40. Sri Lanka 2014. Vigésimo segundo día de viaje. 16 de octubre, jueves. Ella. Tarde.

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Sri Lanka. Ella. Rawana temple.

Después de la pequeña excursión al “Nine Arch Bridge” regresamos a Ella y nos vamos andando hasta el templo de Rawanaella.  Primero vas un kilómetro por la carretera en una cuesta abajo pronunciadísima. Nada más pasar un puente sale un camino hacia la derecha que va directamente hacia allí. Está todo muy indicado pero no por el templo sino por una cueva muy famosa del mismo nombre que el templo.  Nada más empezar el camino encontramos a un joven que dice que nos conoce: ha resultado ser uno de los dos que acompañaban a una francesa con los que coincidimos en nuestra visita a la isla de Neduntivu al norte de Jaffna.  ¡Qué encuentros! Parece ser que vive en una casita que hay allí. Luego  se nos pega otro joven. En estos casos suelo decir con mala cara: “¿Nos estás siguiendo? Pues no quiero que me sigas”. Pero en este caso nos dice que él es el que tiene la llave del templo que queremos visitar.   Llegamos allí, pasamos por delante de un edificio donde le dan la llave y cuando vamos a entrar nos dice que si no le damos dinero no abre la puerta. Ni entrada, ni donativo, ni leches: solo dinero para él. Le iba a decir que se metiese la llave por el culo pero decidí dulcificarlo y le dije simplemente que no queríamos  entrar.  Se pone a llover, nos refugiamos en la marquesina del templo y cuando acaba me voy al edificio donde estaba la persona que le entregó la llave.  Le explico cabreado lo que nos pasó y me explica que para entrar en la famosa cueva sí que hay una entrada pero que el acceso al templo es gratuito. Le da la llave a un monje budista y este nos permite el acceso.

Rawana Ella Cave.

Esta cueva, que no visitamos, pasa por ser una de las más populares atracciones turísticas de Sr Lanka, pero  a pesar de que se encuentra antes del templo no vimos a nadie por allí.  Se han encontrado restos de población humana de hace 25.000 años.   Según el Ramayana en esta cueva estuvo la princesa Sita cuando fue secuestrada por el rey Rawana.

Templo de Rawana Ella.

Este templo que forma parte hoy de un monasterio dice la leyenda  que fue construido en una cueva por el rey Valagambahu  en el siglo II a. C.

Sri Lanka. Ella. Rawana temple.

Es como una cuevecita a la que le han añadido un feo edifico delante, pero la parte original, la cueva, es muy interesante. Según el monje que nos abrió la puerta las figuras de los budas y la especie de altar que hay allí tienen más de 2.000 años. Muchos me parecen, pero el lugar es realmente encantador.

Mientras Marisa hace fotos intento hablar con el monje pero dado su nivel de inglés o mejor su nivel de pronunciación y mi nivel de comprensión no le entiendo casi nada. Solo que son cuatro monjes, que habla cingalés, pero no sabe nada de tamil y a pesar de mi interés no logro saber si los libros sagrados los lee en sánscrito o en pali. Hombre, si la bilbaína del “rollo budista” estuviese realmente interesada en la espiritualidad de esta religión sería más interesante aprender pali que tibetano. Porque además seguro que hay más libros escritos en el primer idioma. Si me la vuelvo a encontrar se lo diré. Aunque ambos aprendizajes me parecen igual de inútiles excepto si eres tibetano en un caso o monje budista en el otro.

Rawana  Falls.

Sri Lanka. Ella. Rawana falls.

Volvemos a la carretera y cogemos un autobús para las cercanas cascadas de Rawana.  Tienen más de 20 metros y están pegadas a la carretera, o mejor la carretera pegada a ellas. Se las considera una de las más anchas del país y una popular atracción turística.

He leído que en las cuevas que hay detrás de ellas escondió Rawana a Sita, así que no sé si la   cueva que no visitamos cercana al templo pertenece a ese conjunto o bien es que a ese demonio rey Rawana le encantaba ir  llevando a la pobre Sita de cueva en cueva. También que el famoso túnel que  sale del templo de Dowa que mencioné en mi anterior “post” acaba en una de esas cuevas. Y finalmente que Sita, la mujer de Rama, se bañaba en una de las piscinas formadas por estas cascadas.  Pues allí llegamos nosotros a tan épicas cascadas cuando cae un agua torrencial. Afortunadamente nos podemos refugiar en la marquesina de una tiendecita, de esas de madera que venden tontadas para los turistas de cascadas. Charlo un rato con el dueño, un sonriente cingalés que me explica que tiene 50 años. Ante mi sorpresa, porque parece mucho más joven,  me explica que se conserva bien porque no fuma y solo bebe “arrack” de vez en cuando. Tiene dos hijas, una estudiando en Colombo,  en la universidad, me recalca. Si  no hubiese sido por lo incómodo de la situación me habría gustado preguntarle cómo consigue hacer lo de su hija con aquel puestecillo. A mis cuestiones me dice que en esa zona el 82% son budistas y el resto cristianos, pero que los musulmanes están creciendo mucho pues todos tienen 7 u 8 hijos.  Y por la cara que pone no le gusta demasiado ese incremento.

Sri Lanka. Ella. Rawana falls.

Al final para de llover a cántaros  y nos acercamos a la cascada. Realmente es espectacular y el entorno muy bonito, lástima del tiempo pues sigue lloviendo. Vamos al lugar de la carretera donde nos han dicho que para el autobús y así regresar a Ella;se detiene un todoterreno y nos dicen que nos llevan.  Ha resultado ser una situación muy divertida.  El copiloto estaba convencido de que cuando hablaba cingalés le entendíamos todo pues metía una palabra en ingles cada 50 ó 60. De todas maneras he sabido que trabajan en el ministerio de Sanidad en una campaña contra la malaria aunque en Sri Lanka no hay esta enfermedad según me ha dicho pero que no estaban por la curación sino por la investigación.  Así que por segunda vez en mi vida (la primera la explicaré en otra ocasión)  le digo que soy biólogo  y se alegra muchísimo. Vaya, realmente estaba alegre todo el rato pues sonreía mucho y gritaba más.

El conductor que también intentaba hablar y que nos ha dado la mano efusivamente, creía que estaba en la Paris-Dakar, por el barro, la lluvia, las curvas y la forma en que conducía.

Al llegar a Ella nuevos apretones de manos y muchas gracias. Por cierto que en el año 2020 ocurrirá algo muy importante en el ámbito económico de Sri Lanka  o quizás en el del Anopheles pero no sé qué.

En Ella vuelve a diluviar. Nos refugiamos de nuevo en una marquesina, en este caso en la de la caseta  de la policía turística.  Allí dentro hay sentados dos policías varones  y una mujer, uno de ellos cargado de medallas. Como hemos estado un buen rato y estaban aburridos nos preguntan lo típico, que de dónde somos y que si hemos ido a ver la cascada del pueblo de uno de ellos.  Les digo que para cascada la de Ella. No me entienden y les señalo el diluvio. Se han reído bastante.

Corriendo a un restaurante cercano donde Marisa pide una pizza  “kukul kakul” sin tener ni idea de cómo es pues ningún camarero habla inglés.  Luego aparece el cocinero y nos enteramos que significa “pata de pollo”.

Para de llover y regresamos al hotel y al llegar empieza de nuevo el diluvio, tanto que ya no podemos salir ni estar en la galería por la cantidad de bichos voladores que acuden allí cuando llueve. Y como ayer, cuando para de llover, puedo volver a la galería a escribir el borrador de esta crónica y con una sinfonía ambiental (animal) que  no la te creerías.

 

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