11. De Indore a Omkareshwar.

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Omkareshwar a orilla del NarmadaLo malo de estar en un hotel de una categoría “que no nos corresponde”  es que no están acostumbrados a los viajeros occidentales independientes y no saben nada de lo que a ti te interesa, como autobuses, horarios, combinaciones, sitios de Internet…Los indios que vienen aquí lo hacen con su coche y los extranjeros no sé cómo lo hacen pero en la recepción no saben nada de nada.
Vamos a la estación de autobuses en un paseo y nada más llegar sale uno para Omkareshwar, nuestra visita de hoy. Como somos los últimos ya esta lleno pero nos hacen un hueco en una especie de jaula. Me explico.
El año pasado descubrí primero en Chattisgarh y luego en Madhya Pradesh, estos autobuses  y encima en uno de ellos tuve un accidente volviendo de Pachmari.  En ellos además de unos pocos asientos en la parte derecha, solo 12 o 14, el resto son como celdas tipo litera. En la parte derecha encima de los asientos celdas para familias que se sientan con las piernas cruzadas, cuando viajan de día, y donde se meten 4 ó 5, más si son niños. Y en la parte izquierda lo mismo pero con celdas para dormir uno donde meten 4 o 5 en la inferior cuando se viaja de día y dos en la superior. Pues en una de estas últimas nos metieron. El único problema, el mío es que tu torso sea mas alto que la altura de la celda. O sea que te sientas y la cabeza no te cabe. Pero sólo eran tres horas de viaje. Además cuando cogen un bache, y más si vas como nosotros en la parte trasera, el coscorrón esta asegurado. Afortunadamente a las dos horas puede coger un asiento normal y Marisa ponerse más cómoda. Otra particularidad de ese autobús es que el chofer era un tío muy gracioso y cuando me cambié a un asiento delantero me percaté de que estaba hablando continuamente con alguno y volviéndose para seguir mejor la conversación. Y para acabar le dejó al cobrador que condujese un rato. Le dice que se siente y sin dejar de conducir le deja un hueco en su asiento, el otro coge el volante –no se si también los pedales- y a llevar alegremente el autobús. La verdad es que era un tramo con menos circulación pero seguía siendo la India. Pues tuvo un pequeño susto y sin parar tampoco volvió a levantarse uno y coger el mando el otro.
Y así en las tres horas llegamos a Omkareshwar. Aquí el personal viene a rezar y a purificarse porque ésta es una isla bañada por el río Narmada, uno de los ríos sagrados de este país. (¿Pero hay algún río que no sea sagrado en la India?).
Desde donde te deja el transporte hasta el puente que cruza a la isla, todo esta lleno de puestos de artículos religiosos. En este tramo se nos acercan media docena de brahmanes para ofrecernos sus servicios e incluso me deben recitar las tarifas como si un no hindú pudiese entender la diferencia. No les hago ni caso pero aquí no son tan agresivos como lo eran en Pushkar y enseguida abandonan.
En una tasca comemos unos fritos. Es uno de esos lugares  increíbles que solo puedes encontrar en este país: un abuelo friendo samosas (el buñuelo relleno de una pasta de patata) que es que no te lo puedes imaginar. Parece  de esos personajes que han nacido  de una roca y allí siguen hasta que se mueren.  Y si no fuese porque a los hindúes los queman a éste imagino que lo enterrarían debajo de la losa donde esta sentado trabajando. Las samosas son un alimento muy socorrido pues las encuentras en cualquier sitio y son muy nutritivas, pero cometemos el error de pedir para los dos sin probar una antes olvidándonos de donde estamos: pican como un demonio.
Ya desde que pisas este lugar además de todos los fieles te encuentras peregrinos vestidos de color butano y muchos santones con las pintas más estrafalarias que te puedas imaginar.  Cruzas el puente y de nuevo acuden los brahmanes a ofrecerte sus servicios. ¿No se darán cuenta de que soy un “librepensador”? Así se declaraba la premio Nobel italiana Montalcini.
La calle principal es una serie ininterrumpida de puestos de objetos y baratijas de “arte sacro”. En uno de ellos le hace Marisa a una vendedora unas fotos y es guapísima. La chica sonríe tímida pero no sabe que hacer, no posa con desparpajo como suele ocurrir.
Subimos por las escaleras -370 dice la guía- que llevan a la cima de la colina donde esta el templo de Gaudi Somnath. No confundir con otro horroroso que acaban de construir con un dios hindú enorme que parece un ninot de falla. Y alrededor del templo muchas ruinas de lo que debía ser una fortaleza  o un santuario enorme. Da verdadera pena ver esa cantidad de restos por todos los lados, incluidas algunas esculturas que podrían estar en cualquier museo.
Nos cruzamos continuamente con familias y grupos que nos saludan con un “arion” y también por primera vez con “namaste”.  Yo esta palabra la conocía de los libros como saludo en hindi pero creo que no la había oído nunca aquí  y solo una vez en un programa del… (pon el adjetivo calificativo que te sugiera el personaje que seguramente no te ha dejado indiferente) Sr. Sánchez Drago.
Como casi todo el mundo nos saludaba no sé si eso es más de peregrinos pues los indios casi ni se saludan, ni piden perdón, ni dan las gracias. Para mi que no hay esas palabras en sus idiomas.
En todo el camino que baja de ese templo te encuentras cabañas que se van levantando, unas se utilizan como tiendecitas con alguna golosina, otras con té y algunas con un montaje religioso con pequeñas capillas. Y así ves como el personal va ocupando los terrenos y pienso en la cantidad de restos arqueológicos que se estarán perdiendo pero aquí la gente se busca la vida como puede.
En una parada técnica para recuperar el aliento –los que subían, que nosotros bajábamos-  les pedimos a unos señores si les podemos hacer unas fotos. Por supuesto que acceden pero Marisa quería hacérselas como iban en aquel momento pues eran campesinos con turbante pero debe ser poco elegante salir así y rápidamente se lo quitaron. Como el mas interesante  no miraba a la cámara yo le indicaba que lo hiciera, pero no se qué entendía que él se levantaba o se estiraba el bigote o hacia cualquier cosa. Fue muy divertido. también vemos a un occidental mayor con el pelo blanco muy largo y con la túnica de color butano pero con una esplendida cámara digital.
¿Será un periodista o un científico social investigando? ¿Un etólogo? ¿Un arrepentido, pero menos, de la vida que llevaba en su país?
Así llegamos a la punta de la isla donde la guía dice que se unen el río Narmada con el Keveri, pero que yo no logro entender  como esto puede ser una isla. Esta vez el río baja con menos agua que el año pasado y podemos acceder a un pequeño templo que hay en la misma punta. En ese lugar un grupo de una docena de  mujeres se esta bañando o purificando. O ambas cosas. ¡Con lo pudorosas que son las indias qué poco lo son en esos momentos! El año pasado incluso vi una ceremonia como de exorcismo pero ahora el ambiente esta más tranquilo.
En una barca que llega desde los ghats que están debajo del puente llega una pareja de jovencitos  occidentales vestidos como el estilo indio de la “Semana india de El Corte Ingles”, tú ya me entiendes.
Cuando volvemos al camino de regreso los encontramos debajo de un sombrajo con media docena de santones (o vividores) que estaban fumando  y creo que no tabaco precisamente. De vez en cuando estos crédulos jovencitos que piensan que todo el que fuma hierba es buena persona, que todo lo indio implica no violencia -no han cogido un autobús- y que todo lo oriental “mola”, pues se llevan algún susto.
Volviendo vemos una residencia con aspecto muy arreglado y con gente parecida al occidental de la cámara. Puede que sea un negociete como los de Rishikesh.
Llegamos a coger el autobús de vuelta a Indore y es un asalto en toda regla. Y es que este país no es para espíritus sensibles. O vas de pie en lugar de ir sentado. Y aquí no vale ir con niños, ser paralítico o estar embarazada. Que de todos esos grupos este país esta muy bien surtido.
Y en menos de tres horas y sin ver quien conduce, si es un conductor o un cobrador –pues vamos casi al final del autobús, pero sentados- llegamos ya de noche a Indore. Intentando arreglar los pasos de los próximos días nos vamos a la estación de ferrocarril. allí un amable ferroviario nos explica que el tren que querríamos coger dentro de cinco días va todo lleno pero que podemos acceder a la cuota “tatkal” con un recargo . Ha sido muy útil pero un poco descorazonador.
Luego vamos a la estación de autobuses para preguntar por el viaje de mañana. En la garita de información apenas hablan inglés y además no entienden lo que les pregunto así que le transmiten  mi pregunta a un viejecito que hay sentado allí y que parece que está en otro mundo, como esos oráculos de las películas de ciencia ficción. Al final me dicen que hay un autobús a  las seis de la mañana; vamos de mal en peor. Y además entre todo ese trasvase de información no me puedo fiar un pelo.
Después de la exigua comida, sobre todo para Marisa, nos vamos a comer a una calle llena de restaurantes que esta al lado. El año pasado  ya descubrí ese espectáculo: colas de jóvenes varones esperando entrar en media docena de esos restaurantes. Probamos en uno con menos cola (en los medio vacíos no queremos ni probar) y me dicen que es “non veg”. La observación es pertinente pues todos los platos tienen carne. Hasta ahora había visto que fuesen solo vegetarianos, o mezcla pero no lo de hoy. Les preguntamos cuales son los platos menos picantes  y esta vez es verdad. También es la primera vez que no le ponen a Marisa ninguna herramienta para comer su pollo en salsa que esta estupendo. Menos mal que para mi arroz me han dado una cucharilla de café.
Una buena cena pero sin rastro de internet así que volvemos al hotel. Y mañana a Mandu. Si logramos dar con el autobús.

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5 comentarios to “11. De Indore a Omkareshwar.”

  1. otra Marisa Says:

    Que quede claro que el que no haya comentarios no quiere decir no haya quien te lea. Es que sigue siendo un placer leer las crónicas y no tengo nada que objetar a lo que dices. Besos para los dos.

  2. lola Says:

    Ya veo que seguís vivos y disfrutando por esas tierras, pese a los avatares de esos viajes enjaulados. Ya veremos esas fotos maravillosas que estará haciendo Marisa. Muchos besos a los dos.

  3. Carmen Says:

    No sé si ya hice un comentario parecido en otro viaje por India, pero lo repito porque cuaqndo leí “El océano de las historias” de Salman Rusdie, libro que recomiendo, describía un viaje en autobús por las montañas, de Pakistán, se supone, porque el relato es imaginario, que piensas que es una pasada y qué divertido y cuanta imaginación la del sr. Salman y… lees al sr. Ángel y dices, anda, pues es cierto.

  4. Angel de la India Says:

    !Jo tias! (como diria un joven), con vuestros comentarios ganas me dan de seguir viajando un par de meses mas.
    Un beso

  5. jose luis Says:

    De verdad puedo poner un adjetivo calificativo a Mr.S-D. Podemos hacer un concurso y poner en el otro lado de la balanza a Wyoming, para que otros puedan jugar y divertirse.

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