26. Dwarka.

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Ejemplo de ghat crematorio en VaranasiDespués de desayunar nos vamos al templo, al famoso Dwarkanath. Y vuelvo a percatarme de la paranoia de la seguridad: soldados o policías apostados en la entrada  con ametralladoras, de las de trípode, que impresionan más. Y dada la poca precisión de esas armas y la cantidad de personal que hay por allí no quiero ni pensar en qué pasaría si hubiese algún intento de atentado terrorista. Hoy llevamos la mochila con el material fotográfico pues queremos ir luego a dar una vuelta e intentamos dejarla en la consigna porque después de lo de ayer sabemos que no hay forma de entrar con ella. No entiendo porqué pero parece que hay algún problema. Quizás es que el “consignero” quiere una pasta adicional al vernos extranjeros. Le digo que tengo una cita con mi “amigo” el brahmán  y al oír su nombre “no problem”. No solamente puedo dejarla sino que además no me quiere cobrar.
Ayer fuimos a la estación de ferrocarril y nos encontramos a un par de indios en la cola que aunque solo hablaban cuatro palabras de inglés se mostraron muy amigables. Hoy nos los hemos vuelto a encontrar en el templo y se han alegrado muchísimo. Son turistas en peregrinación. Quizás sea signo de buena suerte encontrarte con unos extranjeros más de una vez.
El brahmán no está pero después de una corta espera llega.  Nada que ver  con el resto de los brahmanes. Es un tipo enjuto y fibroso con un chándal. Y elegante. Quizás él no se acuerda de mí, vaya, seguro que no se acuerda, pero nos trata con gran deferencia. Se disculpa, cosa nada habitual en este país, pues tiene problemas inmobiliarios: se está construyendo una casa. Y charlamos durante un buen rato. Le pregunto un montón de cosas sobre el hinduismo y los brahmanes. Lo que pasa es que algunas no me entiende y me contesta otras. Por fin logro enterarme de que en la India hay cuatro lugares –los más sagrados- y siete ciudades sagradas y solo Dwarka está en ambas clasificaciones.
Así descubro que hemos estado en 3 de los 4 y en 6 de las 7. Tendremos que visitar los que nos faltan para rellenar las casillas. Pensando luego sobre el que Dwarka esté precisamente en ambas listas me hace sospechar que quizás no haya sido totalmente imparcial. Como si le preguntas a uno de Convergencia y Unión si es más sagrada la basílica del  Pilar o la de Montserrat. ¿Qué crees que te  dirá? ¿Y si la pregunta se la haces a un canónigo de Zaragoza? Hace años estando en un lugar de esos clasificados como   “el  más sagrado” le pregunté a uno si esa calificación no la tenía Benarés. Pues como si le preguntas a un católico que te explique lo de la “inmaculada concepción”. Y además en inglés.
Pero estamos en Dwarka. Entre las preguntas una clásica (sobre todo en Birmania cuando estábamos en un monasterio): ¿cuántos “curas” hay en este templo? Me responde que 400. ¡Cuatrocientos! Estamos en un pueblecito enano de Gujarat, en el extremo oriental, en una puntita de nada, que ni siquiera aparece en el  mapa oficial que tengo del “Survey of India” y me dice que hay 400 brahmanes trabajando en aquel templo. Por si me equivoco le escribo el número en un papel. Que sí, que cuatrocientos.
Una de las cosas más curiosas de este templo es la ceremonia de la bandera. Un grupo de gente, generalmente peregrinos de un pueblo, colocan una bandera preciosa en el mástil que hay en lo alto de la “sikara” del templo. Lástima que esta vez no tengamos fotografías. El grupo se tira un buen rato dando vueltas por el interior del templo rezando y dando gritos. (Me imagino que serán jaculatorias dedicadas a Krishna). También van dando billetes de rupias pero no logré enterarme si eran para un brahmán que iba delante dirigiendo la ceremonia o a otro del grupo para pagar todo aquello. Porque es tan importante todo esto de la bandera que hay una lista de espera de un año. Y en España el personal se queja porque para casarse en la ermita de su pueblo tienen que esperar dos meses. Además el matrimonio católico es para toda la vida y la bandera solo está hasta la próxima ceremonia, o sea unas horas, pues hay varias a lo largo del día. Según me dijo el brahmán amigo los que la colocan en el mástil son gente de Dwarka, no los peregrinos, y que a pesar de no llevar arneses
ni ningún otro elemento de seguridad nunca ha habido ningún accidente. Iba a escribir “accidente mortal” pero es que el día que haya uno del que se caiga no van a recoger trozos mayores de 10 centímetros. Cúbicos.
Al final tiran un coco y los fieles se lanzan como locos para coger un pedacito y comérselo. A nosotros un brahmán nos ha dado un trocito. Me ha sabido mal decirle que no, pero luego no sabíamos que hacer con él. También le pregunté por los controles de seguridad: me dijo que era como consecuencia del ataque de Bombay, famoso en España por la “espantá” de Doña Esperanza. Parece que creen que los terroristas, que venían de Paquistán, desembarcaron en la vecina Okha, y que todo el tema es por la policía, no por ellos. Lástima que no hayamos podido seguir charlando pues debe volver a sus quehaceres constructores y me quedan un montón de dudas algunas de las cuales las intentaré plasmar en el artículo final.
Dejamos el templo y nos acercamos a los “ghats”. Allí nos volvemos a encontrar con los “amigos” de la cola de la estación. De nuevo grandes saludos y nos presentan al resto de las familias que van con ellos. Nos piden hacernos fotos todos  juntos. Pues yo también me alegré. Y en estos “ghats”, como en todos los demás, te vuelve a sorprender la libertad con la que se bañan las señoras.
Muy cerca de los “ghats” está el mar (creo que estos “ghats” son “marinos”) y allá abajo hay una playa. Grupos de familias con los pies dentro del agua se hacen fotos y se ríen divertidos. Y justo encima de la playa, al lado, un crematorio con uno ardiendo. La alegría de la vida al lado de la tristeza de la muerte.
De regreso al hotel pasamos por el exterior del templo y volvemos a ver la ceremonia del izado de la bandera. Mi consejo: se ve mejor desde fuera que desde dentro aunque no puedas ver el fervor del grupo que ha pagado el acto. Ni corras el peligro que te descalabren con un coco sagrado.

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