52.Nagoya, fin.

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He venido a esta ciudad por el menor precio del billete. Desde luego si es la primera vez que vienes es más interesante hacerlo por Tokio, siempre suponiendo que utilizas el JP Rail Pass a tope y que te dejas los últimos días sin él para la ciudad de embarque de vuelta.  Porque si tienes que pagar los transportes aparte se te llevarán una parte importante del presupuesto. Este año según mis cálculos yo habría gastado el doble del precio del pase.

Pero el hecho es que este año estoy en Nagoya.

La guía dice de ella que es la cuarta ciudad del país y un centro industrial muy importante.

Durante mucho tiempo esta ciudad ha sido simplemente una parada de los trenes superrápidos entre Tokio y Osaka. Ha tenido la reputación de ser una ciudad agradable pero no tanto de que mereciese la pena una visita. ¿Y la merece? Para mí desde luego que sí. Además a que fuesen unos días muy agradables ha contribuido el tiempo primaveral   que ha hecho y que me ha permitido pasear por parques y avenidas.

Parece que fue arrasada, o casi, por los bombarderos “aliados”. (¿Aliados de quién? Eso es como llamar “nacionales” a los sublevados contra la república).  Esto ha hecho que sea una ciudad nueva, no solo en cuanto a los edificios, sino en cuanto al diseño. Además tiene una buena red de metro, monumentos, museos, y si eres joven y/o noctámbulo una viva vida nocturna. O eso dicen porque yo no soy ni lo uno ni lo otro y no me he enterado. Aunque me he quedado con la espina de no bajar a los sótanos del bar España. Pero con una carta de cuatro cosas solo en japonés y sin dibujos pues no me atreví. Porque imagínate que bajo la estrecha escalera, al final de la cual había nada menos que una armadura, y entonces me encuentro con un bar de “ambiente”. Sea lo que sea que quiera decir “ambiente”: lésbico, de surfistas, de patinadores, de seguidores del equipo de balonmano de Ciudad Real (¿por qué habrá un equipo famoso de ese deporte en esa ciudad?), de fans de Norma Duval,…pues salgo corriendo, pero además con aquellas escaleras tan empinadas hubiese quedado muy ridículo.

Bar España.

Y desde luego si eres un seguidor de la fe shinto en Nagoya tienes uno de los tres santuarios más importantes de Japón, el de la espada sagrada.  O si eres un fan de Toyota como el editor de este blog. O te va la historia de Japón porque resulta que los tres personajes más importantes de la historia “histórica”, de la que hay información veraz, son de Nagoya.

Y como no soy un experto en acuarios no sé la posición que ocupa éste en el ranking pero también era una cosa notable.

Y si eres de habla portuguesa no creo que en ninguna otra ciudad de Japón editen un “Calendário  de Nagoya: Informativo Mensual Gratuito”. Allí me entero de que “algun dos serviços prestados pelo Centro Internacional de Nagoya (NIC)” incluyen “aconselhamento psicológico”. Y lo mejor es que este servicio se presta con profesionales nativos en portugués, español, inglés, coreano y chino. Si me entero antes me voy a pedir una sesión para hablar con alguien porque sino fuese por la señoras de las oficinas de turismo estaría sin hablar con nadie que ni me acuerdo. Así me hubiese apuntado y cuando me hubiesen preguntado diría que es que estoy muy solo.

Acuario.

Lo que no sé es porqué el ““Calendário  de Nagoya” tiene en su primera página un cuadro de Arcimboldo, ese tío tan gracioso que hace retratos con coles y nabos. No sé si será porque les gusta a los brasileños pero no lo explica.

Hay un apartado que se llama “dicas do cotidiano”  donde explican la diferencia entre “obento” y “marmita”. Y les explican a los padres de la “crianças” las 20 cosas que pueden llevar sus niños a una excursión escolar. Debe ser terrible para estos brasileños neojaponeses.

Además de todo lo anterior para mí Nagoya ha sido un buen punto de comienzo para visitar la parte central de Honshu donde arranqué mi viaje.

Y hoy lunes comienzo mi regreso.

Los cascabeles. Yo creía que los cascabeles eran unos artilugios en desuso hasta que el año pasado descubrí que los peregrinos que hacían “el camino” los llevaban colgando y sonando. Y este año que no he visto peregrinos he vuelto a encontrarme con esa maravilla del diseño. Porque mira que es sencillo pero qué bien pensado está. Seguro que es algo así como “Patrimonio de la Humanidad” y no se puede patentar. Que si no te forras.

En los hoteles en según qué circunstancias –no he logrado  saberlo y no me he atrevido a preguntarlo- al dejar el equipaje para que te lo guarden te dan un resguardo y se lo llevan, pero en otros lo dejan en el hall de recepción junto con otros bultos y aunque el personal es muy honrado, por si las flais, cubren todos los bultos con una red como de pescador que tiene todo el borde de cascabeles. Así si alguien intentase llevarse un bulto del montón empieza a sonar y las jóvenes de recepción, que están como unas motos, salen rápido y cogen al desaprensivo. De esta manera si tienes que llevarte la mochila se los dices, das varios cabezazos y “arigatos” y te lo llevas.

Y el último y más sorprendente descubrimiento de los cascabeles fue el de los “bears bells”. Parece que en algunas zonas de Hokkaido hay osos, pero debe haber tantos que te advierten que no te salgas del camino y que lleves cascabeles, que no sé si es para asustarlos, para decir que estás ahí o si tienen algún poder mágico.

Escribiendo esto me percato que como lo de las ventanas de Sapporo también me olvidé preguntarlo a las sufridas empleadas de turismo. Pero si vas, estás avisado.

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