Presunciones.

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La presunción de inocencia quiere decir que la inocencia de una persona se presume (presunción viene de presumir y la acepción primera de presumir en la RAE es  “Sospechar, juzgar o conjeturar algo por tener indicios o señales para ello.”, aunque esta acepción del diccionario se queda un poco corta puesto que en los textos jurídicos significa “dar por cierto” hasta tanto no se pruebe la culpabilidad). Si vemos la tercera acepción de presumir “Dicho de una persona: Cuidar mucho su arreglo para parecer atractiva.” sabemos que algunos políticos españoles presumen en tercera acepción y para ello aceptan todo tipo de regalos que mejoren su apariencia, incluso sencillos trajes, y después presumen de inocencia en primera. Podemos incluso aceptar que sea así en aras de la seguridad jurídica por aquello de que vale más liberar diez culpables que castigar a un inocente, pero, aquí un gran pero, es que esto sólo vale en el mundo del Derecho porque se trata de imponer penas o sanciones.
Quienes no imponemos penas no estamos sujetos a aceptar ciertas presunciones para formar nuestras opiniones o para expresar nuestra repugnancia ante hechos que nuestra experiencia da por ciertos, aunque no tengamos pruebas documentales. La experiencia nos dice que quien acepta regalos, quien afirma querer “un huevo” a un proveedor a quien su esposa también le dice que se “ha pasado varios pueblos” con sus regalos, cae, sin duda, en la tentación de recompensar ese afecto y esas dádivas. Para que no se arguya que no somos precisos recurrimos también a un aforismo jurídico “lo normal se presume, lo anormal se prueba” y ,en el mundo comercial, lo normal es que los regalos impliquen reciprocidad y que quien acepte dé algo a su vez. De ahí nuestra firme condena sin penas ni castigos.
Claro que también se puede pensar que no se puede comparar el “rigor” de la justicia española tan “garantista” (nunca lo he entendido) con la “ligereza” de las justicias de los países anglosajones. Por ejemplo, si fuera verdad que DSKahn hubiera intentado abusar de una camarera en España, la señora hubiera tenido que presentar como prueba las dos orejas y el rabo del susodicho. Eso sí, hubiera tenido tres años para presentarla.