39. Delhi, segunda parte.

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El policía sobre el tejado de zinc.La gran preocupación en estos días de los políticos locales, y puede que estatales, es la visita del Sr. Obama a finales de esta semana. Imagino que les preocupará un atentado, si no contra él, que dado lo patosos que son los terroristas indios debe ser casi imposible,  (como lo de casarse un brahmán con una no brahmana), aunque solo fuese el intento, o una bomba en la calle,  porque tendría una repercusión mediática enorme. Así las calles están llenas de policías que curiosamente cambian de color por la noche.  No, no quiero decir que sean policías camaleónicos, es que por la noche llevan uniforme azul pero de camuflaje. Me hubiese gustado preguntarle  a alguno por ese cambio pero no me atreví.  Además así como los de CRPF o los del ITPF llevan etiquetas en la hombrera con las siglas que les identifica estos solo las llevan en hindi, así que no sé de donde proceden.

Una de las circunstancias del aumento policial es que te los encuentras en sitios insospechados como algunos parapetados detrás de sacos terreros  en lugares donde sería más fácil pegarles un botellazo que un tiro. Y otros están situados en los techos de algunas garitas que hay por la calle.  Lo mejor de todo es que podrían invadirlos los paquistaníes o los chinos, sus enemigos de la historia reciente, o incluso los marcianos y no se enterarían: se pasan el día hablando por el teléfono celular, sobre todo los jóvenes. Y por la cara que ponen no hablan de nada marcial como aquello de  “Bota gamma a pichón alfa. Pichón alfa responda”.    Que deben estar hablando con sus novias. Vi a uno sentado en una silla  encima del techo de una casita en una calle muy céntrica que estaba así y cuando volvimos a pasar por allí al cabo de una hora seguía igual. No me extraña que los de CRPF no quieran compararse con ellos.

¿Pero cuál es el peligro real para el Sr. Obama y que preocupa muchísimo a los indios encargados de su seguridad? No te lo vas a creer: ¡los monos!

Dice el titular de la noticia: “Comandos, tiradores selectos y recogedores de monos (monkey catchers) están preparados pues un par de lugares que va a visitar están infestados de monos”. 

Y la última noticia criminal: acaban de absolver a un contrabandista del delito de tráfico y exportación de billetes porque los funcionarios de aduanas, desde hace 12 años, en lugar de contar los billetes confiscados los pesaban para saber la cantidad. Por lo visto a algún juez después de varios años con este proceso le ha parecido un procedimiento poco fiable. Y si vieras como suele ser el papel moneda aquí no te creerías  la perspicacia de los de aduanas. “A ver Krishna –nombre supuesto-  ¿cuántas rupias debe haber en este saco que le hemos cogido a este contrabandista?”. “Hum, pues –sospesando los fajos con la mano izquierda que es la mejor para este menester- unos tres millones cuatrocientas veintisiete mil doscientas treinta y tres rupias”.  Claro que cuando estoy en España pasando al ordenador esta crónica leo que al Sr. Fabra le han prescrito 4 de los 5 delitos fiscales de los que estaba acusado. Así que aquí tampoco podemos tirar cohetes.

En Delhi siempre hacemos lo mismo y dentro de esa repetición está el visitar  Khari Baoli. Siempre es espectacular  pero estos días es algo increíble: el personal  está haciendo las compras para el Diwalli, que es el viernes próximo, y van como locos.

Cargando especias en Khari Baoli.

Este lugar, que es un mercado popular, se está convirtiendo  poco a poco en una atracción turística y así de vez en cuando ves a grupos de “blanquitos” protegidos por un par de guías indios entre aquella muchedumbre. Hoy vimos a un grupo de más de 30.  Y además van como si estuviesen atravesando a nado el Amazonas pero en pelota picada. O sea con gran peligro. También vemos a una pareja mayor  “blanquita” en un ciclorickshaw; la imagen es muy curiosa pero lo es más cuando nos percatamos que en la parte trasera va un guía indio casi negro. Parecía   una imagen victoriana con el criado en el pescante  de la calesa. (Ni idea si en aquella época llevaban esos carros ni si es técnicamente posible lo del “pescante de la calesa”, pero me gustaba la frase).

La última experiencia de nuestra visita a Delhi ha sido el metro. Todos los años lo tomo pero menos veces y quizás a otras horas que en esta ocasión. La verdad es que el metro lo han ampliado mucho en poco tiempo pues cuando lo inauguraron había muy pocas estaciones y además  debían cubrir muy poco territorio habitado pues iba casi vacío. Nada que ver con ahora. Resulta  que en algunas estaciones, muy pocas, los pasajeros que van a entrar guardan respetuosa cola en el andén, casi a la japonesa, pero aún así no pueden esperar a que salgan los que llegan. Pero el problema, que puede ser muy angustioso,  es en las estaciones con muchos pasajeros y que además no guardan cola de espera. Entonces llega un tren lleno hasta los topes de pasajeros en su interior.  Pero tan lleno que no había visto nada igual, ni en la línea 6 de Madrid a las 8 de la mañana, ni en el metro de Tokio en sus peores momentos. Entra en la estación, se para, y al abrirse la puerta se produce como una explosión de pasajeros hacia afuera que es frenado de golpe por los cientos que quieren entrar.  Si no lo ves no te lo puedes creer: la insolidaridad y la anarquía india llevadas a unos extremos que rozan la tragedia. Y no hay violencia porque el personal no es violento porque si no habría leches en cantidad. Y en un metro que tiene, creo,  menos de una década,  te sorprende que no se hayan puesto en práctica técnicas de movimientos de pasajeros que son habituales en todo el mundo. Imagino que habrá que esperar a que ocurra una desgracia para que las autoridades tomen cartas en el asunto. En resumen: horrible pero una experiencia nueva.

Como contraste el metro como tal está muy bien, con instalaciones y vagones totalmente nuevos y con escaleras mecánicas que hacen las delicias de algunos niños que no paran de subir y bajar. Y además en breve llegará hasta el aeropuerto. Y con muchas normas de conducta que a nosotros nos parecen elementales  pero que aquí deben escribirlas: “Prohibido escupir bajo multa de hasta 200 rupias (algo más de 3€) por escupitajo”. O eso entendí. Me pregunto quien cuenta el número de escupitajos y como considerarán la expulsión de toda la saliva con el betel que en algunos casos es como un pequeño vómito.

Estas y algunas otras cosas más nos pasaron en Delhi.

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