48. Nagoya, día 4, primera parte.

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En el desayuno tengo enfrente de mí a un tragaldabas que se ha puesto un plato hasta los topes de los triángulos de arroz que son un clásico en los desayunos japoneses. El personal se pone de media tres piezas.  Este está como una bola.

Hay una pareja de chicas que ya había visto hace un par de días que se traen una cajita de esas transparentes como una fiambrera moderna con ensalada y otras cosas. Y no acabo de entenderlo porque o se las regalan cuando acaban el trabajo o son de esas enmadradas que tienen que desayunar siempre algo especial porque en su casa siempre se los ponía su madre.

Después del desayuno echo una ojeada al periódico sobre todo para ver la previsión atmosférica: para hoy despejado con una temperatura de 26 a 15 ºC en Nagoya. Veo que en Madrid tendrán de 12 a 2. Casi como en Sapporo que será de 12 y 7.

Me compro un pase de metro y me voy al templo sintoísta de Atsuta. Al salir de la estación miro el mapa de la zona para salir por el lugar adecuado. Hay información en japonés y en algunos sitios también en inglés. Lo curioso es que en una zona que nombra como “Earthquake safe area”, que yo entiendo que es a donde debes dirigirte en caso de un terremoto, también está en castellano (o quizás en portugués pero es lo mismo) y dice “Refugio de área extensa”.   Solo esta información está traducida pero deberían cambiar de traductor, porque si no sabes inglés ni japonés y te encuentras con un sitio que es “Refugio de área extensa” yo, por lo menos, me quedaría muy perplejo. Y eso mientras tiembla la tierra y el suelo se abre a tus pies.

Atsuta.

Atsuta-Jingu. Torii.

Voy a entrar por la primera puerta que encuentro y un empleado de seguridad –aquí van tan elegantes que no parecen mercenarios o paramilitares como los disfrazan a algunos en España, más bien parecen conserjes de los de antes, pero amables, que antes muchos eran unos bordes- me da un plano del lugar, pero en japonés. Pues “muchas gracias” y sigo mi camino. Que no. Y es que ésa no era la entrada y te dan el mapa para que sepas por donde hacerlo que es a unos 100 metros de donde tú crees. ¡Qué eficaces que son!

Lo primero que te encuentras es un torii bastante grande pero de madera natural, sin pintar ni barnizar. Y un bonito jardín porque este templo está rodeado de un bosque.

El folleto que tengo dice que este santuario es conocido como “la venerable Atsuta”, Atsuta Sama, y que ha sido uno de los más importantes centros de culto en Japón desde tiempos inmemoriales y que se calculan nueve millones de visitantes cada año.

La diosa que está aquí consagrada es nada menos que Amaterasu-Omikami que está representada por la espada sagrada, uno de los tres tesoros sagrados que representan el trono imperial, y que fue entregada por Amateratsu al emperador. La guía advierte que si no ves la espada no te decepciones porque solo la ha visto el emperador y unos pocos curas sintoístas seleccionados.  Pero a mí me hubiese gustado verla porque si se la dio una diosa tiene que ser por lo menos como “Excalibur”. Pero si no puede ser, pues no puede ser.

Este santuario fue fundado hace unos 1900 años y se le considera el segundo en importancia de los tres grandes santuarios sintoístas.

Como es sábado hay muchos turistas y niños. Lo primero que me encuentro es a adultos y pequeños fascinados por 3 ó 4 gallos que hay sueltos. Realmente son unos ejemplares preciosos pero su sorpresa debe ser que para un niño japonés de una ciudad como ésta ver un pollo vivo y suelto debe ser como para uno de Albarracín ver a un pingüino.

Me encuentro un par de toriis más y todos tienen en los palos verticales una argolla donde han colocado una ramita.

Veo a una pareja con un niño recién nacido y un par de abuelos, todos muy arreglados. Recuerdo el santuario sintoísta de Sapporo donde también vi a gente semejante. ¿Será día de bautizos?

Cuando llego a una explanada que hay delante de un grupo de edificios me encuentro con más padres con recién nacidos. Y una boda en una sala de ceremonias abierta. Y no sé si es por ser sábado o si el día de hoy tiene algún significado especial porque hay una boda detrás de otra.

Atsuta-Jingu. Boda sintoísta.

La primera es la más numerosa pues hay unos 80 invitados. Todos muy elegantes y la mayoría de señoras y señoritas con el traje tradicional. También los curas muy vistosos sobre todo el principal de ellos. Y muy estrambótico, con unas mangas como para comer un plato de huevos fritos o de boquerones en vinagre.

Creía que daban una vuelta al recinto al acabar la ceremonia pero es que era otra que llegaba y es que enganchan una con otra. Y como todos los novios y novias van vestidos igual te parece que los vuelven a casar y que la mayor parte de los invitados se ha escaqueado por el camino pues en la segunda solo iban unos 20.

Después de la ceremonia viene la foto del grupo, que ya lo vi el año pasado y que es otra ceremonia, lo único que aquí el que oficia es un fotógrafo y su ayudante y es que son muy organizados. Y para alguien ajeno a sus costumbres, como yo, es un espectáculo.

Atsuta-Jingu.  Boda sintoísta.

Solo se hacen una fotografía de todo el grupo en su conjunto, no como en España, que se hacen “una con los papás”, “otro con tus papás” (sutil distinción entre “los” y “tus“ que emplea la novia que es la que organiza el reportaje),  “ahora con los abuelitos”, “ahora los primos”, “otra con tus primos” y así y así y así.

Aquí no, que da gusto: los 80 juntos y se acabó.

¿Y como se juntan los 80 sin que nadie se tenga que sentar en el suelo o peor ponerse en cuclillas en primera fila vestido de boda? Pues como con los grupos de turistas en los sitios “de foto”: hay una estructura metálica y se preparan varios escalones. Como en un coro. Claro que si fuese una boda “normal” española de 500 (si son menos no son “normales” que son unos “pringaos”) no sé cómo lo harían. Y eso que suelen decir lo de “si solo hemos invitado a los íntimos y familia más cercana.

Volviendo a los nipones: como no dejan nada al azar hay una mesa preparada para que las señoras dejen el bolso porque la foto tiene que ser perfecta.

Hoy por ejemplo había un fotógrafo muy elegante con un ayudante del mismo estilo.

Han colocado a todos los invitados como ellos han decidido. Bueno no he logrado averiguar si dejan a los bebés con los padres biológicos o también tienen en cuenta la estética y los colocan ellos, porque una vez colocados han mirado por el visor y algo no les ha gustado porque han hecho bajar un escalón a algunos. Vuelta al visor. Pues parece que la novia tenía los pliegues del vestido no muy fotogénicos porque ha ido y se los ha retocado.

Olvidaba decir que en la primera línea que es la importante están los novios, y “los papás” y “tus papás” y algún hermano, todos sentados. La segunda fila de pie detrás y el resto ya en los escalones.

Cuando está todo perfecto a ojos del artista, el mismo fotógrafo les habla y cuando va a disparar su ayudante saca un martillo grande de plástico como esos de los payasos que cuando te dan en la cabeza hacen “ñic, ñic” y se pega con el martillo en la mano. Y a veces, no sé la diferencia, saca una carraca de plástico y se pone a hacer ruido con ella. Debe ser para atraer la atención de los niños con ella y para despertar a los abuelos porque aquello dura un buen rato. La disciplina de esta gente te lo demuestra en que durante todo ese tiempo nadie ha encendido un cigarrillo ni hablado por el teléfono celular.

Atsuta-Jingu.  Fotógrafo de bodas.

Solo por lo de la foto de recuerdo de tan entrañable día no creo que se divorcien y si lo hacen no creo que se vuelvan a casar.

Y además debe salir perfecta porque, ¡mira que son precavidos!, tiran con dos máquinas de 6×7 al mismo tiempo. Y me parece que eran analógicas aunque el reportaje durante la ceremonia religiosa lo hacen con digitales.

Los únicos que no están en el grupo son los curas sintoísta pues ellos están ya con la otra boda.  Y es que “bussines is bussines”. O “businesses are businesses”. Que no sé cuál se debe aplicar. Porque la primera frase era la que decían los mercaderes del templo de Jerusalén a los que expulsó Jesús y la segunda la de los sacerdotes y escribas del mismo lugar. (Véase Marcos 11-15). Pero a lo mejor lo hacen gratis y además no reciben pasta del estado.

Pues allí estábamos delante del personal de la boda un grupo de jóvenes de una excursión y yo aprovechando para inmortalizar el momento.

Pero donde hacían las bodas era como un salón y el santuario importante estaba todo en obras. Gran decepción. Pero parece que desde el punto de vista religioso, por esta circunstancia, he tenido suerte pues un letrero advertía que es un lugar sagrado y que con motivo de las obras tienes la posibilidad de poder acercarte  al área próxima al santuario principal (¿será allí dónde está la espada?) pero que es un caso especial y que a los fieles no les está permitido llegar hasta allí. Y acaba la información con una explicación de cómo debes rezar: dos reverencias, una palmada dos veces y acabas con otra reverencia. No he visto en mi vida una cosa con más sinsentido. No les importa en lo que creas, ni en lo que pienses, ni dicen a quien debes encomendarte. ¡Solo les importa la liturgia!

PD.  Es jodidamente difícil escribir en word “Atsuta” porque siempre lo cambia por “astuta”. Y eso cada vez y varias veces con la misma palabra. También “jodidamente” que se empeña el word en transformarlo en “podidamente”, palabra que no he oído en mi vida.

Sobre los fotógrafos.

Es tal el espectáculo que representa para mí el acto en el que los fotógrafos toman una fotografía, que he decidido reunirlas en un álbum en flickr. 

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