62. La India 2013. 28 de octubre. Mussoorie. Día 3. Parte 1.

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Hoy ha amanecido el día más claro desde que estamos por aquí lo que nos da la esperanza de que podamos ver las grandes montañas lejanas, cosa que hasta ahora no hemos podido hacer.

Ha aparecido un nuevo cliente en el hotel, Christian, un francés que habla español como nosotros. “Como nosotros” quiere decir igual de fluido y bien.  Viene de hacer un trekking (malogrado) por Yamunotri. En la India te encuentras a gente increíble, él lo es, y si coges su mochila todavía más increíble.  Me sorprende su primera observación: “India es un país muy sucio”.  Y me doy cuenta que yo veo la suciedad pero no me fijo en ella. He incorporado la mirada india a mi mirada y solo me sorprenden las situaciones extremas o que me afectan muy personalmente. Y es que la mirada de Christian sobre este país es una mirada nueva e ingenua. Cuando te encuentras con alguien así, un gran viajero, casi en los 60, y que va solo (“solo” en las dos acepciones, como adjetivo y como adverbio)  a hacer un trekking por el Himalaya, das por supuesto que, como en el caso de Christopher, ya ha estado aquí muchas otras veces y conoce el país y hay temas tan obvios que ni siquiera los mencionas. Pero Christian es la primera vez que viene a la India y se percata de la suciedad, por ejemplo.

Después de desayunar la famosa tortilla, que esta vez lo hacemos con Christian, nos volvemos  al hotel a tomar el té. Una particularidad es que siempre te lo sirven en un termo, igual aquí que en el elegante  Kasmanda.

Así que allí con el solecito, los tés y las gachas de Chistopher pasamos un rato charlando los cuatro.  La primera vez que éste pidió el desayuno Marisa me advirtió rápidamente: “No se te ocurra reírte ni hacerle bromas”.  Y es que para mí es el peor  desayuno del mundo  y no entiendo como alguien lo puede tomar  pudiendo elegir otras cosas. Aunque en inglés lo de “porridge” suene mejor,  siguen siendo gachas.  Yo descubrí el amor (falso amor) de los indios por el “porridge” en mi primera visita a Sikkim cuando compartí varios días de  viaje con un impertinente británico, que obviamente desayunó gachas todos los días. El primer desayuno me las sirvieron y les pregunté si les gustaba a ellos, a los indios. “¡Claro!” “¿Vosotros desayunáis eso?”. “Nunca”. “Pues yo como vosotros”.

Ha sido una de las reuniones más agradables de todo el viaje.  Y la más políglota con las mezclas de inglés, francés y castellano.

Hoy vamos a dar un paseo hasta el “Sister Bazar”, cosa que hizo ayer Christopher y del que nos ha informado.  Es un inglés muy circunspecto y que no muestra una gran pasión en sus apreciaciones. Diría que es el caso contrapuesto a Christian.

Atravesamos “Landour Bazar”, típica calle con tiendas a ambos lados y con la India eterna. Unos pintores están adecentando un talud en la calle, obra que se arruinará con las primeras lluvias. Están subidos a una escalera de bambú en equilibrio precario. Y lo peor que te puede pasar, y que afortunadamente no ocurrió,  es que se te ocurra hacerles una foto    y que ellos halagados te quieran posar y pasen de “equilibrio precario” a “equilibrio peligroso”.

Marisa encuentra un fotogénico palacio antiguo que ahora está, imagino, convertido en casa de vecinos.

Un comerciante nos dice que se llama  “Kohinoor Building” (siempre les hago escribir el nombre) y que esa palabra significa “diamante” en hindi. No es así, que solo es el nombre un famoso diamante, pero no se trata de discutir con un indio sobre su idioma.  Luego pasamos por el taller más pequeño del mundo. Y eso no lo dice ninguna guía, lo digo yo. Es una sastrería situada en el hueco que deja una escalera queda a la calle. No hemos podido ver al sastre pero debe ser realmente pequeño. Curiosamente en Garhwal, esta región, hemos visto bastantes enanos, pero no sabemos si este lo será. Cerca hay un taller que tiene una reluciente y preciosa moto en un ambiente de los años 40.

En la calle hay una extraña máquina que tiene una brillante placa de latón con esta leyenda: “TheacetileneCorporation Ltd. ATOZ 49, Victoria St. Westminster”.  O sea que debía ser para hacer acetileno. Ni idea de cómo se llaman esas máquinas.

Pasamos por varios pequeños talleres donde están haciendo zapatos con media docena de operarios en un proceso totalmente manual.  Me intereso por un par y me sacan un catálogo de marcas americanas e inglesas para que elija el modelo: ellos te los hacen igual y a la medida. Muy curioso y nada caro.

Pasamos por un barrio tibetano con sus banderolas budistas y una gran estupa. Cerca un precioso restaurante y un hotel que debe ser una monada pero de imposible acceso para un viajero independiente pues está cerca de ningún sitio.

Y al final  en un lugar de la carretera donde se abre un espacio entre el bosque de impresionantes  ejemplares de cedro deodara vemos las grandes montañas nevadas. Un magnífico espectáculo.


En el camino hay con frecuencia letreros  que advierten que aquel bosque es propiedad privada y que no entres. Hay uno cuya advertencia parece diseñada por el Gran Wyoming: “Propiedad privada. El nombre de la finca. No entrar. Leopardos patrullando.  Se aceptan donativos de proteína humana”. Y una foto nocturna  de un leopardo con el título de “foto real”.  No sé si será una broma o no pero  se te quitan las ganas de entrar allí.

En muchas fincas una placa también de diseño que dice: “I’M KLEEN”. Por “Kleen” deben entender no tirar papeles y la zona está inhabitualmente limpia para los estándares locales.

Pasamos al lado de un transformador eléctrico donde un cartel avisa del peligro de muerte con la famosa calavera porque hay 6600 voltios. A alguien  le ha parecido poco  y ha escrito a mano 11000 voltios, pero en ambos casos al alcance de cualquiera. ¿Cuántas personas se electrocutarán al año en la India?   De ellas, ¿cuántas en la ducha?

Y así llegamos al “Sister Bazar” punto final del recorrido donde apenas hay media docena de casas y dos tiendecitas. En la carretera una cita de Steve McQueen. Me sorprende porque en esta zona son muy aficionados a ellas pero siempre suelen ser de importantes pensadores. Dice: “I’d rather wake up in the middle of nowhere than in any city on the earth”. Desde luego le viene perfecta para este lugar y seguramente hubiese sido difícil encontrar una frase así de Einstein o de Juan Ramón Jiménez, por nombrar a dos premios nobeles,  pero no estoy seguro de que al actor americano le hubiese gustado vivir en “Sister Bazar” por muy “nowhere” que sea.

“Sister Bazar”. Resulta que aquí estaba el dormitorio de las enfermeras del “Landour Hospital” y en aquellos tiempos de la colonia las enfermeras acostumbraban a ser monjas católicas, metodistas o anglicanas, de ahí su nombre.  Parece que se siguió llamando durante mucho tiempo “sister” a las enfermeras fueran monjas o no.

“Diamante”. ¿Cómo se dice “diamante” en hindi? Pues claro que no koh-i-noor, se dice “hira”, palabra muy útil cuando buscas una de tales piedras para regalárselas a tu amada o si eres un traficante de ellas.  ¿Cómo lo supe? Pues muy fácil: buscando la traducción al hindi de “La plaça del diamant“  de la Rodoreda: “Hira Chowk”.

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