51. Nagoya, día 5.

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Esta mañana después de desayunar he hecho el equipaje para ver como quedaba. El resultado ha sido bueno, pero miedo me da pensar en el recorrido desde el hotel hasta el tren del aeropuerto aunque lo he hecho varias mañanas para calcular el tiempo y no perderme. Estoy muy cerca y es imposible perderse si vas por la superficie pero hay un par de semáforos muy largos y es más rápido por los pasillos comerciales subterráneos. Pero de todas maneras será solo el último viaje cargado a tope.

Voy de nuevo a la oficina de turismo pues quiero preguntar un par de cosas y hay otras señoras diferentes. Y he tenido la suerte de dar con la más simpática, eficaz y con el inglés más claro de todas. Y eso que he hablado estos días con cuatro y la segunda tenía una “parálisis facial inglesa”, o sea que al hablar ese idioma se le quedaba la cara como agarrotada y no la entendía nada. La de hoy ha sido tan amable que le he preguntado si me podría dar información de la ciudad pero con texto porque te dan folletos llenos de bonitas fotos pero no te enteras de nada. Y encima en muchas ocasiones el poco texto que acompaña a las ilustraciones está solo en japonés. Pues me ha preguntado si hablaba portugués porque lo tenían en esa lengua. Así que he aprovechado para preguntarle el porqué de tanta información en portugués, si es que Toyota tenía factorías en Brasil y venían de allí para aprender pues en mis anteriores pesquisas alguien me dijo algo que me indujo a esa conclusión. Pues no: son descendientes de segunda generación de japoneses que emigraron a Brasil. Y así está claro el porqué no me encontraba mulatos por la calle pues estos brasileños no se distinguen de los autóctonos. Le he preguntado por el tema de la nacionalidad si ocurría lo mismo que con los descendientes de españoles en Argentina. No lo sabía pero cree que no. Y qué casualidad: después de cenar ojeo un periódico en el hotel y hay un artículo sobre las minorías en este país y uno de esos grupos son los “nikkeijin”, descendientes de japoneses emigrantes que regresan a Japón, sobre todo brasileños. Dice que desde 1990 les concedieron visados especiales sin restricciones de trabajo, o con menos, porque Japón necesitaba cubrir puestos de mano de obra sin cualificar. ¿Os suena? Los funcionarios que tuvieron la idea creían que la sangre japonesa estaría por encima de la cultura brasileña. Y los que vinieron lo hicieron con grandes ilusiones. Pues parece que ahora la crisis, que también ha llegado, les afecta especialmente en el empleo y se quejan de la idiosincrasia japonesa.  Y se sienten marginados.

Hoy me voy a visitar el puerto y sobre todo el acuario que hay allí.

Puerto
Puerto de Nagoya.

Es un puerto de carga que ha sido transformado en una atracción turística pero sin perder su carácter comercial, de tal manera que hoy es el que maneja la mayor cantidad de mercancía del país. Si, por ejemplo, lo comparamos con un puerto español como el de Valencia: “durante 2008, 59,7 millones de toneladas pasaron por los puertos de Valencia, Sagunto y Gandía” (cifras de la web oficial); pues en Nagoya en 2007, 216 millones de toneladas. O sea tres veces y media más.  Y siguen con planes para ampliarlo.Hoy es domingo y se nota en el acuario que es una de las atracciones de ocio más importantes. Así se ven cantidad de familias con niños.

Solo tengo como referencia el de Valencia, que es una maravilla, pero éste me parece más didáctico.

Acuario.

Una de sus atracciones es el espectáculo con los delfines y aunque está muy bien a mí lo de los animales amaestrados no me gusta demasiado. Aquí la gracia adicional es que tienen una gran pantalla al fondo de la piscina y se ve lo que hacen pero en tomas muy cercanas o como evolucionan cuando nadan por debajo. Mientras comienza el espectáculo sale una locutora y nos cuenta cosas. Y un par de cámaras, las que luego filmarán a los delfines van pasando entre el público, primero vistas generales, luego algunos grupos de media docena de personas y los espectadores se ven y saludan y los padres señalan a sus hijos para que se vean en la pantalla gigante. Pues a mí también me han sacado pero como no iba con mis hijos no he hecho nada. Seguro que los japoneses habrán dicho: “mira que extranjero tan estirado”.

Los tanques donde están los belugas y los delfines son de vidrio y los puedes ver desde abajo. Y allí los niños se lo pasan en grande. A mí la verdad es que me dan pena. No, los niños no, los delfines y belugas. Porque, ¿a ti te gustaría vivir toda tu vida en una piscina?

Además hay acuarios más pequeños con grupos de peces y otros seres marinos.

Veo una morena, “Muraena pardalis”que tiene una cara muy fea y que me recuerda a alguien pero no logro saber a quien. Y también hay un pez en el mismo depósito que se llama “devil stinger”. Lo de “devil” está claro pero lo de “stinger” no tanto porque significa “comentario punzante” y sería algo así como el Sr. Guerra pero también “cóctel de crema de menta y brandy” y entonces…pues quizás la Sra. Sáez, una mezcla de algo dulce y algo turbador. (Ver famosa foto).   Pero el pez del que hablo si será malo que su nombre científico es “Inimicus japonicus”. Que eso lo dice todo.

Hay un cine de esos de pantalla gigantesca, IMX; veo un par de mediometrajes.  Uno de insectos está hecho para niños. Para niños japoneses porque no se entiende mucho excepto unos escarabajos que pelean y siempre gana el más poderoso. No sé qué lección moral les dará a los niños con eso. El otro está hecho en Sudáfrica y es más bonito y creo que también tenía una lección moral pero yo solo me he quedado que de las sardinas se aprovechan los tiburones, las focas, los delfines, las aves acuáticas y los negros sudafricanos.  Pero había algo más. De verdad.

También tienen un pingüinario con un centenar o más de ejemplares. Y también aquí los niños están encantados.

Antes de salir me siento un rato en las gradas que hay enfrente de la base de la piscina de los delfines. Es realmente espectacular y algo hipnotizante. Y descubro que los delfines cuando están dentro del agua nadan con la tripa hacia arriba. No sé si en la naturaleza también lo hacen así o es que aquí como les enseñan a hacer el payaso en las demostraciones ya lo hacen siempre.

Acuario.
Al salir del acuario doy una pequeña vuelta por el puerto.  Hay un barco de exploración antártica que han dejado fondeado en plan museo para que se vea como trabajan los científicos. Lo curioso es que está en el agua pero en un lugar que no sé como lo han metido pero desde luego ya no lo podrán sacar nunca más.

Villaggio Italia en Nagoya.

Veo a media distancia un “campanile” y también el león de Venecia. Me acerco y efectivamente es como una “Pequeña Italia” pero no como la de “El Padrino” sino de esas gracietas que reproducen un país o todo el mundo con unos cuantos ejemplos de edificios. Se llama “Villagio Italia” y está cerrado e incluso se ve que han quitado las letras del nombre del lugar.  Cuando vuelvo al metro paso por la caseta de información del puerto y aprovecho para preguntar. Lo de Italia hizo bancarrota el año pasado.

En el metro frente a mí un padre treintañero con un niño de 2 ó 3 años sentado encima de él. Cuando veo una estampa así siempre pienso que es un viudo. Si fuese solo con la madre no pensaría que era una viuda sino que su padre está trabajando o que hoy siendo domingo es un bandarra que está con los amigotes jugando a las cartas en el bar.

A su lado hay una pareja de jóvenes. Él delgado, bastante alto con pinta de asesino juvenil en serie. Ella, bajita, parece a una de ésas que en los años 60 llamaban una “monja seglar” (¡qué disparate!). Pero ¿serán pareja? Porque no se dirigen una palabra. ¿Estarán de morros? El la mira de reojo pero ella ni se inmuta.  Al final él le dice algo y ella no le hace mucho caso. Estoy por seguirlos cuando bajen, si lo hacen juntos, para resolver el enigma pero entra un grupo de señoras mayores que viene de excursión y los pierdo de vista.  ¿Y donde estarán los señores mayores? ¿Jugando al subastao? Porque es que no se ve ni uno. Y menos en grupos.

Vuelvo a la estación a despedirme del ambiente nagoyés. Y ahora me doy cuenta que después de haber estado aquí una semana no he escrito nada de esta ciudad.

PD. En esta cadena de hoteles en que estoy hay tele en todas las habitaciones pero solo con canales japoneses y además ninguno con programas de naturaleza que aunque no entiendas el idioma por lo menos lo puedes ver. Algunos días ni la enchufo pero ayer la puse y había un concurso, creo que mundial, de patinaje sobre hielo, y recuerdo que el año pasado también vi algo así en la tele.

Vi la actuación de dos chicas y aunque es una maravilla me hace padecer mucho porque siempre me parece que se van a caer y a romperse el tobillo. Y además lo hacen tan bien, tan bien,   y tan perfecto que no entiendo porqué no les dan la máxima puntuación. Y pienso que ese deporte, espectáculo o lo que sea, sí que es bonito y exige mucho esfuerzo y dedicación. Y cuando lo comparas con los golfistas, los del béisbol o los de los automóviles de carreras…vaya, que no lo entiendo.

(El “inteligente” word me ha cambiado “golfistas” por “sofistas”  y entonces la frase ha quedado todavía más completa).

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