No debemos votar a ninguna condesa.

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Lo digo tal como lo siento. Los títulos nobiliarios nacen en sociedades fuertemente desiguales como forma de hacer visibles los privilegios de grupo y no tienen sentido en sociedades donde debe primar la igualdad. Esta es la razón esencial y no hay mucho más que razonar sobre el tema. Es legal ser Condesa en España, pero no es razonable que quien lo ostenta pida el voto a los que creemos en la igualdad ante la Ley.
Aunque me parece una razón de mucho peso que no necesita más apoyo, voy a aportar otras consideraciones que justifiquen aún más mi afirmación. Para ello voy a utilizar ampliamente una sentencia del Tribunal Constitucional que se extiende sobre el tema de los títulos nobiliarios.

En 1982 un caballero recurre en amparo ante el TC porque habiendo solicitado un título de marqués no lo ha recibido porque no estaba casado con una señora noble y la carta de fundación del título de fecha de 1.733 obligaba a  que «la persona que ubiere de suceder en el expresado vínculo aia de casar con persona notoriamente noble, y en su defecto sea excluido del goce y pase al siguiente en grado aunque sea hembra o varón el mal casado.». Como el caballero recurrente no estaba casado con señora noble sucesivos Tribunales hasta el Supremo habían fallado contra él. Hay que decir que la expresión “mal casado” le molestaba especialmente.

El TC denegó el amparo, es decir no dió la razón al recurrente. Fue ponente D. Francisco Tomás y Valiente que catorce años después fue asesinado por ETA.
En la sentencia hay muchos párrafos notables que cito de forma literal entrecomillados.

“En la sociedad del Antiguo Régimen las personas no tenían el mismo status jurídico, pues aquélla era una sociedad estamental, lo que significa tanto como decir que en ella no regía el principio de igualdad ante la Ley, sino cabalmente el contrario, ya que las personas tenían más o menos derechos según pertenecieran o no a alguno de los estamentos privilegiados. En consecuencia, los nobles, por el hecho de serlo, incluso los miembros de la baja nobleza, carentes de títulos, tenían una condición jurídica superior a la de los villanos o pecheros.”

“Con la implantación del Estado liberal y de la sociedad burguesa desapareció, como afirma el recurrente en su demanda, la nobleza como estamento privilegiado y superior en derechos, sin que sea pertinente reflejar aquí el proceso legislativo a través del cual se produjo tan importante fenómeno. Sin embargo, en España sobrevivieron los títulos nobiliarios como una de tantas supervivencias feudales, esto es, como instituciones residuales de la sociedad anterior que se incrustan en la nueva y logran persistir en ella, bien es cierto que con un contenido jurídico y una función social enteramente otras y menores que las que tuvieron antes.”

“El legislador constituyente de 1978 pudo prohibir hacia el futuro la concesión de nuevos títulos, al menos de títulos hereditarios, e incluso pudo prohibir o mitigar la subsistencia de los antiguos. Pero lo cierto es que aunque la Constitución no los menciona los títulos nobiliarios existen en sus dos formas: los antiguos y los de nueva creación.”

“…no puede afirmarse que el hecho de ser o no ser noble, tener o no tener título, carezca totalmente de relevancia para el ordenamiento, pues lo irrelevante para el Derecho es aquello que éste no contempla ni regula.”

“El casar o no con persona noble no puede afectar en modo alguno a la dignidad de las personas, ni tiene sentido en nuestro tiempo y bajo la Constitución de 1978 afirmar, como se hace en la condición de 1733, que quien no casa con persona notoriamente noble es o está «mal casado»”

“No se es más o menos bueno o malo, digno o indigno por el hecho de casar con noble, siendo como son igualmente dignas todas las personas (art. 10 de la C. E.).”

“Pero de ahí no se puede inferir que a la hora de condicionar la adquisición por vía hereditaria de un título nobiliario haya de considerarse como discriminatorio e inconstitucional el hecho de casar con noble, pues en fin de cuentas son de la misma índole el hecho condicionante y el condicionado y tan anacrónico y residual es aquél como éste, pero no siendo inconstitucional el título nobiliario no puede serlo supeditar su adquisición por vía sucesoria al hecho de casar con noble.”

Si no leo mal, la sentencia afirma que el adquirir un título nobiliario es anacrónico y residual y que un condicionante para su adquisición aunque sea tan anacrónico y residual como el propio título (el hecho de estar “bien casado” según la opinión del creador del título en 1.733) no puede ser inconstitucional puesto que no lo es el título en sí.

Deberían haber leído esta sentencia los que querían cambiar la Constitución a toda prisa para eliminar la restricción de dar prioridad al varón en la sucesión al Trono porque tan anacrónica es la Monarquía como la restricción.

Hay una razón que los partidarios de los títulos nobiliarios mencionan  y es el de dar a la palabra aristocracia su significado original, el de distinguir a los mejores. Si aceptásemos esto, el agravio sería enorme porque implícitamente se acordaría que los actuales poseedores son “mejores” porque lo fueron sus ancestros. Aquí me viene a la memoria la frase del gran Perich que decía aproximadamente que un noble es una persona de la que se conocen sus antepasados y aun así se le respeta. En todo caso sería un absurdo que los títulos fuesen heredables y no tan solo vitalicios. Mencionar las propiedades territoriales que iban anejas muchas veces a la concesión de títulos por los Reyes autócratas provocaría fuertes enfrentamientos por lo que dejamos fuera el tema aunque sea un tema esencial, “la herencia recibida”.

El que ahora carezcan de privilegios no es completamente cierto.
Todavía en el año 1982 de la sentencia los Grandes de España tenían derecho a pasaporte diplomático que no es poco privilegio por lo que la actual candidata a la Alcaldía de Madrid pudo disfrutar de ese beneficio.
Todavía hoy, de facto si no es regulado, tienen un acceso fácil a entrevistarse con el Monarca por lo que es mucho más fácil para ellos decirle eso tan español ¿Qué hay de lo mío?.
Todavía hoy en el Servicio de Gracia del Ministerio de Justicia unos funcionarios se ocupan del “mantenimiento” de los títulos nobiliarios que casi con seguridad tendrán menos tiempo de espera para los 2.000 titulares que si tuviesen que lidiar en una cola común.
Y para terminar hay a quienes se les llena la boca en defensa de la nobleza diciendo que los títulos nobiliarios hoy son solamente honoríficos. Si se va al diccionario cualquier acepción de honor es algo que la mayoría de las personas desean o incluso ansían por lo que lo honorífico (“lo que da honor “) es algo muy a tener en cuenta . En lo práctico al ser pocos (unas dos mil familias) no es difícil que se conozcan y se emparenten entre sí, como en el caso que nos ocupa, por lo que los beneficios que se derivan de las influencias son claros.
Incluso en el tratamiento hay desigualdad; los Grandes de España son Excelentísimos e Ilustrísimos los demás títulos frente a como mucho Estimados que somos los demás “pecheros”.

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3 comentarios to “No debemos votar a ninguna condesa.”

  1. Mulliner Says:

    De acuerdo en cuanto a la valoración de la institución nobiliaria, pero es bueno recordar que ha habido miembros que son o fueron defensores del populacho, rebeldes frente a la opresión y muy tenemos el caso de Nicolás Sartorius, grande de España y miembro y militante activo en su día del PCE.

  2. eseelsoles Says:

    No digo que no se les valore o aprecie personalmente. Entre los ostentadores de títulos de nobleza españoles ha habido incluso santos y Buda era príncipe. Solo digo que no se les vote si tienen título de nobleza.

  3. algilodo Says:

    Entre las razones por las que no debemos votar a Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos y grande de España, la última que yo mencionaría es precisamente que sea condesa.

    Antes mencionaría su ideología política, tan dañina para tanta gente que no ha tenido la suerte se acceder a tan alto escalafón social, como ella hábilmente ha conseguido alcanzar. Lo público a su lado corre un serio peligro. Se enriquecen unos pocos, a costa de los más.

    Otra de las razones es su compadreo con la corrupción, tan cerquita de ella y tan ignorada por ella. Su no sentirse responsable de lo que ha pasado a su lado, dice poco de su capacidad de gestión y de control, por no mencionar si empatiza con ellos, encubriéndolos.

    Y no de menor importancia es su creerse dueña y señora del cotarro político, en vez de considerarse servidora de aquellos que la votan.

    Pero bueno, si encima es condesa, ítem más.

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