Hay que dejar esta ciudad donde he estado muy bien.
En la estación cuando llega un tren anuncian por megafonía el nombre de la ciudad pero arrastrando la última o: “Matsumotoooo”. Debe ser como una marca de la ciudad porque no lo he oído en ninguna otra.
Hoy va a ser un día de mucho tren. En su sentido literal.
El recorrido será:
El superexpreso Shinano de Matsumoto a Nagano.
El shinkansen Asama de Nagano a Omiya.
El shinkansen Hayate de Omiya a Sendai.
El superexpreso Yamahiko de Sendai a Ichinoseki.
Un tren local de Ichinoseki a Hiaraizumi.
Salgo a las 9:30 y llego a destino a las 13:33.
Ha sido un sinvivir pero todo funciona tan bien…
Hoy es el día más claro desde que estoy en este país y se ven las grandes montañas cercanas a Matsumoto cubiertas de nieve. Por poco me voy sin verlas y es un paisaje precioso pues desde la ciudad no hay obstáculos geográficos hasta ellas: es una gran llanura sin ningún relieve. Más tarde el tren se mete en un valle y aunque las montañas siguen donde estaban ya no se ven.
De Nagano a Omiya hay casas siempre a los lados de la vía y si el terreno es ancho grandes ciudades. Ni un espacio vacío como hay en cualquier lugar de España, como por ejemplo los Monegros. Aquí sería impensable. Por lo menos en la isla de Honshu.
En el tren hay una revistilla con artículos que venden. Imagino que te los enviarán a casa y que no te los venden las azafatas del tren porque hay hasta cosas de jardinería bastante grandes. Yo he encontrado un artilugio muy práctico: un cinturón que te lo pones por encima de la camisa pero por debajo del pantalón; así evitas que se te salga la camisa. Tuve un compañero de trabajo que en ocasiones importantes, importantes para él, no se sentaba, aunque fueran horas, para no arrugarse los pantalones. En una ocasión yo estaba de azafato-demostrador en una feria en Barcelona y apareció él. ¿Por qué? Pues porque le habían dicho que nos vendría a visitar al stand el Honorable Sr. Pujol. Pues allí se tiró, infructuosamente, casi todo el día sin sentarse. Y sin arrugarse.
Otro que debe utilizar un cinturón de este tipo es el Sr. Zaplana.
Por si eres un petimetre: por 5775 yenes es tuyo, unos 43 € al cambio de hoy.
En Omiya estamos al lado de Tokio y todo lo que alcanza la vista está construido.
Con tantos trenes el viaje ha coincidido con la hora de comer. Aquí el estándar de los pasajeros son unas cajas cuadradas que se pueden comprar en los vagones pero que la mayoría adquiere antes de subir en las tiendas de las estaciones. Son una monada de presentación. Nada que ver con el bocadillo de salchichón o con el “pepito” de lomo. Son la fiambrera tradicional española elevada a obra de arte. Algunos contienen unos bocadillitos que son una obra de arte de diseño pero la mayoría son porciones de arroz glutinoso con algo por encima y que a mí me parece sushi pero no lo sé con seguridad. Las cajitas en cuestión se llaman bento y son uno de los muchos inventos genuinamente japoneses. Como cuenta Wikipedia datan del siglo XII y en los trenes japoneses del XIX.
Se puede leer sobre bento en español o preferentemente en inglés por los enlaces que contiene la versión inglesa. Es todo un mundo. El bento típico de los trenes se llama ekiben. Suelen contener una comida «completa», seiscientas calorías en un volumen de seiscientos mililitros. Un mililitro, una caloría.
La jovencita de al lado se come una bandeja de ésas. (Mi mujer me advertiría que eso es una metonimia de contenedor por contenido. Es que no le gusta que las utilice). La observo para aprender y si un día lo hago yo no parezca un salvaje extranjero.No se le cae ni un grano. Al acabar recoge todo dentro de la bandeja. Incluso emplea un método para guardar los palillos que son más largos que la cajita: los vuelve a meter en el sobre donde venían y así los parte. De esta manera no se mancha los dedos. Este personal si va a la India y ve comer en los trenes les da un ataque.
Precio de las cajitas en el tren: de 800 a 1000 ¥, de 6 a 8 € al cambio de hoy.
De vez en cuando se ven montañas nevadas pero ni tanto ni tan grandes como las de los Alpes (Japoneses).
La misma continuidad de casas y de población entre Omiya y Sendai.
Me sigue sorprendiendo lo rápidos que son estos trenes y lo frecuentes, y la cantidad que hay. En España tenemos dos líneas AVE y nos parece el fin del mundo.
Acabo en un tren “local” que como es habitual, también por la hora, vuelve a estar lleno de estudiantes. A pesar de que es sábado. Solo uno lee. Luego compruebo, ¡ay!, que es un tebeo. Todos los demás miran fijamente su teléfono celular. Ninguno habla. Ninguno corteja o tontea con alguna chica.
Una vez vi en una serie americana el caso de una señora que se enamoraba de objetos. Creo que se llamaba a esa pasión “objetofilia”, que debe ser un fetichismo menor sin connotación religiosa ni sexual. ¿Será lo mismo lo que les pasa a estos chicos? No creo porque si no habría alguno que “saldría” con un microondas y solo se lo hacen con los teléfonos celulares. Pero me gustaría saber qué miran o en qué piensan porque es que no levantan la vista ni un segundo.
Y así llego a mi destino.