El tren salía de la estación de Sapporo a las 7:30 y el desayuno empezaban a servirlo a las 7:00 así que tenía un dilema: ir tranquilo a la estación o desayunar.
Ayer facilité las cosas midiendo el tiempo para ir desde mi hotel hasta la estación, incluso con la situación menos favorable que era encontrarme con el único semáforo del recorrido recién cerrado. Y además buscando el camino más seguro, pues una vez me perdí buscando un atajo.
Por si eran de corazón blando y permitían desayunar antes de la hora he bajado pronto a la recepción, que es donde se desayuna en esta cadena de hoteles. Estaba todo preparado y también las camareras pero una pizarrita advertía en inglés, e imagino que en japonés diría lo mismo, que no se empezaba hasta las siete. Yo no me he atrevido pero un señor que también había madrugado ha preguntado si podía empezar: que no, que a las siete. Pero he aprendido algo nuevo: hay que estar a las 7 menos dos minutos porque como el personal es tan puntual a las 7 en punto ya son legión.
Para ir más rápido he eliminado lo más laborioso de comer y por supuesto los macarrones con mayonesa.
Pues he desayunado, he subido a la habitación a recoger el equipaje, he devuelto la llave, cogido la factura, dicho cien veces “arigato” y a las 7:15 ya estaba subiendo al tren.
Este viaje ya no tiene la expectación que tenía cuando subía hacia Sapporo. La única incertidumbre es que tengo que coger cuatro trenes y entre algunos no hay demasiado tiempo y dado el tamaño de las estaciones y que en algunas paso de trenes normales a shinkansen que generalmente tienen andenes separados, pues me tocará ir con cuidado.
El viaje es: de Sapporo a Hakodate y de allí cruzando otra vez el famoso túnel hasta Hachinohe. Allí cogeré un shinkansen a Tokio y allí otro a Nagoya. Saldré a las 7:30 y llegaré antes de las 20:30: o sea unas 13 horas.
Y la sensación de que esto se acaba porque aunque tengo todavía una semana por delante, lo que para algunos son todas unas vacaciones, y ya me voy a mover poco. Mañana iré a Tokio pero volveré a dormir a Nagoya y después quizás haga algún día una excursión por los alrededores de Nagoya.
En algunas estaciones cercanas a Sapporo los andenes están llenos de estudiantes uniformados. Cuando salimos de la ciudad y su cinturón, el campo está cubierto de una ligera niebla y se ven algo las montañas que siguen con la nieve.
Este largo viaje me permitirá pensar, descansar, preparar los planes para los días próximos, escribir algún borrador e incluso escuchar música.
Así en mis reflexiones me doy cuenta de que Sapporo ha sido la primera ciudad en que no he visto ningún templo budista. Tampoco en Wakkanai, pero ésa no cuenta. Y si no hubiese ido al parque donde estaba el templo sintoísta pues tampoco a ninguno de esa creencia. ¿Serán menos religiosos en Hokkaido?

También me percato de que todavía me quedé sin preguntar algo en la oficina de turismo de Sapporo , aunque no sé si lo habrían sabido ni si ,en el caso de que me hubiese tocado alguna empleada a las que hice antes preguntas, qué pensarían de mí: en Hokkaido, ¿las ventanas exteriores son de aluminio o de PVC? No es ninguna tontería pues es un dilema sobre el que debes de posicionarte alguna vez en tu vida y a veces en más de una ocasión y como aquí tienen un clima tan perro y son tan concienzudos seguro que han elegido la solución óptima. Quizás se lo pregunte a mi amigo Hiro, pero como en otras preguntas tendré que explicárselo muy bien, porque a veces no me entiende.
Una cosa que he descubierto esta mañana es que no había periódicos pero no sé si es por ser lunes o por ser el santo patrón de los periodistas. O mejor que lo fue ayer, pues ya sabéis los pocos que seguís leyendo el periódico en papel –sin pensar en la deforestación del planeta- que se hace el día anterior a su publicación. Y quizás sea eso, que no tienen la “Hoja del Lunes”. Para los jovencitos o los motores de búsqueda chinos, que según el editor me leen, tenéis la explicación de aquel periódico en un artículo que escribí en mi primer viaje a Birmania.
Así si los periodistas no podían trabajar en domingo para cumplir el precepto religioso (católico, por supuesto) ¿qué pasaba con los que sí lo hacían? Porque ahora podrían haber contratado periodistas moros o animistas pero entonces no había. Pero si el domingo era “fiesta de guardar” y había que no trabajar para seguir el tercer mandamiento y no incurrir en pecado mortal por ese hecho, ¿qué pasaba con la “labor sacerdotal”? ¿No se consideraba trabajo?
Total que en Sapporo no había “Hoja del Lunes”.
En este viaje me doy cuenta de que aunque los asientos son reclinables los japoneses los extienden solo un poquito. Aunque duerman. Y eso es una norma general. Claro que a lo mejor lo enseñan en “Educación para la Ciudadanía” que aquí no están los del PP de Madrid ni los de Valencia. Perdón, que se me olvidaba que en Valencia sí se enseña. En inglés.
Y todos los viajeros cuando se levantan o se van dejan el asiento en su posición vertical original. Además en los shinkansen los asientos están con menos de 90º así que siempre tienes que empujarlos un poquito. Imagino que esa extraña posición es para que cuando no tienes a nadie en el asiento delantero todavía tengas más amplitud y estés más cómodo.
PD
El patrón de los periodistas es San Francisco de Sales. Curiosamente también se le considera patrón de los sordomudos.
En una enciclopedia católica le llama “patrón de los sordomundos”. Bonito hallazgo esa palabra: “sordomundos” Sordos al mundo. ¿Querrán referirse a los eremitas y monjas de clausura?
Lo de los periodistas pecadores por trabajar en domingo me ha hecho cavilar. He pensado que quizás elegían a los más putañeros pensando que puesto que se iban a condenar de todas las maneras por un pecado más no iba a pasar nada.