61. La India 2013. 27 de octubre. Mussoorie. Día 2. Parte 2.

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Después del paseo por el “Camel’s Back Road” llegamos al otro extremo de The Mall y entro a preguntar en una gurdwara sij pues hay un letrero que dice “Fisioterapia” y pienso que quizás me puedan dar un masaje que solucionen mis problemas de espalda. Hoy es domingo y está cerrado el dispensario  pero hay un cura sij por allí que muy amable nos invita a entrar en la capilla donde rezan. Para hacerlo en un lugar así hay que lavarse los pies, o más bien mojárselos, pero aquí no hace falta (?),  sí descalzarte (¡maldita manía de muchas religiones con el calzado!) pero sobre  todo  hay que cubrirse la cabeza y si no tienes con qué, como es mi caso, te proporcionan un pañuelo, lo que pasa que el que me ha dado es muy pequeño y no puedo ni anudármelo. Marisa siempre lleva uno encima que igual le sirve para los menesteres religiosos que para taparse la garganta en los autobuses con todas las ventanillas abiertas. Y así estoy de lo más ridículo, lo que Marisa aprovecha para fotografiarme de esta guisa, pues el joven cura sij quiere hacerlo conmigo y además me pide que ponga las manos como si estuviese rezando y yo para no desairarle lo hago.

El sij me explica todas las características del lugar, los nombres y hazañas de los gurús (en el mundo sij los jefes y notables son siempre “gurú”) que hay por las paredes, y muchas cosas más. Vaya, me imagino todo lo anterior pues a pesar de que le he dicho que no entendía el  hindi, creo que no ha entendido eso,  “que no entendía el hindi”, pero debí poner tal cara de atención que me lo explicó todo detalladamente.

Mis preguntas y sus respuestas: solo hay 24 sijs, aunque quizás dijese 24 familias, o que eran 24 en esa congregación, pues aunque he visto muchos más por la calle quizás eran turistas.  Está casado y tiene dos hijos. También nos invita a comer, eso lo hacen en todos los centros semejantes, pero declinamos la invitación.  Sí entran un grupo de niños y rezan apresuradamente y luego recogen la comida en un plato. Imagino que eran pobres hindúes.

Regresamos al hotel por TheMall y no sé si es por ser domingo pero hay muchísimo ambiente sobre todo en la parte de la “Library”, mucha gente joven, parejas de recién casados y también familias, imagino que felices por estar en esta ciudad  y por comprarse mazorcas de maíz asadas  y pasear por aquí en lugar de estar en su casa de Delhi.

Veo un coche con un altavoz y con letreros en hindi pero también con una foto de un joven fumando y a cuya cabeza  apunta una pistola hecha con el humo de un cigarrillo. Imagino que es una campaña del ministerio de sanidad para llevar una vida sana del tipo de “el tabaco mata”, pero al pasar le  dan a Marisa un periódico y a mí me dicen algo así como que cuando vayamos a Mount Abu pasemos a verlos. Esa ciudad la visitamos en nuestro primer viaje a la India y está bastante lejos de aquí, en Rajastán, pero cerca ya de Gujarat. Así que aunque fuese una invitación formal no creo que vayamos a verlos.  Su periódico se llama “Purity” y aunque estamos a final de octubre es del mes de marzo: quizás sea semestral. Se define como  “Monthly Journal of the Brahma Kumaris”.

Cerca del hotel hay una mezquita (que molesta poco pues tiene los altavoces de rezar como medio jodidos) y veo a una señora con el niqab (¡cuánto me cabrea esa prenda y aún hay políticos, jueces y biempensantes que la defienden en España! La tendrían que llevar ellos). Al poco aparece un barbudo con kufiya y con aspecto fiero: era su marido.

Al llegar al hotel encontramos el animal más bonito de todo el viaje: una oruga amarilla con pelos larguísimos. ¡Lástima de no llevar un macro!

En esta ciudad hemos visto muchos jugadores de cartas en la calle pero también he descubierto gente jugando al parchís. ¿Se jugarán la pasta con un entretenimiento tan familiar?

Aventura en Kasmanda.

Nosotros para celebrar que es domingo nos vamos al atardecer a tomar el té a Kasmanda.  Chistopher nos había dicho que él fue ayer a este hotel a tomarlo y que merecía la pena, aunque era un poco caro. He descubierto que él sufre del mismo síntoma que yo: cuando llevo unos días en la India pienso en indio con respecto a los precios y si me piden algo que cuesta doble que en otro sitio me escandalizo aunque sea la octava  parte de lo que me costaría en España, si no no se entendería su comentario sobre el precio.

La guía cita este lugar en el apartado de hoteles y en el de restaurantes.  Dice que es el más romántico de Mussoorie y que fue construido en 1836  por un “British Officer”. ¿De dónde sacaría la pasta si solo era un “Officer”? Quizás era rico de familia o lo era su mujer (de la que no dice nada). Luego fue comprado por el  marajá de Kasmanda.  No me digas que no debía lucir ese nombre en los salones de la alta sociedad: “Le presento al marajá de Kasmanda”.  Para ver lo impresionante que es ese nombre solo tienes que pronunciarle en voz alta y verás cómo suena: “Kasmanda”.  Y es que parece un país imaginario como el Carpatia de “El príncipe y la corista”.

La guía solo encuentra un defecto: las pieles de leopardo y tigre que todavía adornan sus paredes de las que dice que son un “sad anachronism”.  Christopher también me advirtió que una de las paredes estaba además llena de trofeos de caza.  Creo que solo por eso no me cambiaría de hotel, pues realmente había muchos, todos bastante “sad”.  Vi una foto de un adolescente (¿un Kasmanda?) con un tigre muerto a sus pies. Lo debe llevar la sangre azul eso de gustarle liquidar a mamíferos y cuanto más grandes mejor. Quizás el sueño de todo rey sea el ser arponero del Pequod y así poder matar la gran ballena blanca, aunque quizás eso acarrea demasiadas incomodidades además de tener que hacerse japonés, noruego o islandés para hacerlo dentro de la ley. Mucho mejor matar sentados desde un sillón y con un malta al lado.

Sigo con el Kasmanda. Del restaurante dice que el salón de comer es “intímate but not stuffy” y que es “fine for a lazy lunch or summer evening”. ¡Mira que son delicados estos de la guía con las cosas británicas! Pero nosotros ya no estábamos para un “lazy lunch” y no era verano para el “evening”.

Lo primero que te sorprende es lo lejos que está del Mall  a pesar de lo cerca que parece estarlo en el mapa. Y es que es una cuesta empinada, mucho. Siempre que pienso en un hotel lo hago teniendo  en cuenta que tendría que llevar encima el equipaje hasta allí. Marisa me saca de mi error: “la gente que viene aquí lo hace en coche”.  Al final llegas y te encuentras a un vigilante quien tras saber tus intenciones te deja pasar. No hay una entrada directa al restaurante si no que tienes que hacerlo a través de la recepción del hotel, donde está así el segundo control y donde debieron pensar que qué hacían allí aquella pareja de “pringaos”. Porque además de que aquel entorno parecía de principios de siglo, pero del pasado, como de película, pues todo era lujo  y silencio.   Porque debíamos ser los únicos clientes de ese hotel.  “Que queremos tomar el té”. “Síganme, por favor”.  Y detrás de aquel servidor palaciego atravesamos corredores y salones y llegamos a un restaurante vacío preparado para la cena. Acuden solícitos los camareros pero  les corto el camino: “¿Y el té dónde podemos tomarlo?” Nos llevan a una maravillosa terraza con vistas a Mussoorie y las poblaciones cercanas pero ya refresca.



Pregunto por un sitio cerrado y allí estamos Marisa y yo solos en una habitación con unos muebles y decoración que te lo hubieses llevado todo a casa y como imagino que algunos no han podido resistirse a la tentación había una cámara en la pared para impedirlo, aunque sabiendo como es el país seguro que faltaban las pilas, pero te mandaba el mensaje de “cuidadito, cuidadito, que te estamos viendo”. En una de las paredes una placa de latón advertía en tono humorístico, supongo, que al “Resident Ghost” del salón no le gustaba que se hiciesen las siguientes cosas:

-Fumar.

-Beber o traer alcohol.

-Traer comida o bebida de fuera del hotel.

-Mover los muebles de sitio.

-Que permanezcas en esta habitación después de las 10 de la noche.

-Que ensucies la habitación.

-Que los niños entren aquí.

Como estábamos solos (y además seguimos las normas) no pudimos comprobar qué pasa cuando una alegre familia india entra aquí.

Así que nos tomamos el té, comprobamos lo bien que se vive cuando se vive bien, pagamos y nos marchamos.

La sorpresa vino cuando pedimos la cuenta después de la advertencia de Christopher: o bien éste había pedido una ración de berberechos con el té y dos “dry Martini” o como digo al principio de la crónica piensa ya como un indio. No te digo el precio porque la próxima vez que venga quiero volver a estar solo con Marisa, aunque dada la cantidad de lectores que tengo no creo que llenásemos el saloncito.

Fin de Kasmanda.

Volvemos al hotel, internet en el camino (el doble de caro que en Delhi), y pronto a dormir.

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Una respuesta to “61. La India 2013. 27 de octubre. Mussoorie. Día 2. Parte 2.”

  1. Otramarisa Says:

    Bueno y ¿dónde está esa foto tuya con un pañuelo a la cabeza? Le pones a una los dientes largos, recorres el relato rápidamente para verte y … no estás. Me parece muy feo el que nos prives de unas risas.

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