48. Sri Lanka 2014. Vigésimo sexto día de viaje. 20 de octubre, martes. Yala y Galle.

by

Sri Lanka. Yala National Park.

Hoy ha sido un día muy extraño dentro de este periplo. Primero porque teníamos que estar tomando té a las 5 de la mañana, segundo porque hemos hecho un safari y tercero porque después de coger dos autobuses estamos ya en Galle, etapa final de nuestro viaje antes de volver a Colombo. Y una pequeña decepción: no hemos visto ningún leopardo que era el objetivo del safari.

Después de pegarnos el madrugón cogemos un todoterreno adaptado a estas circunstancias. Todos son prácticamente iguales, al menos en los que viajamos los extranjeros: en la cabina va el conductor y en la caja han colocado seis asientos en tres filas de dos con grandes butacones y un pasillo central. En el nuestro vamos solo cuatro, los dos jóvenes franceses y nosotros. En los de más categoría con los turistas va además un guía. En los de menos, o sea en los del país, son asientos corridos y van 3 ó 4 en cada fila, o seas de 9 a 12 pasajeros.

Sri Lanka. Yala National Park.

Sales de Tissa de noche camino del parque de Yala y conforme te vas acercando hay cada vez más vehículos. Entras en el parque ya amaneciendo y los coches se van desperdigando por todos los caminos que cruzan el parque. A veces  vas dos o tres en caravana y a veces solos.  Cuando solamente llevas el conductor, como en nuestro caso, éste va oteando el horizonte buscando alguna presa. Cuando la encuentra para el auto y te la señala para que la veas y la fotografíes. Y así una y otra vez. Cuando se cruza con un coche le pregunta al otro chófer si ha visto algún leopardo o algún elefante. Vaya, me lo imagino por la cara de resignación que ponía. Pero no aparecían ni los unos ni los otros.

El recorrido dura 5 horas, desde las 5 y cuarto en que sales del hotel hasta las 10 y cuarto en que regresas.   A las ocho y pico se reúnen todos los coches y todos los safarireros en una idílica playa  para que se estiren las piernas y hagas pipí en el bosque. Porque así me han respondido a la pregunta de “toilette?”: “Jungle”.  Y me han señalado el bosque. Porque este parque no es un bosque impenetrable sino de árboles diseminados y matorrales y algunas charcas, además de lindar con el océano Índico.  Pues el parque de Yala tiene una extensión enorme que llega hasta el mar aunque solo se visita una pequeña parte y menos mal porque es un carrusel de coches. Y eso que no es temporada alta.

Sri Lanka. Yala National Park.

Nuestros avistamientos: cocodrilos (4), monos (unos cuantos), jabalíes (muchos, muchos), ciervos moteados -como Bambi-  (bastantes), búfalos de agua (pocos), ciervo sambar –Rusa unicolor– (uno y majestuoso), varanos (algunos), mangosta (una y sin fotografía), águilas (preciosas) luchando contra córvidos, pisadas de un oso perezoso, lagartos (uno), camaleón (uno), algunos pájaros como periquitos y otros, pero el rey del paseo ha sido el pavo real. Los hemos visto en el suelo, posados en las ramas de los árboles con una figura preciosa y sobre todo a uno haciendo el cortejo nupcial (en francés “parade nupcial”) a una pava. Y aquello era agotador. Vaya, agotador para el pavo: venga a desplegar las plumas y cada vez con un abanico mayor, luego venga a mover el trasero rítmicamente y la pava ni puto caso. Hemos visto tantos y en tan diversas circunstancias que Marisa ha dicho que debería llamarse “el safari del pavo”.

Sri Lanka. Yala National Park.

Vigilando el harén. Keeping an eye on the harem.

Al repasar las fotografías hemos visto que uno de los cocodrilos tenía los dientes rojizos. No sé si es que acababa de zamparse a un mono o es que son de ese extraño color.

Sri Lanka. Yala National Park.

A pesar  de que muchos de los coches que recorrían el parque llevaban en la carrocería una gran fotografía de un leopardo y que según la guía “este parque está considerado uno de los mejores del mundo para ver estos grandes gatos”, nosotros no hemos visto ni uno. Por si vienes y lo ves: esta subespecie es única de este país: Panthera pardus  kotiya.

Regresamos al hotel, cogemos las mochilas y a la estación de autobuses porque nos vamos a Galle.  No hay viaje directo así que primero nos tenemos que ir a Matara y desde allí a Galle. Hemos tenido la suerte de no esperar ni un minuto en cada estación de autobuses. Y es que en este país da gusto la cantidad de transporte que hay. El único problema son los taxistas y conductores de “three wheels” que están intentando conseguirte como cliente y a veces te engañan o no te dicen toda la verdad cuando buscas una combinación de viaje.

Llegamos a Galle y vamos al hotel que habíamos seleccionado en la guía. No ha sido una sorpresa   pero en esta ciudad los precios se han duplicado desde la última edición de la guía que es de 2012, lo que quiere decir que los precios son del 2011,  pero así como en otras ciudades los precios han subido ligeramente aquí se han disparado.

Damos una pequeña vuelta por un trozo de las murallas. Hay bastantes parejas de novios y muchísimos cuervos. Es curioso pero en la orilla del mar no hay gaviotas sino solo esos pájaros. Yo he tenido que espantar a uno pues se iba a llevar una bolsa que habían dejado una pareja de novios mientras se miraban a los ojos.  Es que aquí de achuchones nada.

Un pequeño grupo de jóvenes  monjes budistas paseando por  aquí le dan un toque de color al ambiente.

Sri Lanka. Galle. Fort.

Luego hemos visto a varias parejas de novios, pero vestidos de tales, que estaban en sesión fotográfica, también en las murallas. A una de esas parejas Marisa les ha sacado unas bonitas fotos.

Sri Lanka. Galle. Fort.

Sri Lanka. Galle. Fort.

Búsqueda de restaurante para el desayuno-comida-merienda-cena. Vamos a uno que recomienda la guía pero continúa solo como pastelería. Buscamos por el entorno y le pregunto al final a un policía. Ni idea, pero muy amable le ha preguntado al conductor de un tuktuk y nos ha mandado a un KFC. Marisa se ha alegrado de la elección aunque todo lo que hemos pedido picaba bastante.

Vuelta al hotel y prontito a dormir.

Mañana Galle.

PD
Buscando el restaurante se nos ha acercado uno con el que ya habíamos topado antes y  que yo creía, y creo, que es un gancho. Como insiste en ayudarnos le digo lo que busco: “Está cerrado”.  No me lo creo y entro en la pastelería. El restaurante estaba cerrado. Vuelve el tío, que estaba al acecho,  y me recrimina que no le había creído.  Lo gracioso es que me ha dicho que con dinero donado por Barcelona para los damnificados del tsunami del 2004 se construyeron 20 casas y a él le había tocado una de ellas. ¡Qué cosas!

Anuncios

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s