El caso de Tomás Gómez.

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Probablemente da para sesudos análisis y no seré quien los haga. El hecho y sus repercusiones me han dejado como decía el admirable  Gino Paoli un regusto amargo. Además en el momento de escuchar a Gómez insistir en que para defender su honorabilidad llegaría hasta los tribunales, pensé en el refran “No hay pleito bueno sino el ajeno” y en la fe tan ciega (y sin ninguno de los otros cuatro sentidos) que hay que tener en la Justicia española para creer que te devolverán la “honorabilidad” como a aquella buena mujer a quien arrastraron por el fango más hediondo hace 14 años y a quien nadie ha tenido a bien devolver nada ni indemnizar con un dinero de miseria.

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