14. Mandu, segunda.

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El pabellón de Rupmati en Mandu.Hoy nos vamos a desayunar al cercano hotel del turismo de M.P (Madhya Pradesh). No hay nadie y el restaurante-cafetería podría ser el de cualquier ciudad europea. Excepto por los precios. Y porque en la India, y en general en Asia, guisan casi sin sal. Desayunamos estupendamente y nos lanzamos a ver Rewa Kund,  el grupo de monumentos que está más lejos del pueblo. La guía dice que están a 4 kilómetros y alguien nos ha dicho que a 6, creo que depende desde donde empiecen a medir. Nosotros hemos hecho casi seis.
El recorrido a esas horas tempranas es una maravilla. Por primera vez estamos en una carretera casi sin circulación, solo alguna moto que, sobrecargada de pasajeros y de pequeña cilindrada, va muy despacio y de vez en cuando algún coche de turistas indios. Un par de turistas occidentales en bici, que es como recomienda la guía y yo también, pero nosotros vamos andando. También iba así un grupo de peregrinos-turistas pobres y mayores.  Esta gente andaba a buen paso y cada kilómetro se paraba a descansar, así que nos pasaban y les pasábamos. Una de las veces veo a uno de ellos escribiendo en una libreta. ¡Hace como yo, escribe el borrador para un blog! Bueno, eso es lo que he pensado pues solo hablaban hindi. Le pedimos hacerle una foto al que estaba así sentado en el suelo escribiendo y posa encantado haciendo como que escribe, pues por lo visto ya había acabado y además coquetamente se sube la manga de la camisa para mostrar su reloj de pulsera. Por supuesto tenemos que hacer una sesión fotográfica a todo el grupo, en su conjunto y uno por uno.
En este camino hemos pasado al lado de muchas chozas de barro, pero por lo menos exteriormente muy arregladas. Si Marisa intentaba hacerle una foto a la cabaña rápidamente salía la señora con su niño para que les hiciese una foto también a ellos. Bien es verdad que también hemos encontrado niños que nos  pedían un bolígrafo y chocolate. Total que el camino ha sido mas largo de lo previsto. Nos hemos encontrado con unos niños que iban a la escuela: uno de ellos llevaba una pizarrita. Yo que pensaba que eso ya no existía y menos aqui en la patria de la tecnología de la información. En el camino vemos algunos grandes ejemplares de baobab. Ni idea de que ese árbol existía en la India. He descubierto que su fruto es el que llevaban algunos turistas indios y que habían comprado en el pueblo.
Al final llegamos al grupo de Rewa Kund que esta formado por dos monumentos: el palacio de Baz Bahadur y el pabellón de Rupmati. Y aquí se junta la historia y la leyenda. La historia es que ambos fueron construídos antes de que mandase Bahadur que fue el último gobernante independiente de Mandu hasta que huyó cuando el emperador mogol Akbar invadió su reino. La leyenda dice que Bahadur para conquistar a una cantante hindú, Rupmati, hizo construir ese palacio- pabellón en lo alto de esa colina desde donde su amada podía llegar a ver el sagrado río Narmada y así consiguió que se trasladase a vivir  allí con él. Luego cuando Akbar iba a atacar Mandu, el “valiente” Bahadur huyó dejando sola a Rupmati quien se envenenó. Esta trágica historia de amor y cobardía es objeto de cantos populares. Realmente son dos lugares muy bonitos con bastantes turistas indios. Allí de nuevo un par de jóvenes nos piden que les fotografiemos. Yalgo más nos han pedido porque nos han hablado un buen rato en hindi y al final nos han sacado un papel cada uno y nos han pedido un autógrafo.
Cuando ya nos íbamos del palacio ha aparecido un grupo de cuatro turistas occidentales de unos 60 y tantos años, muy elegantes –como los personajes  de “Memorias de África”- y con un guía indio. Se han sentado en un mirador, todo muy cinematográfico, y a los cinco minutos ha aparecido  otro indio con botellas de agua y dos cajas de poliestireno expandido con comida. ¡Luego dirán que la vida del viajero no es dura! Efectivamente había en el aparcamiento una magnifica furgoneta de  12 plazas. Para que no fueran muy apretados.
Volvemos al pueblo y vemos como desde una humilde cabaña un indio, con gran destreza,  roba electricidad de los cables que pasan al lado de su choza.
Vemos que se nos echa el tiempo encima y aun  nos queda por visitar el tercer grupo de monumentos, el “Royal Enclave”, que mira que es fácil decir “enclave” pues que difícil lo hacen ellos. Está a unos 500 metros del pueblo y es el más visitado de todos. Aquí esta el palacio construido por Ghiyas-ud-din, el de las 15 mil esposas (o mejor seria decir “doncellas’). Pienso en la gente que organiza una fiesta increíble el día de su boda (“¡es una vez en la vida!” dicen ilusionados  y en algunos casos ilusos). Imagínate que tuvieses que hacerlo 15 mil veces. ¡Pobre hombre! Y no te digo nada si te invitase y además fueses mujer, que no te puedes poner el mismo traje para ir a dos bodas  y además aquí todavía menos con el mismo contrayente. No me extraña que su hijo lo liquidase. Lo que no logro entender es cómo pudo aguantar hasta los 80 años con tanto trajín. Aunque no consumase.
Todos los monumentos tienen una construcción muy especial y muy diferente de los que estamos acostumbrados a ver. Y muchas piscinas, tanques de agua y estanques.
Algunos de los edificios están medio en ruinas y me recuerdan las estampas y primeras fotografías de los viajeros europeos del “Grand Tour” especialmente las de la visita a Italia. Allí hemos estado hasta que se ha puesto el sol dorando las piedras del Jahaz Mazal.
Ultimas fotos de la cúpula de la tumba de Hoshang desde la calle aprovechando la luz de la luna llena  y vuelta ya de noche al hotel. La carretera tiene un tubo fluorescente cada 100 metros y esa luz pública es realmente algo excepcional en este país pues esos 500 metros desde el pueblo hasta nuestro hotel están totalmente deshabitados.
En el hotel vemos a los galeses que nos dicen que ellos también se van mañana a Indore.
Cena estupenda aunque  a pesar de las advertencias y de que ayer no picaba, pero hoy sí lo hace.
Y una piedra en el camino: se ha estropeado el cargador de las pilas de la cámara de Marisa. así que vienes aquí totalmente prevenido con baterías y tarjetas de memoria  pero se te estropea el cargador y te quedas totalmente tirado pues no sabemos si hasta Delhi encontraremos repuesto. Afortunadamente hemos cargado con otra cámara que como utiliza pilas AA nunca nos dejara tirados.
Mañana a Ujjain.

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Una respuesta to “14. Mandu, segunda.”

  1. jose luis Says:

    Pues sí, yo creía que sólo había baobabs en Madagascar y Senegal.

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