46. Nagoya, día 3, primera parte.

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Yo mismo, contento.Hoy pintaba mal pues ha amanecido lloviendo. Y además no tenía muy claro qué hacer.  Al fin decido ir a visitar el castillo de Nagoya.

Es un largo y bonito paseo desde el hotel. Parte del recorrido se hace al lado del río Horikawa.

Camino del castillo paso por una calle donde estuve ayer comprando en un supermercado. Me sorprende porque es una calle comercial cubierta como hay en todas las ciudades pero ésta está vacía y los comercios tienen un aspecto muy mustio con la excepción del supermercado. Así que no todo son brillantes negocios en este país.

Esta calle se llama como el templo que hay en ella, Endoji. Allí un letrero te advierte que le Chokyuzan Endo-ji, de la secta Nichiren, es de 1654. Contiene una estatua muy famosa que se puede ver el 18 de cada mes. Las religiones siempre tienen un aspecto de secta numerológica: ¿qué tendrá que ver la divinidad con las cifras? Y además algo que siempre me ha sorprendido es que los dioses utilicen la base 10. ¿No hay ningún dios binario?  Bueno, sus representantes sí suelen serlo. Por ejemplo la CEE: bueno o malo.

En este templo la diosa famosa es Kishi-Bojin, lo que me deja perplejo pues creía que los budistas no tenían dioses. El detalle anecdótico es que esta estatua fue donada por una concubina del clan Owari.  No sé porqué pero me sorprende este detalle. Y también que diga que esté hecha de “leftover wood” que me parecía un tipo de árbol, el famoso “leftover” de los bosques japoneses, pero nada más llegar al hotel busco en internet. Sorpresa: significa que es “restos de madera”. Debía ser como hacer un mueble con palets.

Como mañana es 18, según por donde ande, igual me acerco a ver esa Virgen del Pilar.

Los tiempos no perdonan y delante de una bonita entrada de la que dice un letrero que es Taishido Hall, una casa de té del año 1804, un coche aparcado que impide toda contemplación.

Llego al recinto del castillo por la entrada suroeste y lo primero que me encuentro es el Museo del Teatro Noh. Como me coge de paso y es gratis, aunque no estoy muy interesado en el tema entro a echar un vistazo. Y ha sido una agradable sorpresa. Es un edificio nuevo pero con la estética de una casa de té. Hay pequeños estanques y un canal en su interior. La exposición es de fotografías y trajes relacionados con ese teatro que para un occidental es algo francamente extraño: es un drama musical con actores que bailan y cantan y con un coro. Leo allí que hay otro tipo de teatro relacionado con él que se llama “kyogen” (que tiene nombre de producto de belleza o de empresa de biotecnología). Éste es una comedia pero con palabras, se presenta de forma autónoma o dentro de una obra noh. Y ambos tienen un origen común, el “sangaku” que fue introducido desde China en el siglo VIII.

Y en aquel ambiente de paz y serenidad aparecen un grupo de señoras de la tercera edad con la típica compostura japonesa, pero entre ellas hay una que lleva los típicos cascabeles que llevaban los peregrinos de Shikoku que hacían el camino de Santiago. ¿Es que no tenía ninguna amiga que le dijese que no estaba andando sola por los caminos del sur sino en una gran ciudad? Yo es que la hubiese matado, porque es que además no paraba de moverse de un sitio a otro. Para mí que le faltaba un hervor.

Museo de teatro Noh. Autómatas. Hashi Benkei.

Y para acabar vemos, porque estaban también las (malas) amigas de la sinsentido-cascabalera (aunque a ésta quizás la habían encerrado en un baño pues no se le oía), una demostración del funcionamiento de unos autómatas Hashi Benkei o Benkei en el puente. Parece que es algo clásico y es el combate entre un luchador o luchadora pequeñito y un tío negro y grandote. Y la verdad es que no sé como acaba pero ha sido muy interesante.

Y la mañana que se auguraba negra e incierta ha tenido un bonito comienzo. Una vez más un museo   con pocas piezas pero tan bien presentado…Solo faltaba que hubiesen puesto letreros en inglés o en portugués.

Y así llego al castillo.

Castillo de Nagoya.

Fue construido a las órdenes de Ieyasu Tokugawa en 1610 y se acabó en 1612. Fue muy importante pues aquí residieron los miembros del clan Owari, que era el más importante de la familia de Tokugawa. Pero durante la segunda guerra mundial los bombardeos aéreos lo destruyeron incluida la torre del homenaje y el palacio Homaru fue pasto de las llamas. Afortunadamente las tres torres de los extremos, tres puertas y la mayoría de las pinturas de las puertas del palacio se salvaron. ¿Y qué encuentras ahora? Pues una restauración o mejor reconstrucción de la torre del homenaje y, si lo he entendido bien, un intento de reconstruir el palacio.

Y por primera vez ves un castillo japonés donde no tienes que descalzarte.

Te enseñan una peliculita en 3D sobre la historia del castillo y dicen solo “destrucción” sin hablar para nada de los americanos.  Y es curioso que no los nombren. No hacía falta que los insultasen pero si fueron ellos quienes destruyeron el castillo no sé porqué no aparecen para nada.

En la planta segunda hay una exposición de obras de Nakabayashi Chikuto. ¡Qué pena que toda la información esté solo en japonés porque ha sido la más bonita que he visto en este viaje! ¡Qué maravilla!

Sí que ponen alguna palabra en inglés pero tan obvia que se la podían haber ahorrado, como por ejemplo “paisaje” o “pato y bambú”.

Cuando veo una exposición siempre tiendo a clasificar las obras entre las que no tendría en mi casa aunque me las regalasen, las que no tendría aunque me torturasen encima, y las que sí tendría. De esta exposición las tendría todas. La que más me ha gustado una de título “Nieve, la luna y cerezo florido”. Me ha recordado a los haikús.

Como son tan organizados han hecho una escalera para subir y otra para bajar. Están construidas de una manera que parecen las escaleras de Escher pues ambas son abiertas y están una al lado de la otra.

Castillo de Nagoya. Marcas de canteros.

Una de las explicaciones que he leído sobre este castillo es que los señores feudales locales colaboraban en la construcción de la muralla, que era enorme, con piedras. Y para evitar peleas y malos rollos y que se supiera lo que aportaba cada uno marcaban algunas piedras. Y eso ha quedado como las antiguas marcas de los canteros de nuestras iglesias. Lo único es que aquí no son del cantero sino del amo del cantero.

Salgo del castillo con un sol y ambiente primaveral.

PS

Museo de teatro Noh.

En el museo de teatro Noh había un par de máscaras de ese teatro para que te las probases y te fotografiases con ellas. Yo le he pedido a una gentil japonesa que me hiciese una con cada una. Una era de “buena persona” y la otra de diablo. Pues claramente esta segunda es la que me sentaba mejor. Vaya, que parecía yo mismo.

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