49. Nagoya, día 4, segunda parte.

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Sigo con Atsuta. Ví que al lado del salón de las bodas iban llegando padres con bebés y se metían por una gran puerta. Así que yo también he entrado. Estaban todos allí muy arreglados esperando y en un momento dado les han hecho pasar a un gran salón que imagino que es donde debían ir a bautizarlos. Cada uno que entraba entregaba un papel    y aquí no había invitados, solo padres y normalmente una pareja de abuelos. Y el bebé, claro.  He esperado a que entrasen todos y he preguntado si podía pasar yo. Que no. Claro, que no parezco japonés, pero es que menos parecía un abuelo. Si hubiese llevado mi traje de ceremonias, aunque no hubiera llevado el papel de la entrada puede que me hubiesen dejado pasar. De todas maneras a través de los cristales se podía ver un poco de qué iba aquello.

Atsuta-Jingu. Herramientas para bendecir coches.

Habría unas 80 personas lo que da unos 20 infantes. El cura realiza movimientos y parece que reza. Alguna vez coge un plumero como de tiras de papel y lo sacude. Imagino que eso debe ahuyentar a los espíritus malignos y que en el shintoismo deben ser como las moscas. Claro que en la iglesia católica deben ser como los gatos porque los espantan con agua (bendita). Estoy un rato mirando pero como no los oigo y además no se mueven tanto como en las bodas me canso y me voy.

Y al salir coincido con una ceremonia de bendición de coches que se está realizando al lado de la de los niños. Al comienzo pensaba que era de los coches de los papás del bautismo, algo así como un servicio completo, pero eran pocos coches y todos nuevos.  Y es que también los bendicen. Como hay uno como el de mi hijo, hasta del mismo color, pienso que si lo hubiese hecho bendecir cuando se lo compró o, mejor todavía, lo hubiesen bendecido en la fábrica no habría tenido tantos problemas como ha tenido.

Atsuta-Jingu.  Bendiciendo los automóviles.

Había 5 ó 6 vehículos en batería. Los dueños también muy arreglados se ponen, la pareja, delante del auto. El cura shinto con dos señoritas ayudantes se pone enfrente, les dirige unas palabras, no sé si a los dueños de los coches o a los coches o directamente a los espíritus malignos que habitan entre la mecánica o entre el sistema eléctrico o el electrónico. Ya sabéis que cada marca tiene los espíritus malignos (siempre repito esta palabra “espíritus malignos” pero es que no sé como se llaman, si hubiese un lector demonólogo que me lo diga…o quizás mi amiga Carmen que es tomista) en un lugar diferente o mejor que los espíritus malignos deciden qué parte van a dedicarse a joder según la marca. Sigo con la ceremonia: después coge el plumero de tiras de papel y ahuyenta a los espíritus malignos de cada coche. Las ayudantes cogen unos cascabeles y dan la vuelta al coche. El propietario abre la puerta del copiloto y el cura mete allí también el plumero. Y así con cada auto.

Atsuta-Jingu.  Bendiciendo los automóviles.

Y me percato de que el sitio donde el cura pierde más tiempo es donde suele ir sentada tu señora o tu suegra. Y no es machismo que es una observación antropológica.

Más tarde descubro el lugar donde se hacen las fotos a los recién nacidos. Y es otro profesional pero en plan discreto pues para 4 ó 5 personas no necesita tanto preparativo. Ahora que también tiene colocadas dos máquinas de medio formato en paralelo sobre un trípode. Y tira con Fuji Pro 160, o sea que seguimos en el mundo analógico.

Encuentro un restaurante de los de “solo cuatro clases de sopa” con bancos corridos y mucha clientela. ¡Qué buena está la sopa, y qué sitio tan agradable!

Busco un sitio en ese parque para sentarme un rato pues apenas los hay y los que encuentro son para fumadores y al final doy con uno al lado de un pequeño estanque. Un sitio muy encantador. Voy a escribir pero se me acerca y se sienta a mi lado un abuelo japonés y se pone a hablarme. (Bueno quizás no era tan abuelo porque todavía trabajaba, aunque esta mañana he visto a   una ancianita empujando una máquina de limpieza por los pasillos del metro, aunque quizás era al revés y la que arrastraba a la ancianita era la máquina, pero por lo menos tenía 167 años). Pues éste tenía ganas de hablar y yo no te digo. La pena es que hablaba muy poquito inglés pero era muy simpático. Como tenía tanto interés hemos hablado media hora. Así me ha preguntado por qué viajaba solo y se lo he explicado. Me ha explicado que él también estaba solo porque era de Kioto   donde viven su mujer y su madre. Me ha contado cosas al respecto pero no lo he entendido. También que trabajaba en Nagoya pero no he logrado entender tampoco donde porque he empezado por Toyota y le he nombrado todas las marcas japonesas que conozco e imagino que he metido en la lista las que me sonaban como tales aunque fuesen chinas o coreanas.    Sí que le ha parecido muy bien el hotel donde me alojo y el desayuno que dan. Para acabar me ha preguntado que de todo lo que había visitado de Japón qué era lo que más me había gustado y el pillo lo tenia fácil siendo de Kioto y creo que ya tenía asegurada la respuesta. Pues claro, Kioto.

Lo único que no me ha gustado de la conversación ha sido que de España solo ha sabido decirme dos palabras: “ox” y “flamenco”. Hombre yo no espero que me nombre a Don José  María Pemán ni a Don José Echegaray, desconocido premio Nóbel, pero sí por lo menos a Velázquez y Paco de Lucía. Pues no, solo los jodidos toros. Yo debería haberle dicho que de las costumbres japonesas solo conocía la caza de ballenas y la destrucción de los bosques del sudeste asiático, pero nuestra fama, mala fama, nos la ganamos nosotros. A pulso. Porque no creo que ellos digan que la caza de ballenas es la “fiesta nacional” ni que al arponero mayor le den la medalla de oro de Bellas Artes, ni menos que el emperador se suba a un ballenero a aplaudir cuando le clavan las banderillas (arpones) al animal.

También me ha dicho que en España hacía mucho calor. Seguro que se lo ha contado un amigo que ha estado en julio en Madrid o en agosto en Córdoba. Pues hoy en Madrid están a 12º C y en Nagoya estamos a 25. Se ha quedado muy sorprendido.

Si estamos en Kioto seguro que me lleva a su casa porque estaba como loco por decirle a alguien que yo era español. Tanto es así que yo estaba sentado cerca de dos señores japoneses que estaban charlando y él les ha interrumpido para decírselo. Como si hubiese encontrado un celacanto en el metro de Nagoya.

Y nos despedimos dándonos la mano media docena de veces, una docena o dos de inclinaciones de cabeza, múltiples “thank you” y “arigato” ni te cuento. Lastima que hablase tan poco inglés porque habría sido una buena fuente de información para todas mis dudas.

Vuelvo al santuario de Atsuta y a pesar de que según el patrón japonés ya ha pasado la hora de la comida hay otra boda.

Cuando salgo del parque veo un sujeta-árboles tan grande que parece un torii.

Me voy a coger el metro y a pesar de que tengo un pase y no necesito sacar billete me pongo a leer las instrucciones de tarificación que dependen de la distancia a ver si soy capaz de entender como va. La guía de Tokio recomienda que cojas el billete más barato y que antes de salir lo pases por unas máquinas que hay al efecto donde te ajustan la tarifa. Pues cuando estaba allí mirando dos señoras han intentado ayudarme y es que la gente es muy amable.

Me voy a Osu Kannon, no solo famoso por su templo sino también por la zona comercial que hay en sus alrededores, sobre todo entre el personal joven.

Además todos los 18 de mes hay un mercadillo tipo “rastro” alrededor de él y hoy es el día, además de sábado. Pero realmente es más de cachivaches que de otra cosa.

Lo mejor el templo.

La historia de él se remonta a comienzos del siglo XIV  con una serie de acontecimientos de esos de “no me lo puedo creer” pero que hizo que fuese ganando fama por sus poderes espirituales a lo largo de los siglos. Tanto fue así que Tokugawa Ieyasu cuando construyó el castillo de Nagoya hizo que moviesen el templo a su actual emplazamiento. Hoy es el principal centro del grupo budista Chisan. Y mucha gente se acerca hasta allí para rezar.

Un grupo de jovencitas estudiantes japonesas están –o han ligado- con dos larguiruchos y pálidos jovencitos occidentales.  Una de ellas le explica a uno como debe rezar y le hace hacer el rito sintoísta aunque este templo es budista y nadie lo hace así. O es que no sabe qué hacer para que le haga caso o es que las jovencitas japonesas saben tan poca religión sintoísta y budista como las españolas de la católica.

No sé si por la hora o por ser sábado hay un rezo en el interior del templo. A los lados se sientan señoras mayores. Unas 50 abuelitas japonesas que siguen la ceremonia. Ni un hombre excepto los celebrantes, que como buena religión verdadera solo tiene ministros varones. Es un rito coloreado y cantado por seis curas.

Osu Kannon.

Luego me paseo por las calles adyacentes. Nada que ver con el personal trajeado que me encuentro en los alrededores de la estación de ferrocarril. El de ahora es un ambiente muy joven e informal. Incluso encuentro a algunos macarras.

Me voy al hotel a dejar la mochila y luego me acerco a la zona comercial pero elegante por donde pasé ayer.

Os recuerdo que en el metro como en el tren la gente hace cola esperando la llegada del convoy en los sitios marcados donde se situará cada puerta. En una columna indica que ese punto de acceso es para “women-only car”. Claro que es solo para días laborables y desde que comienza el servicio hasta las 9 de la mañana y de las 5 de la tarde a las 9 de la noche.

Metro de Nagoya.
Entro en un supermercado de unos grandes almacenes bastante lujosos. Un meloncito de nada de esos redondos y de piel basta cuesta 4000¥ unos 30 €. Tres naranjas medianas 600 (4,6€). Ocho nísperos medianos 1200 (más de 9€). ¡Ocho nísperos! A mí me encantan (y mi hija tiene uno y se le echan todos a perder) pero 8 a más de 9€…y no creo que llegasen a medio kilo o sea que el kilo quizás fuese a 20€.

Paso por el escaparate de “Tiffany & Co.”. Creo que los nísperos deberían estar allí expuestos. Veo que hay algo que vale solo11 mil yenes. Estoy a punto de entrar y comprarlo pero lo pienso mejor y quizás es solo el precio del plástico que lo envuelve.

Regreso al hotel y pregunto a la recepcionista el nombre de unos polvos que hay allí en la recepción para hacerte infusiones y que son algo salados. Me dice que es té. ¿Pero té con sal? No, solo té. Le pregunto el nombre y lo busco en internet. Resulta que es una infusión, que no es té, y que está hecha con algas.  Vuelvo y se lo explico a la recepcionista. Creo que no me ha entendido. Pensará que soy un excéntrico: ¡infusión de algas!

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2 comentarios to “49. Nagoya, día 4, segunda parte.”

  1. Alicia Says:

    ¡¡¡ Hola Ángel !!!
    Soy Alicia, amiga de tu hijo Luis, (aunque no sé si solo con él nombre vas a distinguir a una entre el centenar de amigas de tu hijo 🙂
    Leo a ratitos tus aventuras y la verdad es que como ya te dije el otro día te envidio como no te imaginas, y aunque a ti te parezca “muy normal” a mi me parece que hay que ser de una pasta especial para hacer una mini-mochilita y recorrer países con culturas, idiomas, comidas, etc…totalmente diferentes a la nuestra y completamente solo. (Bueno, creo que ahora tienes la suerte de que por fín te podrá acompañar tu mujer (y mamá de Luis), ¡¡¡ mucho mejor, no? !!!
    Ya sabes que hace mucho tiempo que Luis me habla de tí y tenia muchas ganas de conocerte ; la verdad es que tal como le comenté a él y a tí mismo, me parece que tienes tantas cosas interesantes que contar que podría pasarme hooooras escuchándote.. eso también me pasa con Luisete.., la verdad es que tienes un hijo fantástico;
    Bueno que ya me ha advertido tu hijo que no escriba “una carta” …jaja.. ¡¡ vamos ¡¡ que no me enrolle !! … así que ¡¡¡ un abrazo muy fuerte !!! espero que volvamos a coincidir de nuevo algún día !!

  2. AL Says:

    Pues claro que sé quien eres “Alicia-amiga-de-tu-hijo-Luis”. Y me da un poco -realmente mucha- vergüenza lo que dices de mí.
    Me encanta que me leas. Ahora lo único que tienes que hacer es prepararte una “mini-mochilita”, como dices tú e ir a visitar Nagoya, por ejemplo y asistir a alguna ceremonia sintoísta.
    Un beso

    PD
    Algún día escribiré un “post” sobre uno que se identificaba como “hijo de Luis”. (Ese Luis no era mi hijo).

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