbrados a cantos de animales y humanos esto parece un desierto nocturno.

En el desayuno hay una  anciana señora en la mesa contigua a la nuestra. Tiembla de una manera muy fuerte. Parece mentira que en esas condiciones pueda viajar sola.

Hoy vamos a acabar la visita turística de una parte de la ciudad que dejamos ayer por problemas de iluminación: la luz del sol no le era favorable a Marisa.

Sri Lanka. Colombo. Fort.

En el Fuerte,  “Fort”, se encuentran edificios de la época colonial junto a grandes torres modernas de vidrio y acero. Los coloniales han sido preservados y convertidos en tiendas y restaurante “posh”, como el “Old Dutch Hospital”, que es del siglo XVII, con unos establecimientos comerciales que son una monada. Nada que ver con el “Old City hall” que visitamos cuando llegamos la primera vez. Lo comparamos con el “Castle Hotel” por el que pasamos todos lo días en que vamos a ver la puesta de sol y del que dice la guía que es “a genial place”; eso sería hace años porque ahora parece un edifico de borrachos y drogadictos sin nada al lado, excepto unas obras cercanas  enormes   que por el tamaño serán algo gigantesco.

Sri Lanka. Colombo. Castle Hotel.

También hemos pasado por Galle Rd, con modernos edificios y entre ellos una callejuela que parecía de un barrio indio donde imagino que viven los antiguos moradores de esa zona. Y lo mismo que con el “Castle Hotel” encontramos un bonito hotel abandonado, “Hotel Nippon”,  en las “Manning Mansions”. Visto como están las cosas  imagino que la sucesión de hechos será: degradación, destrucción y construcción. Por un lado se desarraiga a los habitantes, que por otro lado están viviendo en condiciones lamentables, pero además se destruye un importante legado arquitectónico e histórico. Así que elige: rascacielos o tiendas de moda.

Sri Lanka. Colombo. Hotel Nippon.

Para compensar tanto glamour de Fort y el “Old Dutch Hospital”, un horroroso monumento no sé si al teléfono o a la desesperación de un cliente de una compañía telefónica.

Sri Lanka. Colombo.

Encontramos por casualidad una tienda de productos de artesanía que gestiona el gobierno. Compramos allí alguna cosilla y cuando vamos por la calle con una bolsa de ese establecimiento me aborda uno, no sé si gancho o idiota, o ambas cosas que me dice: “Soy de las Maldivas y yo también he comprado en esta tienda porque es muy barata”. Porque mira que hay que ser patoso. Le hubiese contestado pero si era un gancho ha visto mi cara de pocos amigos y ha seguido su camino.

Como hemos cargado más de la cuenta tenemos que volver al hotel y luego para nuestro próximo destino cogemos un tuktuk. Los conductores de estos vehículos son los más marrulleros y pesados de todo el país. Y además son tan abundantes que en cuanto te encuentras un poco desorientado tienes a uno que en el intento de orientarte no duda en mentirte para que optes por su vehículo en lugar de ir andando o con un autobús, mi transporte preferido en esta ciudad. Yo intento evitar por todos los medios preguntar donde hay algún tuktuk cercano pero es que a veces, sobre todo los policías, creo que para evitar tener que darte explicaciones, te dicen que cojas uno o directamente les llaman.  Hoy le pregunto a dos policías por la parada de un autobús, entonces se presenta un tuktuk y toma la iniciativa. Nos dice que la parada está a  medio kilómetro y estaba al lado. Le digo que es un mentiroso y un ladrón y los policías riéndose. He llegado a decirles que deberían meter a todos los conductores de tuktuk de Colombo en la cárcel. Creo que me he pasado.  Lo dicho: parte importante de las prácticas canallescas de los tuktuk la tienen los policías.

Sri Lanka. Colombo.

En otro momento lo tengo complicado con autobús y cojo un tuktuk: “¿Con taxímetro?”. “Yes, meter”.  “¿Conoces esta dirección?” (La calle más importante de Colombo). “Yes”. “Pues voy a este número”.  Se pierde dos o tres veces, creo que no intencionadamente. Tiene que preguntar otras tantas veces y acaba preguntando dos veces  a unos policías. Pues cuando me bajo el tío va y me pide una propina.

Seguimos con las compras. Vamos a una tienda de té. Tienen unos elefantes de porcelana muy bonitos pero no sé la razón por la que los venden con la tripa llena de té. Están metidos dentro de una cajita de madera y vidrio. Le digo que para comprarlo tengo que verlo porque si cuando llego al hotel está roto tengo un problema. Pues no, tienes que comprarlo sin saber si está bien o mal y si lo compras ya no hay devolución. A veces la idiosincrasia oriental es tan difícil de entender…Si les explico lo de El Corte Inglés se vuelven locos.

NB

Para los buscadores de palabras.

Sri Lanka. Colombo. Fort.

“Posh” que es ahora una forma pija de decir “elegante y de moda y algo exclusivo” o algo así y, al mismo tiempo, es realmente un acrónimo de  “port out, starboard home”, (“no en babor, mejor en estribor” –  que es donde solía estar el camarote del capitán) que en el siglo XIX era la situación de las mejores cabinas de los barcos que iban o venían de Gran Bretaña hacia el este.

El maldivo patoso.

Me he acordado de una anécdota que me contó hace años el editor de este blog a propósito de un sucedido que me ocurrió a mí.

Cuando llegué a Madrid me dediqué algún fin de semana a recorrer los barrios de la ciudad para elegir mi próxima residencia.  Una tarde me acerqué a una obra  de pisos donde había un vigilante mayor y charlé con él. “¿Cuánto cuestan estos pisos?”.  “Demasiado para un trabajador”, me contestó.

Cuando se lo conté al editor me explicó una anécdota  de su infancia zaragozana.

Un señor va al teatro, imagino que al Principal,  y pide una entrada de platea. El taquillero le dice: “Mire abuelo, que son muy caras”. Y él le contestó: “Pues deme dos, una para mí y otra para mi boina”.

Lo mismo le tenía que haber dicho al impertinente maldivo.

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