64. La India 2013. 29 de octubre. De Mussoorie a Dehradun.

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Hoy amanece  el mejor día de todos lo que nos permite ver un gran pico nevado en la lejanía pero se acaba nuestra estancia en Mussoorie así que cambiamos la maravillosa tortilla de todos los días por una más humilde de nuestro hotel: el tortillero Ahmed no madruga y queremos marcharnos pronto. De todas maneras la terracita del hotel es  el mejor sitio para un desayuno y hay unas preciosas rosas en las macetas cercanas además del montón de crisantemos, que parece ser la flor nacional.

La estación de autobuses tiene unas  ventanillas de venta de billetes solo en hindi pero el personal es amable.  La sala de espera del tipo “austera”. Vaya, que no hay “VIP Lounge” pero tampoco la necesitas.

Cogemos el autobús que no llevara a  Dehradun nuestra próxima cita.  Cita que parecía que no iba a llegar nunca pues el conductor del vehículo era un joven que se debía estar entrenando para una carrera de velocidad: no he ido en mi vida en un autobús de manera tan despendolada. Iba a decir suicida pero quizás el chófer no tenía esa sensación.  Además es una larga cuesta abajo que va desde los 2000 metros de Musssoorie a los 700 de Dehradun, lo que le permitía ir así al conductor. Sí quieres ver el paisaje y además pasar  miedo elige el lado derecho.  En este trayecto va también Christian y coincide con nosotros que ha sido aterrador. Y eso que él es un caballero francés muy valiente, algo así como Godofredo de Bouillon, el de las cruzadas.

La guía dice que en Dehradun hay un montón de hoteles baratos y mugrientos (en inglés suena mejor: “grungy cheapies”) al lado de la estación,  pero del  que vamos, también  cercano a la estación de autobús y del tren, dice que “no podrás encontrar otro que esté más  cerca y más limpio”.  Pues allí y con Christian.

Dehradun es la capital de este estado, Uttarakhand.  Yo ya había estado aquí en 2008, precisamente cuando el famoso atentado de Bombay,  famoso hasta en España  porque sucedió mientras estaba en aquel hotel la Sra. Aguirre, que por cierto “puso los pies en polvorosa”. (Creí que nunca podría utilizar esta frase que forma parte de mi formación infantil a través de los tebeos y que imagino ha caído en desuso).   En aquella ocasión llegué buscando cura para una picadura en un ojo pues no tenía ningún interés en visitarla pero ahora quiero que Marisa la conozca pues sí hay unas cuantas cosas que merecen la pena.

Hoy vamos a ver el enclave tibetano de Clement Town y su monasterio budista de Mindrolling. El transporte público en esta ciudad se realiza con los “vikram”,  especie de rickshaw de tres ruedas pero más grandes que estos, con dos filas de asientos donde cabemos  (mal, pero cabemos) 4 pasajeros en cada una más los dos que van sentados al lado del conductor: 10 en total. Lo que pasa es que nosotros tres somos más voluminosos que los habituales clientes pero al fin podemos irnos con un vikram hasta allí. (La guía define este vehículo como un “large tempo”. Definición cojonuda si sabes que es un “tempo”).

Lo primero que ves es “The World Peace Stupa”, enorme y preciosa estupa de 56 metros de alto, toda de blanco,  con una representación del Buda del futuro, Maitreya, en un magnífico bajorrelieve y una estatua del Buda del presente, Shakyamuni.  Y al lado de tanta belleza un letrero te advierte que “No public display of affection” y también que no puedes escupir ni fumar. Todo en el mismo letrero como si fuese igual de perjudicial quererse que fumar.

Las religiones, todas, no pierden el tiempo. “No escupas y no le hagas un cariñico a tu novia”.  Solo faltaba que pusiesen al lado el tipo de multas y castigos que te iban a caer en este mundo y en el otro. Que parecía que el diseño hubiese sido del Sr. Rouco.  Por cierto,   ¿pagarán el IBI estos del Midrrolling?

Por si eres un fanático de este tipo de construcción: un letrero explica que hay 8 tipos de estupas cada una de la cuales conmemora un momento de la vida de Buda. La de aquí pertenece al tipo “Lhabab Chöten”, la estupa del descenso de Buda desde Devaloka.

Una lápida informa que la estatua de Buda fue consagrada el año budista 2124, año del “fire ox”, por lo visto un tipo de buey, no sé si mitológico o real, quizás sea como el “bou embolat” de la zona catalana del Ebro. O sea nuestro  año del Señor 1997. ¿A que no te puedes imaginar quien hizo la consagración? ¿No lo aciertas? Pues claro, el decimo cuarto Dalai Lama. No conozco a ningún personaje público con mayor  culto a la personalidad, comparable a Stalin, Franco y Chávez.

Aprovechamos que estamos allí para comer en uno de los restaurantes del complejo: una buena comida tibetana. Y sobre todo suave comparada con la india habitual. Y de nuevo un problema semántico: pido “eggplant” o sea berenjena. Pues ellos han traducido la palabra  en su sentido estricto: “egg” es huevo y “plant”  pues planta. Resultado: una especie de revuelto de un vegetal cualquiera.  Esto me recuerda  el chiste el oso hormiguero. Y también momos.  ¿Por qué pondrán siempre siete piezas? Debe ser por lo mágico del número.

En aquel entorno casi idílico, limpio, tranquilo y con jardines, algunas parejas de novios pero sin achucharse, que está prohibido. Claro, que si lo piensas no creo que haya en esta gran ciudad ningún sitio como éste para poder coger la mano de tu amada y mirarle a los ojos mientras le recitas los poemas de Neruda.

Otro vikram y regresamos al centro de Dehradun y allí vamos a visitar el monumento a  Ram Rai Darbar, el mausoleo de Ram Rai, el hijo errante (me encanta esa precisión de “hijo errante”) del séptimo gurú sij.  Y debe ser que a esos gurús les encanta tener un hijo así   porque tiene un monumento funerario impresionante. Y precioso. A Marisa le ha gustado mucho y dice que solo por esto merece la pena visitar esta ciudad. Unas señoras mayores que están delante de la tumba  nos ven tan interesado que nos animan  a verla más de cerca.

Y es que en estos casos nunca sabes cuál es la etiqueta  adecuada y te mueves  con sigilo intentando no molestar aunque ya sabes que al muerto no vas a causarle ninguna molestia. Y el sitio es tan bonito y apacible que te dan ganas de quedarte allí dentro a pasar la tarde.  Y entonces aparece una guapa joven de larga melena y se postra ante el féretro: ha sido como una aparición.

En el exterior del conjunto hay una pared pintada con motivos coloniales y muy ingenuos lo que le dan un aspecto muy gracioso.

Acabamos el día cenando en un restaurante que recomienda la guía, pero lo que no decía era que íbamos a pasarlas canutas para llegar hasta allí pues la circulación era espantosa y algunas calles apenas tenían iluminación, habíamos olvidado las linternas y algunas zanjas de las alcantarillas abiertas parecían simas infernales.  Digo parecían pues obviamente no veíamos el final por la poca luz y parecía que te estaban esperando alimañas mitológicas dispuestas a morderte en el  calcañar. Pero el restaurante fue estupendo y encima hubo cerveza.

Nos despedimos de Christian pues él iba a marcharse mañana tempranito. Y a dormir que la noche en Dehradun no parece que sea para salir.

Descubrimiento etimológico.

Christian y yo descubrimos que tenemos ambos antecedentes familiares ferroviarios.  Su padre fue fogonero. ¿Cómo se dirá  esa palabra en francés?  Pues “chauffeur”.  ¿Por qué? Pues porque la misión del fogonero en una máquina de vapor y de carbón era echar éste al horno para que siempre hubiese fuego en él. Y calentar en francés es “chauffer”. Y lo curioso es que de ese “fogonero chauffeur” viene la palabra “chauffeur” en francés como conductor y de ahí nuestro “chófer”.  Los ingleses más prácticos han dejado el original francés.

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2 comentarios to “64. La India 2013. 29 de octubre. De Mussoorie a Dehradun.”

  1. Otramarisa Says:

    ¿Sabes Ángel? Los teléfonos móviles actuales llevan unas linternas excelentes que habrías podido utilizar si lo usaras…

  2. AL de la India Says:

    Querida Marisa:
    no es “si lo usaras” es “si lo tuvieras”. Y aunque los teléfonos son multiusos e incluso la gallega monja budista que encontramos hace un par de años en Sikim nos dijo que los teléfonos celulares indios sirven sobre todo como linternas, pues creo que es mejor una linterna como linterna o un termo como termo que un teléfono como termo o como linterna.
    Un beso

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