20. Hiraizumi, día 1.

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Hiraizumi.

Primero pensé quedarme tres noches, la de hoy y la de mañana, para ver lo que he venido a ver, y la de pasado para hacer un recorrido, aunque fuese en tren, por un valle cercano. Pero no está muy claro lo de los hoteles así que ayer decidí quedarme solo dos noches y marcharme pasado mañana a Morioka y hacer desde allí el recorrido.

La guía recomendaba un albergue   que forma parte del complejo de un templo. Dice que es un lugar muy relajante para estar, sobre todo si quieres un lugar cerca del templo. Y que incluso puedes participar en sesiones de meditación zen. Advierte que “sentado”; será para que te enteres que si no sabes “sentarte” como los monjes ni lo intentes. Yo ni pensaba en lo de participar en la meditación pero después de la falsa experiencia de Takayama quería comprobar si aquí era más real.

Voy a la oficina de turismo a cerciorarme pues el templo-albergue está a más de un kilómetro: está cerrado el albergue. Así que incluso he pensado seguir viaje hasta Morioka y venir mañana en un viaje de ida y vuelta desde allí pero la señorita de la oficina me ha convencido de que vaya a un ryokan a mitad de camino del templo y he decidido probar.

Camino del ryokan lo que encuentro es una ciudad japonesa moderna y limpia. Y vacía.

La guía la define como una ciudad rural y tranquila. Tranquila lo es, pero no es el aspecto rural lo que yo entiendo por eso. Ciertamente hay algún campo de arroz lindando con alguna avenida pero en España sería una urbanización de clase media alta pero sin piscinas. Calles muy cuidadas, casas muy arregladas, en algunos casos con minúsculos huertos y jardines y todo tan limpio que no parece de verdad. A veces me recordaba “El show de Truman”. Pero sin gente por la calle.  Solo cuando estoy al lado de un parque veo a media docena de personas. Y eso que es sábado y mediodía.

El ryokan tiene un aspecto anodino. Esta mañana me he puesto polvos de talco en las zapatillas y ya sabéis que en un establecimiento así hay que andar descalzo o con las chinelas que te prestan (excepto dentro de la habitación). Pues he dejado una buena marca blanca de mis pasos.

Me atiende una jovencita que me dice los precios y me apunto a la habitación con cena y desayuno.  Y menos mal porque no he encontrado ningún sitio abierto donde poder comer. Así que hoy me he salvado gracias a mi provisión de turrón de Alicante pues en las estaciones de cambio de tren no he tenido suficiente tiempo. Y ya me veía vagando por este solitario pueblo de noche buscando un sitio para cenar.

La jovencita del albergue no habla ni una palabra de inglés pero es muy simpática, tiene una cara que me recuerda a alguien, y además debo ser el único huésped. Afortunadamente porque la primera vez que he vuelto a la habitación me he metido en una que no era la mía pues sólo tienen numeración japonesa o nombres de flores, como en Kanazawa, y no lograba saber cuál era la mía.

Lo único que no me gusta es que el retrete de “señores” es de tipo japonés y no les tengo tomadas las medidas. Luego compruebo que el de “señoras” es “occidental” así que como debo estar solo me cambiaré. Espero que no crean que soy un fetichista.

Me dice que la cena es a las seis de la tarde. Parece que haya adivinado que no he comido. O es que es lo habitual.

¿Qué he venido a ver en Hiraizumi? Dos templos y  el “ambiente de ciudad rural y tranquila” pues la guía dice que tiene unos 9 mil habitantes y las que he visitado hasta ahora eran de varios cientos de miles. Aunque éste no era el entorno esperado.

Una calle de Hiraizumi.
Dicen que esta ciudad rivalizó con Kioto y que durante cien años, desde 1089, tres generaciones de familias reinantes (o quizás feudales) la hicieron florecer y quisieron crear una ciudad que siguiese las utopías budistas de paz.

Fruto de todo ello son los templos o mejor los complejos de Chuson-ji y Motsu-ji.

Me voy a ver este último que es el menos importante de los dos, por lo menos ahora pues en alguna época sobrepasó al que ahora es más famoso, el de Chuson-ji.

Motsu-ji.

Fue fundado en el 850 por Ennin, el tercer jefe –no sé que término emplear- de la secta Tendai. Fue reactivado en el siglo XII y se convirtió en un complejo enorme de más de 100 templos, edificios y pagodas con más de 500 dormitorios comunes para monjes. (¿Cuántos monjes caben en una de esas habitaciones?). Hay testimonios de la época que lo describen como “un lugar sagrado sin rival en toda la tierra”.

Después de la caída de las familias que lo sostenían sufrió numerosos incendios que finalmente destruyeron todos los edificios originales. Pero una frase leída allí dice que “incluso entre toda esta tragedia la llama eterna de Motsu-ji nunca se ha apagado”.

¿Qué queda hoy?

Pues algunas piedras que eran los cimientos de algunos edificios y tres estatuas notables de Buda pero no sé de qué época. Una de ellas no se visita y las otras dos ocurre que como algunos templos budistas están en penumbra y ves el altar principal de tan lejos no sabes cómo son. Si te dicen que son importantes te lo crees, pues es gente seria, pero no puedes verlos como en Birmania, por ejemplo, en donde ves estatuas de Buda en todo su esplendor.

Y sobre todo queda un jardín aunque no sea la mejor época del año para visitarlo: la hierba está todavía seca y aunque hoy lucía un débil sol, durante mi visita soplaba un cierzo…Así a pesar de que esto no es montañoso y ya estamos en abril delante de uno de los templos quedaba  todavía un montoncito de nieve. El conjunto es muy bonito, como todos los jardines japoneses. No te digo más que se llama el “Jardín de la Tierra Pura” y que dicen que por su técnica jardinística   es un ejemplo destacado de la época Heian (749-1192). Y así ha sido catalogado como “Lugar Histórico Especial” y “Lugar Especial de Belleza Pintoresca”. Quiera decir lo que quiera decir para la sensibilidad estética japonesa ambas denominaciones. Pero a mí la palabra “pintoresco” siempre me hace recordar a mi padre que cuando un lugar no sabía como definirlo, o no le había gustado mucho, decía que era “pintoresco”.

En la reconstrucción del jardín han encontrado un riachuelo que era el que originalmente alimentaba entonces el estanque central. En la orilla de éste hay un montón de piedras: es artificial (la colocación, no las piedras); que imitan una vista montañosa siguiendo el ejemplo de “karensansui”, la técnica jardinera japonesa con rocas que se definió en el siglo XI en el “Tratado de hacer jardines”, “Sakuteiki”. ¿Qué hacíamos en la Europa cristiana del siglo XI? Patatales.

Gracias a una información sobre una estatua descubro que Jikaku Daishi Ennin (794-864), el que era el jefe tendai, viajó a China durante nueve años (¡aquello sí que eran viajes y no esta mariconadas que hago yo!)  y escribió un libro que se llamó en su traducción al inglés “Informe de un peregrinaje a China en búsqueda de la ley”. Y ese libro lo comparan con el de Marco Polo. Ennin es considerado uno de los mejores autores de libros de viajes y sobrevivió en China a la gran persecución antibudista de 842-846. No volvió de China por su gusto sino que fue deportado.

También leo que hacen, o hacían un certamen de poesía y recrean un pasatiempo importado de China y sobre el que escribí el año pasado sobre el “Prefacio a la reunión en Lanting” del Museo Nacional de Tokio.  Escriben un poema y dejan su copa de sake en una corriente de agua, aquí en la que he nombrado antes, y luego se la beben. Hay una fotografía del evento muy interesante.

Motsu-ji. “Gokusui no En”.

Y si el tiempo, ¡ay el tiempo!, hubiese sido más agradable me habría sentado a contemplar un buen rato tan bello paisaje, pero el cierzo japonés…

Veo de lejos entrar a una chica occidental alta y rubia con una japonesita un poco estrafalaria vestida a lo hippy. Al cabo del rato se cogen de la mano. Me sorprende porque aquí no he visto ninguna actitud pública de este tipo. Entonces recuerdo que hace unos días leí que en este país iban a cambiar una ley para permitir a los homosexuales japoneses que se pudiesen casar en los países donde estuviese permitido. Realmente era solo que iban a emitir un papel que dijese que esa persona estaba soltera, porque por lo visto hasta ahora se lo negaban.   Y es que este tipo de relaciones parece que aquí no existen oficialmente. Pero en este jardín estaba esa pareja.

Llega un momento que los tengo muy cerca: la rubia de larga melena es un rubio. Incluso cuando me ven preguntar una información a los porteros de la entrada vienen en mi ayuda pues no hablan inglés y él habla japonés.

He leído en la guía que hay una biblioteca pública donde tienen internet. Me acerco a preguntar sobre ello a la oficina de turismo y allí también tienen una pantalla así que me quedo a ver el correo y el mapa del tiempo japonés pues el editor de este blog que sigue mis pasos me augura frío.

Y a las cinco de la tarde con la oficina de turismo cerrado y esperando la cena en una preciosa “urbanización de clase media” pero con todo cerrado me voy al único lugar público abierto: el onsen.

Pregunto previamente a la joven del ryokan: sexos separados, sin nada de ropa y me puedo llevar la toalla -enana- de la habitación.

En la recepción del onsen intento enterarme de las normas de funcionamiento pero solo me sacan un letrero con dos líneas en inglés que no dicen nada interesante. Y me dan una toallita naranja que no tengo ni idea para qué es pero imagino que observando me enteraré.

El personal se queda en pelotas pero se cubre pudorosamente un poco los genitales con la toallita naranja. Se duchan, se lavan, alguno se afeita, antes de entrar en la pileta. Y allí están sentados dentro del agua con la toallita en la cabeza. Yo la dejo donde puedo pues seguro que se me caería. Aunque luego descubro que esa tolla siempre la tienen medio mojada y que no es para secarse. Después de un rato en remojo me meto en la sauna. Allí hay uno sentado y tiene la toallita encima del escroto. No sé si es una norma o que la tiene así por azar. Por si acaso yo hago lo mismo pero como si fuese una casualidad. Luego entra otro y también se tapa de la misma manera al sentarse. Así que aquí son más pudorosos que en el onsen en el que estuve el año pasado donde los bañistas no se tapaban nada.

Otra duda: ¿cuánto rato se está dentro de la sauna?  Pues decido estar hasta que se vaya el señor que estaba allí cuando he entrado.  Pero me parece que era un fanático pues yo estaba casi desfalleciendo y aquel no se movía. Al final se levanta y yo detrás.

En conjunto ha sido una tarde completa y muy buena.

Y faltaba lo mejor: la cena.

Como me han puesto de dotación en la habitación una yukata y un sobretodo pues he decidido ponérmelos los dos para cenar. Como los gallegos: Nunca mais.

Llego al comedor y tengo la cena preparada en una mesa. Y debo estar solo. La mesa mide 30 centímetros de altura y hay un cojín de unos dos. Cojo otros tres para estar un poco más alto.

Cena en el ryokan.

La cena ha sido una de las más exquisitas que he probado en mucho tiempo. Tenía 10 platos diferentes, todos deliciosos. Incluso me he acabado el arroz blanco hervido a pesar de la cantidad que te ponen. Pero además de una de las más deliciosas también una de las más incómodas que recuerdo.

El sobretodo era como un abrigo recio y con mangas anchas como las de los mandarines chinos de las pelis. Por un lado metía las mangas dentro de la comida y por otro sudaba con la calefacción y el abrigo. Las piernas no sabía como ponerlas y he comido medio arrodillado la mayor parte de la cena. Además se me abría la yukata y enseñaba las piernas. Menos mal que no iba tan ligero como en el otro ryokan y llevaba ropa interior. Y como al principio había otra cena, que luego retiraron, pensaba que iba a llegar otro cliente y vería mis problemas para sentarme y para taparme. Al final creo que la cena era para la chica del ryokan o para algún familiar, pues había un par de viejecitos por allí, pero les ha debido dar vergüenza cenar conmigo y se han metido la bandeja a la cocina y se la han comido allí. Y es que si hubiese llevado pantalones y camisa por lo menos no hubiera estado preocupado con mi desnudez.

Así que mañana el desayuno lo haré vestido normal.
Y prontito a la habitación a escribir este borrador.

Informaciones útiles.

Para los meditabundos.

Si vienes aquí el 20 de enero se hace un ritual de meditación en Motsuji llamado el “constant walking”. Debe ser una paliza.

Para los poetas.

Por si me lee algún poeta aficionado a los concursos. El certamen del que hablo más arriba se celebra el cuarto domingo de mayo y se llama “Gokusui no En”.

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