Esta vez salimos de Delhi a una hora bastante inhumana: las 4:45. La llegada al aeropuerto es impactante: hay un puesto con sacos terreros en la parte frontal de la entrada con policías con grandes ametralladoras y varios todos terrenos con más ametralladoras sobre trípodes. Y a pesar de lo mucho que han modernizado el aeropuerto siguen con la misma técnica que hace unos años: no te dejan entrar hasta antes de tres horas de la salida de tu vuelo. Si lo haces de día casi te da lo mismo pero a esas horas de la noche o madrugada y no teniendo hotel en el que refugiarte es preferible la sala de espera de un aeropuerto que nada. Aquí debes ir a una sala de espera que está en la parte exterior del aeropuerto, que antes era bastante cochambrosa y que ahora han arreglado; parte de la mejora ha sido hacer un restaurante para lo que han cogido un trozo de la sala, así que ahora hay menos sitio y si antes tenían problemas de espacio ahora todavía más. O sea que no te dejan entrar en el aeropuerto, en el hall de la facturación, y a donde te envían no tienes donde sentarte. Y además eso irá a peor pues conforme crezca el tráfico habrá más pasajeros y además tampoco caben en el interior, que está todavía más congestionado que la sala exterior. O sea muy mala solución.
O sí. Que ya ha empezado a aplicarse la “indianización”. Así en la sala de espera exterior ya había bastantes pasajeros sentados en el suelo. Acabarán, acabaremos, como en las estaciones de ferrocarril, durmiendo con una mantita largos sobre las baldosas. Pero al final cuando faltan las tres horas reglamentarias logramos entrar en el aeropuerto y en la facturación nos encontramos con el empleado más torpe de Qatar Airlines. Pero no de la India, del mundo. No he visto otro más patoso y más lento en mi vida. Algunos pasajeros detrás de nosotros se desesperaban. Lo mismo me ha pasado con el de emigración, pero creo que allí todos se llevan poco; son de los de “tecleo-con-un-dedo-de-una-sola-mano”. Y despacito. Y te vas de Delhi con la sensación de no haber visto jamás otro aeropuerto con tal cantidad de policías y con los trámites más absurdos.
Llegamos a Doha con el tiempo justo para coger el vuelo para Madrid. Y habiendo salido de Delhi con una temperatura estos días de 7º de mínima (la más baja de toda la temporada) y 22 de máxima vamos a llegar a Madrid donde estos días pasados han tenido -6º y una máxima de 5. En el vuelo de Doha a Madrid hay en el asiento delantero del nuestro un chino con un niño pequeño de 15 meses. Solo habla chino y un poco de español. Cuando nos dan el menú para el desayuno un español que está al otro lado del pasillo intenta ayudarlo y donde dice “salchicha de pollo” le explica que el plato está hecho con “salsa de pollo”. Hay que tener cuidado porque puedes meter la gamba y encima se enteran tus compañeros de viaje. Le ayudo en un par de ocasiones, sobre todo en cosas que tienen que ver con el bebé y su alimentación y luego acude a una azafata de aspecto chino. Pues era china pero solo de origen (abuelo chino y madre tailandesa) y no hablaba casi nada así que acude ella a mí para que le traduzca lo que le dice el chino. Porque él está muy interesado en saber cosas de la azafata. ¿Qué cosas? Pues si siempre viaja de Doha a Madrid. Era realmente un personaje muy gracioso. Y me daba continuamente las gracias. Después de un mes sin que me las dieran –los indios no lo hacen jamás- estaba muy bien.
El chino, de Alcorcón, había ido a buscar al niño a China porque estaba allí con su abuela. Creo que el bebé casi no lo conocía. Su mujer estaba en España y a pesar de que llevaba un equipaje considerable dentro de la cabina –y me temo que mucho más facturado-no iba nadie a buscarlo. El bebé cuando lloraba decía “yaya, yaya”. Deduje rápidamente que añoraba a su abuela y en chino se decía como en español. Pues no.
Llegando a Madrid, el “captain speaking” nos dice que la temperatura en Barajas es de 1ºC. ¡Un grado! Nos tenía que haber ido preparando porque algunos veníamos de la India y nosotros hace nada estábamos en Ahmedabad y un poco antes en Diu. ¡Es que no tienen delicadeza! Yo que voy en el avión con una camisa de manga corta.
Y la llegada de lo más espectacular. Otras veces entras en España y ya ves los Pirineos o la cordillera Central nevada pero hoy estaba toda Europa cubierta de nubes. Y concretamente Madrid con dos capas. Empezamos a descender y pasamos la primera. Sigue sin verse nada. Cuando atravesamos la segunda ya estamos casi tocando tierra. Y aparece el aeropuerto totalmente nevado. Y además con un montón de camiones quitanieves, que más que tranquilizarte te asustan. Luego me entero que hoy ha habido problemas con algunos vuelos. Pero el choque ha sido impresionante.
Ayudo al chino con el equipaje pues él solo con el niño ya tiene bastante pero al llegar a las ventanillas de emigración debemos seguir caminos separados así que me dirijo a una joven pareja con aspecto chino y les pregunto si pueden ayudarlo con el equipaje que llevo yo. Imagino que habrán pensado que a nosotros todos los orientales nos parecen chinos y quizás ellos eran tailandeses.
Nos espera nuestro hijo y ya se ha acabado el viaje.
Me quedo al final con dos imágenes: con esa impactante del Madrid nevado y la del puesto con sacos terreros en la entrada del aeropuerto de Delhi con policía con grandes ametralladoras sobre trípodes.