18. Camino de Palitana.

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Gujarat dentro de la India.El tren de de Ujjain nos ha dejado a las 8 de la mañana en Ahmedabad, etapa necesaria para ir a Palitana. El viaje podría haber sido muy bueno, pero, amigo, esto es la India, el país con más normas y menos respeto por los demás que conozco. La gente aparca en la carretera o en la calle donde cree que tiene que hacerlo sin importarle si eso perjudica a alguien.  Pues lo mismo pasa en el tren y cuando deciden que tienen que hablar lo mismo les da que sean las tres de la tarde que las tres de la madrugada.
Con un autorickshaw nos vamos a la estación de autobuses y a pesar de que le digo al conductor claramente donde quiero ir y fijo el precio, él intenta por todos los medios llevarme a las agencias de viaje privadas, que afortunadamente no tienen transporte a Palitana, y encima cuando me deja en la estación de autobuses me dice que le pague el doble porque el precio fijado era por pasajero. Y estas martingalas un día sí y otro también comprendo que llegan a agotarte.
Ahora pasamos de viajar cómodamente  y seguros en el tren a hacerlo en un autobús que no  es confortable ni el chófer te inspira confianza de la manera que conduce. Y eso que son autobuses de la compañía estatal de Gujarat. Porque hemos dejado M.P. y estamos en este otro estado que ya visité en el 2005 y que tiene lugares de gran interés. Esta situado entre Rajastán al norte, Maharastra, el estado de Bombay, al sur, con una costa de 1600 kilómetros, como toda la costa mediterránea, y con un trozo al noroeste fronterizo con el sur de Paquistán, lo que le provoca algunos problemas,  y encima parece que fue el punto de entrada de los terroristas del ataque de Bombay del año pasado.
Nuestro deseo es volver a visitar Palitana, Diu, Dwarka y Ahmedabad, que Marisa no conoce  y si hay tiempo algo más donde no haya estado antes. Y como no sé como irán los autobuses ni las conexiones posibles dejamos los planes bastante abiertos.
Como antes en el Punjab, donde estuvimos al comienzo del viaje, aquí también tienen idioma y alfabeto propio y así enseguida nos percatamos que todo está escrito solo en esa lengua, sobre todo en cuanto sales de Ahmedabad, aunque a veces también está en hindi, lo que para mí es lo mismo.
Este estado tiene tres puntos muy importantes desde el punto de vista religioso: Palitana para los jaínos, y Dwarka y Somnath para los hindúes. Su población pasa de los 50 millones de habitantes y su superficie no llega a los 200 mil kilómetros cuadrados. Si tienes en cuenta que la parte fronteriza con Paquistán es un terreno pantanoso muy poco habitado y que además tiene zonas desérticas entenderás que Ahmedabad –que no es la capital, que lo es Gandhinagar- tenga más de 5 millones de habitantes y tenga algunas otras ciudades muy grandes. Y, como viajero, la segunda sorpresa después del estado de decrepitud de los autobuses es que los conductores y cobradores van con uniformes caquis, como los de la policía, y que el billete que te venden en el autobús te lo suministran con maquinitas electrónicas, cosa que contrasta con el resto. Las ventanillas del autobús son trozos de metacrilato violeta que están hechas polvo y en algunos casos rotas pero que nunca ajustan. Así en un montón de horas llegamos a Palitana.
A pesar de ser una ciudad con muchísimo movimiento  viajero apenas hay hoteles pues el personal sea hindú o jaíno solo viene aquí de peregrinación y se alojan en las posadas especiales para ellos, las dharamsalas,  La guía solo habla de un hotel, otro que es del turismo oficial  y donde estuve en mi anterior visita y que estaba en muy mal estado de conservación y de un palacio. Nos vamos al primero al que la guía lo define como de habitaciones “ultrabásicas” pero que dice que son lo mejor de la ciudad. Una vez visto y alojados en él miedo da pensar en cómo serán los demás.
Vamos a dar una vuelta por la zona más “comercial” antes de cenar. Pasamos por el “Willingdon Vegetable Market”, un mercado cubierto de la época británica, muy mal conservado pero muy interesante.  La guía a veces parece demasiado angelical y dice que puedes comprar vegetales a muy buen precio. Eso es como si te dijesen que el carbón está barato, porque ¿qué haces con las maravillosas berenjenas que hay allí?
Nos encontramos con una inglesa que está en el hotel, y que todo lo encuentra “lovely”, y nos dice que si no nos importa que vendrá con nosotros. A mí realmente no me importa pero esta gente tan entusiasta me fatiga un poco. Encuentra a las mujeres indias maravillosamente vestidas. Seguramente habrá pocas prendas en el mundo más incómodas y poco prácticas para la vida diaria y el trabajo en el campo que un sari. Me recuerda a las que defienden el velo islámico, sobre todo desde una óptica occidental.
Nos encontramos, o mejor él nos encuentra a nosotros, con un señor de unos setenta años. Yo en estos encuentros casuales siempre estoy un poco desconfiado porque en la mayoría de los caso al final siempre han intentado venderme algo, sean sus servicios o una thermomix. Habla un inglés estupendo y nos acompaña un buen rato. Nos explica cosas sobre el mundo jaíno al que él pertenece, y también de los lugares por los que pasamos. Aprovecho para preguntarle el porqué de la prohibición de comer cebollas y ajos. Pues resulta que no pueden comer nada que crezca debajo de la tierra como zanahorias o patatas. Y es porque cuando arrancas la planta se muere. ¡Joder con los tubérculos! ¿Qué creen que le pasa a un brócoli? Al final ha resultado ser un encuentro muy interesante.
Vamos a cenar a un restaurante que recomienda la guía y que según ella tiene de todo. Pues no, ese día para cenar solo tienen un platillo de algo rojo que pica como un demonio, claro que estando allí aparece la inglesa que encuentra la cena “lovely”. Así que acabamos cenando –yo por segunda vez- en el hotel del turismo del estado y es un restaurante tristísimo. Y pronto a dormir  que mañana hay que madrugar.
Sobre los retretes.
Hoy Marisa ha “visitado” las “toilettes” más sucias que ha visto en su vida y eso que por desgracia le ha tocado ver unas cuantas: las de la estación de autobuses de Ahmedabad.
Sobre el inglés.
Hoy me ha abordado el jovencito más gracioso del viaje. Se me acerca, me mira y me dice: “My name is…” y se queda esperando que yo haga la frase. Lo hago y se marcha satisfecho.

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Una respuesta to “18. Camino de Palitana.”

  1. Esteban Says:

    Estuve aloado en ese mismo hoel de Palitana.

    En la habitación que entraba un árbol en la habitación por la ventana. Penoso.

    Tengo uan fotografía con unas mosquiteras que me hice en Delhi con malla de plástico indescriptibles.

    Pero el cocinero hacía un arroz excelente.

    Los jainitas me caen bien, pero me encanta la cebolla en todas sus formas

    Saludos
    Esteban

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