5. De Amman a Jerash.

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Panorámica algo distorsionada de Amman.He dormido estupendamente. La ventaja de tener la conciencia tranquila, el piso sin hipoteca y mucho sueño. Se desayuna en un gran salón al lado de la recepción. En un rincón, y en plan decorativo, hay una centralita telefónica de las que salen en las películas policíacas en los hoteles de los años 40.
Compruebo que es el típico hotel de mochileros: los que están desayunando son todos  jóvenes occidentales (muy jóvenes) excepto dos parejas de maduritos franceses. El desayuno sencillo, pero no ha estado nada mal.
Una ventaja de este tipo de hoteles es que cuando preguntas información sobre el viaje, te responden con lo que tú necesitas y no te dicen aquello de “coja un taxi”. Encima se me ha roto una tira de la mochila, lo cual aunque es una tontería puede resultar un verdadero problema. En una tienda de maletas me mandan a un taller de reparación y para que no me pierda me lo escriben en un papel en árabe. Gracias a eso hemos llegado y solucionado el problema.   El comienzo en este país no ha podido ser más agradable.
Cuando llego al hotel compruebo que se me esta abriendo la mochila por otro sitio. A veces me sorprendo de lo tonto que puedo llegar a ser. Quizás el arreglador también lo ha pensado al verme regresar a los cinco minutos  pero me ha vuelto a coser el desperfecto.
Cuando vamos por las calles de Amman, Marisa se sorprende de lo limpio que está todo. Y es que hace tan poco tiempo que hemos vuelto de la India que todavía utilizamos ese país como medida. No es que Amman no esté limpio, es que comparado con las ciudades de la India está limpísimo.
En el hotel oigo hablar castellano a dos jóvenes. Les pregunto por si han estado en Jerash con ánimos de enterarme de algún hotel y los transportes hacia el norte. Pues no, pero han visitado los castillos del desierto. Me dicen que están muy mal comunicados para ir con autobús, que ellos fueron en auto-stop. No estaba decidido a visitarlos pero ahora menos. Encontrarte con gente como tus mismos intereses es otra de las ventajas de estos hoteles.
Cogemos un taxi y nos vamos a la estación de autobuses. Resulta que la antigua estación estaba muy cerca del hotel pero la han trasladado a otra bastante lejos. El taxista, que debe ser un hombre honesto a pesar de la mala fama que tienen -aquí también-, me dice que no vamos por la calle principal sino por una secundaria porque ahora esta muy congestionado el centro. Lo curioso es como me dice lo del embotellamiento: cogiéndose los dos dedos índices.  Tendré que preguntar si es algo general o una invención del taxista para suplir su falta de ingles. De todas las maneras me ha sorprendido la explicación. Quizás es que creía que yo era un experto que ha ido muchas veces a esa estación y no sabia que si me hubiesen llevado dando un rodeo por El Corte Ingles de   Preciados o por la plaza del Torico de Teruel, no me hubiese enterado. Siempre recuerdo una escena en la que Clint Eastwood que llegaba de un pueblecito coge un taxi en una gran ciudad  y en un momento dado le dice al taxista: ¿cuantos almacenes de tal marca hay aquí? El taxista le contesta que uno y el le dice que han pasado dos o tres veces por el mismo sitio.  ¡Que tío el Clint! A mi me hubiese encantado poder decir lo mismo. Pero este taxista era honesto porque en el hotel me han advertido que no tenía que costarme más de 2 dinares y me ha costado uno y medio. Bueno, realmente marcaba 1470 pero es que los taxímetros en Amman muestran los precios en fils (1 JD equivale a 1000 fils). La guía te lo remarca mucho pero es que me parece imposible que alguien pueda pagar una carrera 1000 veces su precio.
Nos deja delante del autobús que va a Jerash y subimos  y rápidamente arrancan. Parece que nos estuviesen esperando. La guía advierte que en muchos sitios los autobuses no salen hasta que no están llenos y este solo tenía una plaza libre donde se ha sentado Marisa y un trasportín al lado del conductor donde iba yo. No te lo recomiendo. Era un autobús grande, no estaba mal y el chofer era un señor de unos 60 años que parecía un tipo serio y responsable, pero me ha hecho pasar bastante miedo. En la salida de Amman hay unas cuestas impresionantes y si tu vas sentado en la primera fila pues a veces… Además, por no molestar al conductor, yo intentaba que no se me notase,  pero alguna vez no me he controlado y me he cogido al salpicadero.
En menos de una hora hemos llegado a Jerash.

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2 comentarios to “5. De Amman a Jerash.”

  1. Carmen Says:

    Tu mochila se convertirá en un objeto icónico para el escudo de los futuros camarrupas viajeros.

  2. Angel de Jordania Says:

    Carmen, lamento decepcionarte pero mi mochila no es como aquellas botas a las que haces referencia: la compre este pasado mes de septiembre, lo que pasa es que es mala. Nada que ver con las botas que eran buenas pero viejas.
    Un beso

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