4. Sri Lanka 2014. Tercer día de viaje. 27 de septiembre, sábado. Colombo.

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Hoy no hemos madrugado mucho, pero hay que tener en cuenta que en el viaje dormimos poco (comimos mucho, pero dormimos poco y nos movimos aún menos) y que son tres horas y media más que en España, las 7 de aquí, de Colombo, son como las 3 y media  de la mañana de Tarragona, por ejemplo.

El desayuno: no sé cómo será en el resto del país pero este primero nuestro ha sido igual que en otros centros similares de la India: el inevitable plátano, cuatro tostadas de pan de molde, huevo duro, mermelada, mantequilla y un té muy bueno.

Sri Lanka. Colombo. YWCA

Aunque esta noche ha seguido lloviendo y al levantarnos el cielo estaba muy nublado ha empezado a despejarse e incluso  demasiado porque con el sol y el alto grado de humedad del ambiente acabas sudando como un galeote.  La ventaja es que no tienes que preocuparte para buscar un sitio para hacer pipí: no llegan líquidos a tu vejiga.

Hemos cambiado euros por rupias y como siempre compruebo que los aeropuertos son los peores lugares para hacerlo. Realmente, ¿son buenos para algo los aeropuertos? Dime una actividad, una sola, que sea mejor en un aeropuerto que en otro lugar. Excepto, claro la de coger los aviones o bajar de ellos.

Dando un paseo, que nos ha parecido larguísimo por el calor, hemos llegado a la oficina de turismo.  En el camino  los primeros “ganchos”. No son tan pesados como los indios pero igual de taimados.  Al primero le crees: un buen samaritano que quiere ayudarte. Hasta que le ves el plumero. Los otros van llenando la capacidad de ser amable con los pelmas. Lo que ocurre es que cuando ese contenedor de bondad (¿formará parte del alma o será simplemente una secuencia de aminoácidos?) rebosa, entonces eres borde hasta con alguien que quizás quiere ayudarte de verdad.  Así hoy uno nos ha dicho que el restaurante que buscábamos estaba cerrado por obras y yo, creyéndole un gancho, no le he hecho caso. Y era verdad.  Lo del restaurante y que quizás no era un gancho.  Dos o tres al preguntarme de donde era me han dicho que habían estado en Barcelona, e incluso uno en las olimpiadas. Al final he decidido cambiar la nacionalidad y le he dicho a uno que era ruso. Y me ha empezado a hablar en un idioma que no conocía y he imaginado que era ruso así que le he contestado con la única palabra que conozco de ese idioma: “niet”.  Solo he encontrado a dos que me han querido ayudar sin ánimo de lucro.

La oficina de turismo está en un lugar cojonudo para que nadie vaya a preguntar allí. Solo hay hoteles de lujo  en sus cercanías y los clientes de esos establecimientos no suelen necesitar buscar información. En los últimos 15 días solo habían entrado en esa oficina un japonés, dos australianos y nosotros además de 10 esrilanqueses.

(¡Ojo con el gentilicio de este país! Dejo el enlace del DRAE para despejar dudas).

La joven empleada, muy amable, estaba más interesada en la venta de billetes para recorridos turísticos y similares que en proporcionarte información sobre el país o Colombo. No era una entusiasta.

De allí a ver el mar cercano: al fin el océano Índico en todo su esplendor. Hay un precioso paseo marítimo, Galle Face Green, que según la guía despejaron los holandeses cuando este país fue su colonia para así tener esa zona al alcance de sus cañones desde el fuerte donde acaba el paseo.

Colombo. Galle Face Green.

La playa de arena es muy estrecha y las olas rompen con fuerza. El personal solo se moja los pies por el peligro que supone el baño en esas condiciones y por el pudor índico. Hace años visité una playa en  la India donde hacían lo mismo: totalmente vestidos pero descalzos, que son pudorosos pero no son tontos,   se meten en el agua un poquito. A veces llega una fuerte ola y les llega hasta las rodillas. Solo algunos niños pequeños están con calzoncillos. Y algunas señoras con niqab paseando con sus familias, muchas en relación a las musulmanas que veo vestidas como tales.   Y como siempre ellas de negro de pies a cabeza, solo con los ojos visibles y ellos con niqui y pantalón corto. Y encima algunas musulmanas (especialmente las convertidas desde el cristianismo) defienden que el islam representa una liberación para la mujer.

El paseo es precioso, la gente muy animada y con dos particularidades especiales: unos cometas muy bonitos y una pareja de novios achuchándose en cada banco de madera  con su correspondiente paraguas para protegerse del sol y ocultarse un poquito.  Y algunas parejas en algún otro lugar sin paraguas achuchándose un poco más, porque los novios solo tenemos dos manos y el paraguas debe ser un estorbo. Y también algún “voyeur”.

Colombo. Galle Face Green.

Lo de los novios no sé si será “ancestral” como dicen los que defienden la tortura animal o los ruidos ciudadanos, o es algo nuevo y exclusivo de los fines de semana.

Damos un paseo por el “Fort”, la parte antigua de la ciudad, y accedemos a una calle a través de un control policial. Un señor que yo creí un gancho ha resultado ser un policía de paisano y al pasar por el edificio del Banco Central nos ha dicho que hubo una explosión de una bomba en 1996 y que ha sido restaurado. Una placa y una fotografía  recuerdan a los que murieron. ¡Pobres y honrados oficinistas!

Comida en un restaurante popular. En nuestra primera comida hemos constatado que te ponen lo que quieren, no lo que tú crees que has pedido y que aquí comen picante, picante. La explicación: solo hay un plato único, arroz, con una serie de ingredientes variables.

Regresamos al hotel con un tuktuk con taxímetro. Ha sido la recomendación del dueño de  la oficina de cambio donde estuvimos esta mañana: “solamente coja tuktuk con ‘meter’”.

Tengo una duda y me voy yo solo a la estación de ferrocarril en autobús. Descubro que el autobús urbano va muy bien y hay muchos. La estación no es como las de las grandes ciudades indias pero sí un tanto desorganizada. No encuentro nada que ponga información y me decido a entrar en un despacho de nombre rimbombante: “Master de no sé qué operaciones”. Me informan y quizás cambiemos nuestros planes de viajes.

Último baño del día.

Vuelta al hotel y largo paseo hasta el mar de nuevo para asistir a uno de los espectáculos más famosos de esta ciudad y gratis: la puesta de sol desde “Galle Face Green”. Y hoy siendo sábado estaba lleno de familias. Realmente ha sido maravilloso.

PD

Colombo. Galle Face Green.

En este paseo un letrero advierte en inglés y en dos idiomas que imagino cingalés y tamil que es peligroso bañarse. Lo curioso es que en inglés empieza con un gran “WARINNG” y repite el error en todos ellos.

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