13. Mandu.

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La mezquita Jami de Mandu.Nos vamos a comer a un restaurante que recomienda la guía. “¿Qué es lo menos picante que tienen en la carta?”. “Pues esto y esto no pican nada”. No te lo creas. Nunca.
Aquí hay un montón de restos diseminados por los campos pero hay tres grupos que son los más interesantes. Los tres vallados y con entrada. Y como siempre que está por en medio el “Archaeological Survey of India”  a los extranjeros nos cruje. No es que sea caro en términos absolutos, pero es que los indios –e imagino que los afganos también, auque no lo he visto escrito como en Sanchi- pagan 5 rupias y nosotros 100. O sea 20 veces más. O sea 2000% más. ¡Qué ganas tengo de que cuando el Sr. Jefe del “Archaeological” vaya al Prado le cobren  140 euros por entrar!
Hoy vamos a visitar el que se conoce como “Village Group”, o sea el que está en el pueblo. Tiene tres monumentos y sólo por cada uno de los dos primeros merecería la pena venir hasta aquí.  Es que te quedas con la boca abierta.
La mezquita es del siglo XV y es una de las más bonitas que he visto en mi vida. Y como además esta desacralizada no tienes que andar descalzo aunque casi todos los indios lo hacen cuando la visitan. Quizás en sus diferentes idiomas no exista la palabra “desacralizar”  y no lo entiendan como concepto pues aquí lo que hacen continuamente es “sacralizar” cualquier cosa, objeto o circunstancia.
A su lado esta la tumba de Hoshang Sha, el que empezó la construcción de la mezquita y bajo cuyo reinado Mandu alcanzo su máximo esplendor. Y es otra maravilla.  Y en nuestro caso lo fue doblemente pues un alto y joven indio musulmán –y muy guapo- cantó allí durante 10 0 15 minutos. Cantó o mejor rezó pues al final le pregunté si era cantor profesional y me dijo que no, pero resulta que era cura musulmán y entonces claro que era un profesional.
Fue algo fuera de serie en aquel ambiente y estando sólo dos amigos del ejecutante y nosotros dos.
Fue una de esas situaciones que las vives una vez pero las recuerdas toda la vida.
A este pueblo acuden peregrinaciones pero no sé si son de tipo religioso o en plan turístico de la tercera edad pues aquí no sé que haya ningún monumento hindú, pero llegan grupos pequeños de 8 o 10 personas con aspecto de campesinos mayores o muy mayores, ellos vestidos con ropas blancas y turbantes y ellas como todas la indias de las zonas rurales. La mayoría de los hombres llevan bastones que por su aspecto igual sirven para apoyarse que para partirle la cabeza a otro. Todos con los rostros quemados, pero mucho, por el sol. Y unos rasgos como esculpidos. Y si se te ocurre pedirle si puedes hacerle una foto a uno, no solo te posa  diligente y encantado sino que debes hacerle una foto a cada uno del grupo y luego al grupo entero. Y luego como aquí hay turistas indios te ven tan exótico –imagino- que nos piden continuamente que les hiciésemos fotos  o hacérsela con nosotros con su teléfono celular.
Esto de la fotografía es increíble: a unos les parece que les robas el alma y otros parece que te la quieren robar a ti pues no me imagino qué harán cuando lleguen a su pueblo o su ciudad, pues algunos eran de Indore o de Bhopal, y se las enseñen a sus amigos y seres queridos. Si por lo menos fuesen de mis nietos que son tan guapos…pero de nosotros…
Incluso algunos turistas indios te piden que le haga una foto al niño, que en algunas ocasiones te mira horrorizado, pero no te piden que se las envíes ni nada parecido. Solo que los fotografíes.
Acabamos en el tercer monumento, una antigua madrasa.  Luego un té en una garita del pueblo donde un guía nos explica lo de las “tribus salvajes”. Le pregunte que como se distinguían, porque en Chhatisgarh sí los veías diferentes, pero éste me dijo que iban vestidos como campesinos pobres. Así que no sé si son realmente ‘salvajes” o sólo “pobres”.
Volvemos al hotel, una cena estupenda a base de berenjenas que además no pican  y a la habitacion, que aquí no hay nada que hacer.

PS Esta noche volviendo al hotel, que está  a medio kilómetro del pueblo, hemos visto volar a un par de murciélagos tan grandes como los del año pasado en Sitwe, en el norte de Birmania. Realmente eran unos ejemplares muy grandes. No se donde pasarán el día y si viven en cuevas o en árboles como los birmanos, pero debe ser impresionante verlos de cerca.

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