Después de la visita de la universidad me voy al centro. Paso por delante de una peluquería –aquí todas tienen esa cosa de colores que da vueltas y que en España han desaparecido- y me sorprende la lista de los precios. Yo siempre había creído que a los caballeros nos costaba una parte muy pequeña de lo que les cuesta la peluquería a las señoras. Pues en ésta la cuenta de ellas –aquí la llaman “Lady’s menú”- iba de 1050 a 3150¥ y la de nosotros de 1050 a 8400¥. Me da miedo pensar que nos pueden hacer por 8400¥. A lo mejor es algo castigado por la moral tradicional. Estuve a punto de entrar y hacer como en los restaurantes que tienen un dibujo en la puerta y que cojo a la camarera y la saco y le muestro con el dedo el plato. Pues lo mismo. Pero no me he atrevido. Siempre acabo siendo un gallina.

Por la calle veo a algunas chicas con minifalda; desde luego se ha acabado el frío. Y de vez en cuando algunas de las más estrafalarias que solo encuentras en este país. Así me ha adelantado una joven que llevaba: una chaqueta como de chándal de color amarillo, debajo como un niqui azul que le salía y que formaba como una faldilla. Debajo unas enaguas de tul de color beige. Seguía con unas medias negras, pero que no eran medias –no sé como se llaman- que le llegaban solo hasta el tobillo, o sea sin pies. Acababa con unos zapatos casi blancos de piel de cocodrilo con un ribete rojo.

Para compensar ese sobresalto estético me voy a ver el edificio del antiguo gobierno civil de Hokkaido, “Former Hokkaido Government Office Building”. Se le llama “Ladrillo Rojo”, o eso dice un letrero, pero me extraña ese nombre, “Red Brick”, así en mayúsculas para designar un edificio tan importante. Fue construido en 1888 para llevar la administración de la isla. Dice que es de “estilo neobarroco americano”. ¡Toma ya!
Está rodeado de jardines y un pequeño estanque.
Como Minamoto y Yamasako deben tener su oficina en esta ciudad están más comedidos y solo lo han declarado “Propiedad cultural importante”.
Los árboles pequeños están con cuerdas que sujetan las ramas para evitar, imagino, que cuando nieve se partan. Como en Takayama. Parece que espera que ya no nieve y hoy empezaban a quitar las cuerdas. De todas maneras eso da idea de cómo debe ser el invierno aquí.
En otro jardín los árboles más pequeños están totalmente cubiertos de esteras.
Al lado de un gran edificio de oficinas en el aparcamiento hay una caseta como la de las obras de esas que parecen un contenedor con ventanas y una puerta. Las ventanas están abiertas y allí entran los oficinistas del edificio en mangas de camisa: es un fumadero. Lo que no sé es porqué tiene ventanas. Ahora que habrá que ver la peste que echan cuando regresen a su despacho.

Me voy a comer a un sitio que recomienda la guía. Además lo pone en plan de desafío: “cualquiera que tenga un yen para gastárselo en “ramen” no debería perderse este lugar, que puede ser difícil de encontrar”. Hombre, muy fácil, muy fácil no era, pero al final le pregunté a un repartidor de productos alimenticios y claro, lo conocía.
Es un callejón muy estrecho entre dos calles importantes, que tiene a ambos lados restaurantes que solo sirven “ramen”. Y claro a mí me parecían todos iguales. Además o se había pasado la hora de la comida o es un sitio más bien nocturno pero estaba todo muy vacío, así que entré en uno donde había una pareja comiendo. El restaurante como todos de ese callejón es enano y solo está el dueño-cocinero-camarero-fregaplatos. Me da la carta que son 14 fotografías de sopa en una vista cenital con explicaciones en japonés y con el título en caracteres latinos también. Claro que la diferencia entre “sorchi”, “mirchi”, “dirchi” y términos parecidos a mí se me escapa. Y además ¿tú has visto 14 fotografías de sopa? Pues son todas iguales. Para mí que ni siquiera se molestaron en hacerlas de 14 distintas sino que eran la misma. ¿Tú cuál elegirías? Pues lo mismo hice yo: una de precio intermedio. Pues el maître se quedó bastante sorprendido por mi elección. Que estuve a punto de cambiar. Que suena a esos casos que sin conocer el idioma pides “caracoles de huerta vivos en su baba” y te preguntan si sabes lo que has pedido y por miedo a hacer el ridículo dices que sí pero que además quieres el plato grande. Así que aquí el de la sopa me pregunta algo en japonés que obviamente no entiendo. Entonces saca un sobre y me dice que si la quiero de eso. Y fue un milagro porque era de la única palabra que sé de cocina japonesa y se lo dije: “nori”. Y el tío ya se quedó más tranquilo al darse cuenta que estaba con un experto. Y la sopa estaba estupenda, aunque yo en Japón no he comido una sopa mala.
De regreso al hotel paso por una de las calles más importantes de Sapporo y veo un enorme edificio que están construyendo con toda la estructura de hierro. No sé si es por lo de los terremotos o porque lo patrocina el Sr. Mittal pero es algo impresionante.
En el mismo paseo está la torre de la televisión que dejo para visitarla mañana. Luego paso por una famosa galería comercial y me encuentro con una tienda de Zara. ¡Qué alegría! ¡Eso sí es una seña de identidad nacional y no la fiesta de los toros!

Me doy una vuelta por la “Tanuki-koji Arcade”, una galería comercial como la que tienen todas las grandes ciudades y que siempre están muy animadas.
En la calle encuentro una larga cola para entrar en un edificio. Todas son chicas jóvenes. Creo que es algo de publicidad pero luego veo anunciado un trío de músicos jóvenes. ¿Por qué hay solo chicas esperando? La verdad es que si los que van a actuar son los de las fotos parecen un tanto ambiguos. O ambiguas.
Paso también por la “torre del reloj”. La guía la remarca y también lo hicieron en turismo pero la verdad es que es como un chalet de Pozuelo, pero no de los ex-presidentes (Aznar dixit) sino de los de la clase media alta. Pero es un punto de referencia en esta ciudad. Bueno, es realmente gracioso encontrarte allí al chalet de tu amigo en medio de todos los grandes rascacielos.
Como el hotel está al lado de la estación, en el norte, y casi todos los lugares importantes de la ciudad en el sur, siempre paso por ella y vuelve a maravillarme la fantástica fachada y el entorno que la rodea.
PD
En Sapporo en los aparcamientos para bicicletas el personal les pone una cadena de seguridad aunque sin llegar al extremo de España. Claro, es que tampoco son bicis “fardonas”.
Y un detalle: casi todas llevan la luz con una dinamo. Y yo que creía que eso era de los años 50 y que ya no existía…
En la contraportada del mapa de la ciudad que me dieron en la oficina de turismo hay una información que no había visto en ninguno, y eso que mira que he visto mapas en mi vida: “Como vestirse en invierno”. Antes hay un pequeño apartado donde te advierten que la diferencia de temperatura con Tokio es de 10ºC y que suelen estar por debajo de cero en invierno en la isla de Hokkaido. ¡Y en primavera! Añadiría yo. Y acaba con este consejo maternal: “Abrígate y no cojas frío”.
Luego viene la parte importante porque te describe como debe cubrirse cada sección de tu anatomía. Y te recomiendan la bufanda, como las madres. Y zapatos para la nieve. Y pantalones “corduroy”, que hasta que lo puedo buscar no me entero que son los pantalones de pana. ¡Y yo que pensaba que eso ya no se llevaba!
El último consejo es el definitivo: “Algunas calles son muy resbaladizas. Cómprate calzado para la nieve y sino tienes ponte “slip stoppers”, que a mí lo de “slip” me suena a calzoncillos pero aquí pone un dibujo y son como las cadenas de los coches pero de goma y te los atas a los zapatos.
Te adelanto todos estos consejos por si decides venir el próximo invierno a Hokkaido donde no tienes que visitar templos porque si además de quitarte los zapatos llevas las cadenas puestas debe ser un terrible engorro.