26. Hakodate, día 2, primera parte.

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Como decía la guía que el mercado de Asa-ichi se acababa a las 8 de la mañana y está al lado del hotel me voy allí antes de desayunar. Compruebo que hay realmente dos mercados: uno que permanece abierto hasta el mediodía y algunos puestos hasta la noche donde venden todo tipo de cangrejos, cangrejitos y cangrejones, más moluscos bivalvos diversos, huevas de salmón y de erizo y mucho alimento de este tipo empaquetado, congelado, envasado…del que me hubiese gustado probar de todos y llevarme de casi todos pero era imposible hacerlo. Además aunque era muy fotogénico debido al plástico que lo protegía era muy difícil de fotografiar. Pero los tenderos te sonreían y saludaban como si les fuese a comprar toda la tienda.

Mercado de Asa-ichi.

Además hay un mercado muy mustio que debe cerrar pronto donde además de unos pocos vegetales el producto estrella eran algas secas de todos tipos y formas. Lo curioso es que están metidas dentro de unas bolsas negras de plástico alargadas y hasta que me he puesto las gafas creía que era un mercado donde solo vendían calcetines negros.

Nota aclaratoria.

Cuando llegué a este hotel vi que en algunos de los casilleros de las llaves que hay en la recepción había un paquete con un par de calcetines como los que me regalaron el primer día en que estuve en un hotel de esta cadena. Les pregunté y me sacaron una cestita con todos los regalos y con un letrero que decía: “Por favor, coja un regalo de la caja”. Y no paro de pensar lo que habría pensado la recepcionista que al sacarme la caja vio que yo cogía uno de cada clase. Quizás lo ponía en japonés lo de “solo uno”, pero desde luego no en inglés. Ahora seguro que sí lo pone.

Total, que me voy haciendo con una colección de calcetines.

Sigo mirando el pronóstico del tiempo y veo que el día en que pienso estar en Wakkanai no lloverá. ¡Bien! Pero que habrá ráfagas de viento de más de 80 km/h. ¡Mal! Y que el día en que yo llegue estarán a 12 bajo cero. ¡Peor que mal!

Pero hoy ha amanecido el mejor día de todos los que llevo de viaje.

Me voy a visitar el fuerte, cojo el tranvía y solo hay viejecitas. ¿Dónde están ellos? ¿Viendo las obras como en España?

Al lado del fuerte hay una torre enorme con un mirador en su parte superior de la que dice la guía que para los hakodatianos es su “gran hermano” que los vigila.

Torre Goryokaku.

Imagino que será con fines de telecomunicaciones pero es un gran disparate.

El fuerte tiene un perímetro que forma una estrella de cinco puntas. De aquella construcción original solo ha quedado un foso con agua y los muros. Ahora es un bonito parque con unos cerezos enormes a punto de florecer. Pienso que cuando regrese hacia el sur los de allí ya se habrán pasado.

Hay un paseo alrededor del foso que los jubilados utilizan como pista atlética. Yo iba a mi aire y ellos me pasaban como un ciclón.   Yo creo que es que como llevaba mi forro polar de color naranja –eso es impensable en Japón- me debían ver como una meta volante y se decían: “vamos a pasar al de naranja”. Porque me parece que una vez que me adelantaban aminoraban la marcha.

Lo curioso es que todos iban en el mismo sentido; quizás lo hagan en plan práctico porque con lo reverenciosos que son si se encontrasen de frente no pararían de saludarse y así lo evitan.

Y muy pocos con perros y siempre pequeños. Los perros. Solamente dos o tres pero con dos perros cada uno. Quizás lo hagan para criar porque no le veo ninguna ventaja.

Conocí a una pareja que tenía una pareja de perros para criar y así ganar pasta. Pero riñeron. Él se quedó con el macho y ella con la hembra. Que no sé si es algo de derecho canónico o es que siempre se repiten los roles.  Y resulta que ella, la perra, estaba preñada. Pues parece que hay una extraña norma canina por la cual el dueño del que pone el espermatozoide tiene derecho a alguno de la camada.

Enfrente del fuerte hay un museo de arte con muy buena pinta pero hoy quiero aprovechar para estar en el exterior y paso de largo aunque veo un par de esculturas del jardín de Emile-Antoine Bourdelle de 1923 y 1925, una es “Libertad” y la otra “Safo”.

En mis paseos me percato de que muchas ventanas tienen la parte exterior sobresaliendo unos 5 centímetros de la pared del muro. Desconozco su utilidad pero seguro que la tendrán.

Me voy al cementerio de los extranjeros que está en Motomachi.

Las casitas del barrio tienen una especie de jaula metálica en la acera de 60x80x50 centímetros donde colocan las bolsas de la basura. Los que no la tienen las cubren con una malla gruesa de plástico.

Veo un letrero sin ningún monumento al lado y voy a leerlo: habla del templo de Shingonji de 1861 y de la “famosa” estatua de Fudomyoo. Dice que es de madera de 36 centímetros de alta, o sea una enanez, y que no se expone habitualmente. “Aunque es de artista desconocido y tampoco se sabe su fecha de creación se considera muy antigua y muy bien trabajada”.  No se puede ser más oscuro en el trabajo de documentación. Además la estatua está declarada “propiedad cultural importante de la ciudad”. O sea que no se ve, no se sabe nada de ella pero es “propiedad importante”. ¡Ay Minamoto y Yamasako!

También dice que éste era un barrio “alegre” y que el templo y su estatua eran muy venerados por geishas y similares.

Pues el templito está bajando unas escaleras y es insignificante en su exterior pero está cerrado con lo que me quedo sin ver el famoso Fudomyoo.

Llego al cementerio para extranjeros. Es un lugar precioso pero está cerrado. Yo pensaba leer, como hice en Calcuta, preciosas dedicatorias decimonónicas y sentidas despedidas pero me quedo con su aspecto exterior. Está en una suave inclinación frente al mar y desde luego no podían haber elegido mejor ubicación.

Aunque el letrero de “cementerio para extranjeros” lo pone en uno en concreto ése sería más bien el de los “ingleses” pues hay también uno chino, otro ruso y otro de unas monjitas francesas. Todos igual de cerrados.

En el de las monjas descubro que la principal se llamaba “Marie Onésime” de la Congregación de la Hermanas de San Pablo de Chartres. Y ese nombre, “Onésime” me sorprende pues desde mi infancia escolapio-franquista-falangista siempre lo relaciono con “Onésimo Redondo” fundador de las JONS y mártir de la Cruzada contra la República.

También hay un cementerio pequeñito donde entierran a los cristianos japoneses y un gran cementerio japonés normal.  En la entrada de éste está el monumento de Limu Ryoento. Dice que en 1864 como respuesta a las mujeres abandonadas que tenían que trabajar como prostitutas se levantó este monumento   y que los fondos fueron donados por los dueños de las casas de lenocinio, pues al abrirse la ciudad al exterior “vinieron gentes de todos los lugares y el negoció floreció”.  Y sigue: “este monumento nos recuerda el hecho de que entre las sombras del puerto, cuando se abría una nueva época, existían mujeres que no tenían otra elección que trabajar hasta el final de sus días como prostitutas”.

Los donantes están grabados en el pedestal. ¡No se puede ser más falso!

Lo más curioso es que hoy sigue habiendo allí flores frescas.

Visto el fracaso del cementerio para los extranjeros compensado por el hallazgo de este pequeño monumento de los proxenetas explotadores a la pobre puta explotada me voy a coger el funicular que sube al monte Hakodate. Arriba quedan todavía montoncitos de nieve pero el día es claro y precioso. La vista es completa y una maravilla. Y estando allí, viendo el día que hace y el horario tan amplio que tienen he pensado en que quizás debería haber venido por la noche. Pero es que después de la cantidad de días nublados que llevo no me he podido resistir a subir con sol. Y es que he recordado que el editor de ese me dijo que el cielo de Hakodate era uno de los tres más bonitos del mundo. Tendré que dejarlo para el año próximo.

Desde el monte Hakodate

La guía recomienda visitar el antiguo fuerte que está por allí. Pregunto a varios hasta que al final uno me indica más o menos el camino. He encontrado unas edificaciones pero como toda la información estaba en japonés y no había nadie para preguntar no he logrado saber si he llegado a donde quería pero era un sitio que parecía más otro lugar de Asia con ruinas y abandono que de Japón.

Vuelvo a la estación del funicular y decido tomarme un té para aprovechar la vista. En la máquina hay una lata que pone “Lipton” y que está en rojo: pues té caliente. Esa es la deducción más fácil.   Pues no sé lo que era. Quizás era té con leche o café con leche. Creo que hacía años que no bebía algo en una lata. O quizás es que no lo había hecho nunca. ¡Mira que es incómodo!  Cuando estás por la mitad ya no hay manera de beber más. Tienes que hacer verdaderos esfuerzos echando hacia atrás la cabeza. Ahora entiendo porque algunos se dejan las latas a mitad. Aunque bien pensado tampoco lo entiendo porque si están en casa o en un bar lo podrían verter en un vaso.

Será algo ancestral. (Explicación que se aplica a aquello que no tiene explicación. Excepto al tema teológico que entonces se dice que es una cuestión de fe).