Hemos pensado seriamente quedarnos un día más en Mandu pues es de esos sitios donde apetece pasear y olvidarte de las muchedumbre y agobios de Bhopal o Indore, pero hay dos motivos para marcharnos: hace varios días que no entramos en internet y Marisa no tiene cargador de las baterías para la maquina fotográfica así que en un día o dos se queda en seco y aquí seguro que no hay medio de solucionar el problema. Desayunamos en el hotel y con pena nos vamos pues a pesar del “overpriced” hemos estado francamente bien. La salida de Mandu con el autobús es algo increíble: se pasa por un par de puertas en los restos de la muralla por los que cabe justito y menos mal que el conductor hace el trayecto todos los días. Quizás esa sea la causa de que no haya grandes vehículos en esa ciudad ni en la carretera de acceso.
Más tarde, y durante muchos kilómetros, se siguen viendo restos de fortificaciones o de edificaciones tipo palacios distribuidos por todo el territorio.
En el hotel me aseguraron que para ir de Mandu a Ujjain no tenia que ir a Indore, bastaba con ir a Dhar, el nudo de comunicaciones de la comarca, y que desde allí había “many buses” directos a Ujjain. Mi experiencia es que cuando pregunto por la frecuencia de los autobuses de un recorrido y me dicen la frase “many, many buses” se me ponen los pelos de punta. Eso es que no lo saben, pero un indio nunca lo reconocerá. Incluso como hoy que quizás no haya ninguno. Afortunadamente un joven que se sienta a mi lado y que habla algo de inglés me dice que para ir a Ujjain no hay autobuses desde Dhar, que debo ir a Indore. Por si vienes aquí te cuento un “misterio practico”: no hay autobuses directos de Indore a Mandu y si los hay nadie te puede dar cuenta de ellos, pero sí hay dos o tres cada día de Mandu a Indore. Y nosotros vamos en uno de ellos. Al llegar a Dhar lo compruebo y es así, y encima vamos bien sentados aunque sea en un “local bus’. El problema es que vamos sentados en los asientos inmediatos detrás del conductor y ya me había olvidado de cómo conducen aquí. Y se pasa francamente miedo. Esos adelantamientos aprovechando hasta el último segundo…pues miedo. Los otros días habrá sido igual dados los frenazos y volantazos que notas pero no los veía. Y hoy ha sido terrorífico.
Y en tres horas y media llegamos a Indore. Son 70 kilómetros. De allí en un rickshaw a la otra estación de autobuses. Como desde allí si que hay “many, many buses” a Ujjain aprovechamos para ir a una tienda de fotografía que recomienda la guía para ver si podemos resolver el problema del cargador de las baterías. El encontrar a alguien que supiese donde estaba esa tienda ha sido tan laborioso que hemos estado a punto de abandonar el intento. Y eso te muestra una cara de la India que a veces te desespera. La tienda tenia como dirección el 7 de Mahatma Gandhi, que seria como el 7 de la avenida del Generalísimo (antes de 1975). O sea la calle más importante de la ciudad. Pues ni los conductores de rickshaw eran capaces de entenderlo cuando se lo señalaba en el mapa. Pero el colmo ha sido que veo a tres policías y les pido ayuda: ¡son incapaces de interpretar el mapa de su ciudad! Lo divertido es que la gente se acerca y cada uno da su interpretación del lugar que buscamos. Al final uno que está mas enterado, para a un rickshaw y le explica cuidadosamente donde tiene que llevarnos, el lugar donde esta el “color lab’, que por lo visto se dice igual en inglés que en hindi, pues es lo único que he entendido.
Nos subimos y compruebo con preocupación que va en dirección contraria a la que debía ir según el mapa. Y es que nos lleva a una tienda de fotografía, “color lab”, que le ha indicado el último espontáneo. Afortunadamente allí le explican al conductor a dónde tiene que llevarnos y efectivamente en aquella tiendecita tienen un cargador del tipo que necesitamos. ¡Estamos salvados!
El autobús que nos lleva de Indore a Ujjain va tan lento como el otro pero como no veo la carretera, ojos que no ven…Y así en poco más de dos horas llegamos a Ujjain. Marisa se queda con las mochilas y me voy a buscar hotel. Tenemos mucho interés en ir al mismo donde estuve el año pasado pero hoy esta completo. Lo mismo pasa en la segunda opción. Es porque es época de bodas. Al final nos quedamos en uno que esta realmente “overpriced” pues es bastante feo y para los estándares indios bastante caro.
Vamos a sacar el billete de tren para irnos pasado mañana a Ahmedabad y tenemos que quedarnos en la lista de espera. Me explican el camino a seguir para cambiar ese billete por el definitivo. Veremos como sale.
Camino del restaurante para cenar nos encontramos con dos comitivas de boda. Marisa no las había visto pues parece que esta es la época propicia y se queda muy sorprendida del montaje. A mí que me produce un verdadero trastorno psíquico el ir a una boda, vaya que no voy, me horroriza pensar que tuviese que formar parte de un cortejo así.
Cena, internet, un helado estupendo y a dormir que mañana hay que madrugar.
PS. Vista la experiencia de buscar algo en una ciudad donde ni los policías son capaces de interpretar un plano imagínate que tienes que ir obligatoriamente a algún sitio y que es importante para ti. Y que nadie te entiende. Es realmente desesperante y eso que en nuestro caso podíamos prescindir de lo que buscábamos. Quedas advertido.