56. La India 2013. 24 de octubre. De Guwahati a Delhi. Fin.

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A bordo del Poorvottar Sampark Kranti.

Como vamos de este a oeste y aunque la India es un país muy grande, como solo tiene un huso horario el amanecer llega tardísimo.

Me levanto voy al lavabo y allí está “mi” vaso acusador. Espero que no lo lleven al CSI de Delhi para que investiguen quien ha sido el infractor. Y uso “infractor” y no “marrano” porque lo hice por desconocimiento.

Paramos  en Allahabad y ya llevamos tres horas y media de retraso. La entrada en la ciudad es como todas las grandes urbes, un desastre y muy sucio pero todo el personal está limpiándose los dientes.   No he visto un país igual. Si dedicasen a la limpieza de la cosa pública el mismo cuidado que a su boca esto estaría más limpio que Japón.

El letrero de la estación está escrito en caracteres latinos, hindis y otros que parecen árabes, pero dado que está  en el estado de Uttar Pradesh y que aquí los idiomas oficiales son el hindi y el urdu deberá ser este último.  En el andén se ve bastante personal con aspecto de peregrino y es que es una de las famosas siete ciudades sagradas para el hinduismo. A nosotros  creo que nos faltan un par por visitar y ésta es una de ellas. Aquí se juntan tres de los ríos sagrados: Ganges, Yamuna y Sarawasti y aquí por esa razón se celebra uno de los Kumbh Mela cada 12 años y el Ardh Mela cada seis.  La última de éstas (no sé si es masculino o femenino) fue en el 2007 y batió el record de visitantes aunque no creo que los que se dedican a eso de contar hayan estado aquí: 70 millones de personas. Pero fue rebasada por el Kumbh Mela del 2013: 100 millones durante los 55 días del festival, con un pico de 32 millones el día principal. Es como si las tres cuartas partes de la población de España fuesen el día 12 de octubre a hacer la ofrenda de flores a la Virgen del Pilar de Zaragoza.  Y hago esta referencia patria para animar al editor de este blog a venir el próximo Kumbh Mela en 2025. Imagino que habrá que reservar hotel con tiempo.

Pasamos al lado de un gath donde el personal está realizando las abluciones matutinas pero no sé a cuál de los tres ríos pertenece.

 

En mi indagación ferroviaria veo que hay un letrerito en inglés y hindi que dice: “Ten el respaldo de la litera inferior levantado desde las 6:00 am hasta las 9:00 pm para evitar molestias a los pasajeros sentados”. Ni puto caso.

Otra observación viajera: el pasajero que no se ha leído esa recomendación lleva bebidas cinco botellas de un litro de agua y sigue una extraña dieta. ¡Lástima que no quiera hablar conmigo!

Leo en la prensa que el periodo anterior a la Durga Puja es el momento del año en que se realizan más tratamientos estéticos quirúrgicos. Parece que por un lado las señoras, y algunos señores, quieren estar guapísimos esos días de fiestas y relaciones sociales. Por otro lado hay indios que viven en el extranjero, “Non-resident Indians” (NRI, siglas que verás muchas veces al rellenar formularios y tú no sabes si perteneces o no a  ese grupo), que regresan a su casa familiar  para esa festividad y aprovechan para hacerse arreglitos, que aquí es más barato que en Seattle.  Parecido a lo que hacen los rumanos españoles con el dentista.   Pero los que se llevan la palma son los de Calcuta. Se calcula que durante los dos meses anteriores a la Durga Puja se incrementa de un 20 a un 40%   la demanda de cirugía plástica. Y además está la moda: este momento es cuando las modelos y actrices famosas tienen más saraos  y quieren estar mejor que nunca.

Los precios por si te interesa: rinoplastia 60 mil rupias, implante de pecho 1 lakh,  cirugía anti-michelines 80 mil, botox (un vial) 15 mil, estiramiento facial 1,5 lakh y rellenos, pero no sé dónde rellenan, 50 mil. Así que anímate y por poco dinero te arreglas y aprovechas para pasar la Durga Puja, que es una de las mejores cosas que puedes hacer. Lo de Calcuta, no lo del botox que también leí que “en el momento en que te pones el primer pinchazo de botox ya estás atrapado de por vida, porque si no repites acabas con la piel flácida que es mucho más fea que una natural.” Pero parece que este comentario no  disuade a las multitudes que quieren estar maravillosas durante ese festival.  Y acababa con una expresión que aprendí en esa lectura:  “By hook or by crook”. “De una forma u otra”,  según mi  consultado ” Wordreference”.

Otra noticia: los cuernos de rinocerontes cazados ilegalmente en el nordeste de la India se vende en Nepal, Birmania y Butan por unos 50 lakhs cada uno. O sea  unos 60 mil euros. Así no hay forma de luchar contra la masacre de los grandes mamíferos. La actitud ejemplar (poco) de algunos jefes de estado tampoco ayudan mucho.

Y en Manipur, otro de los estados de esta región, han prohibido la venta del “smokeless tobacco”. Y tú fumador te preguntas que para qué quieres el tabaco si no es para fumarlo. Pues para masticarlo. Aquí prohibido. pero los contrabandistas siguen funcionando.

Después de que el adusto viajero que hablaba bien inglés se bajase en Kanpur, el otro intentó comunicarse conmigo.  Y así comprobé que realmente su problema era el idioma  y que quizás no quiso mostrar delante del otro su desconocimiento. Pero a pesar de todo me hizo las preguntas más extrañas que me han hecho en mi vida viajera: “¿Cuál es la ratio de hombres y mujeres en España?”. “¿Cuál es el promedio de vida en España?”. Y cosas similares. Pues debía ser un demógrafo.  Y encima cuando él hablaba de grandes cifras lo hacía de “crores” que para un indio es normal pero a mí me obligaba a ir colocando ceros como un loco. Recuerda de una crónica anterior que un “crore” son 10 millones.  Total, que me tendré que preparar mejor los viajes pero no solo con la información del país que voy a visitar sino también del mío.

Y menos mal que no me preguntó que qué opinaba de Malthus, que es el único demógrafo que conozco junto con el Sr. Leguina.

En una de las paradas compruebo que el “Reservation chart” sigue todavía pegado en la pared del vagón aunque un poco deteriorado. Imagino que en las estaciones intermedias nadie tiene que comprobar  si está allí su billete.

Pero como es habitual y podría ser el lema de un viaje por la India: “Ni un día sin un tropiezo”.

Pasa el camarero para cobrarnos  la comida que nos ha servido durante todo el viaje desde el coche cocina y me dice que 605 rupias. Mucho me parece así que le pido el desglose. Me lo hace y le pago.  Luego echo una ojeada a los precios oficiales y veo que no coinciden en nada. Se lo consulto al otro pasajero y me dice que “costly”, pero no hace ademán de ayudarme (como sí ha ocurrido en otras ocasiones), con un  “vamos al jefe y veremos que ha pasado”. Pero me jode bastante que me timen. Busco y doy con la persona adecuada, que  no sé quien es pero que ha llamado al camarero quien ha reconocido  lo que yo le había pagado, lo que casi es un síntoma de culpabilidad, porque ¿cómo te vas a acordar lo que te ha pagado cada uno después de casi dos días de viaje? Volvemos a hacer la cuenta entre todos y me devuelve 200 rupias  .  Me había cobrado un 50% de más. Pero a pesar de haberle ganado la partida a los pillos me deja muy mal sabor de boca ese no poder fiarte del prójimo.  En el fondo una putada que te obliga a estar siempre alerta.

Seguimos acercándonos a Delhi  pero de una forma cansina. ¿Alguna vez llega este tren a su hora? Pues no hoy: llegamos a las siete y media de la tarde. Un retraso de 6 horas y media, que han transformado un viaje de 31 horas en uno de 37 horas y media. Lo curioso es que si hubiésemos llegado a la hora prevista tendríamos el cuerpo como una rosa pero la espera del retraso y la larga entrada en Delhi nos han dejado un poco fuera de combate.

Una vez leí una entrevista a María Kodama en la que ella decía que una frase de Borges la cautivó siendo una niña aunque no la entendió:  “Nadie logró desembarcar en la unánime noche”.  Así estábamos nosotros.

Yo diría también que hemos llegado a Delhi con “el cuerpo desacostumbrado” para emplear la palabra de un precioso cuento de Lahiri, “Tierra desacostumbrada”.

Y además teníamos varias cosas que hacer en esta ciudad esta tarde y encima sin saber si en el hotel tenemos o no habitación, aunque eso en este barrio no sea un problema.

Así que el último consejo ferroviario: no pienses en trasbordos de tren o en coger otro medio de transporte como el avión en el mismo día.

Cenamos en nuestro restaurante favorito y a dormir que mañana hay que madrugar.

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