18. De Matsumoto a Nagano pasando por Bessho Onsen.

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Hoy he hecho algo que me parece haber descubierto, pero que era tan evidente que no sé porqué no lo hago con más frecuencia.

Había pensado estar en Matsumoto dos noches y luego irme a Nagano. Pero primero me encontré muy a gusto en el hotel y en la ciudad. Segundo, me percaté que teniendo los viajes en tren gratis o mejor “ya pagados” (solo en el JP Rail pero cubre casi todos los viajes posibles) y con la rapidez con que funcionan y la cantidad de servicios que prestan podría visitar Nagano desde Matsumoto y regresar aquí de nuevo.

Hoy amanece con sol aunque las montañas cercanas tienen unas nubes bajas muy amenazantes. En el tren a Nagano (un “limited express”, peor que los “shinkansen” pero mucho mejor que los “local train”) coincido con muchos treintañeros  o algo más jóvenes (la verdad es que los orientales me despistan con la edad) que van casi de uniforme: traje negro o gris oscuro o azul muy oscuro, con camisa blanca y corbata. Ninguno lleva una prenda de abrigo y el día aunque con un sol ligero es fresquito. No sé si es que llevan debajo de la camisa dos forros polares o es que se embadurnan el cuerpo con grasa de ballena, pues ya sabéis que a pesar de lo civilizados que son siguen liquidando ballenas.

Pero me sorprende que vayan tan ligeritos de ropa.

A poco de salir de la ciudad el tren se mete en un bosque de pinos totalmente cubierto de nieve. Quizás la lluvia de ayer fue aquí una nevada. Pienso en mi amigo Hiro que vive en Tokio y con el que ayer hable por un chat. Se sorprendió que estando aquí no fuese a un pueblecito que está en medio de los Alpes. Me dijo que si iba tendría la oportunidad de ver algunos picos nevados. ¿Algunos picos? ¡Pero si la nieve llega hasta los raíles! Y eso que estamos en abril.

Llega a Nagano y allí cojo un shinkansen para ir a Ueda, paso necesario para llegar hasta Bessho Onsen. Son 14 minutos de nada pero es un tren que sale de Nagano y llega hasta Tokio. Y me doy cuenta de que apenas me he movido en estos 10 días.

En Ueda paso por la oficina de turismo que está como todas en la estación y me dan un plano de la zona de Bessho Onsen de esos que son solo una fotocopia de uno hecho a mano. Pero en inglés. Aquí tengo que cambiar de línea y de compañía. Y hay que tener cuidado con eso pues con el pase del JP rail te olvidas y en las otras líneas hay que pagar. Y entonces te das cuenta que el transporte es bueno y eficaz pero caro.

Como falta un rato para la salida del tren vuelvo a la oficina de turismo a hacer un par de preguntas y me da un plano más detallado que la primera vez pero en japonés. Y con la marca de los cartógrafos diabólicos: tiene la orientación E-O.

El nuevo tren es una especie de tranvía con dos vagones y con los asientos corridos a los lados de éstos. Van bastantes jóvenes pues este tipo de trenes lo utilizan mucho los estudiantes. El 95% de los menores de 35 años que van en este tren miran fijamente el teléfono celular. Pero ninguno habla por él. No sé si es que no hay cobertura. Lo que me extraña, o es que es carísimo, que no creo, así que debe ser por educación y normas cívicas. Pero ninguno habla.

Pasamos por varias estaciones y una de ellas se llama “Simonogo”, uno de los nombres más feos para un pueblo que he visto en mi vida. Lo que técnicamente se llama  “topónimo horrible”.

En la estación inicial y final se abren todas las puertas de los dos vagones pero en las intermedias solo se abre la de delante que está al lado del conductor. Así él hace de revisor cuando el personal sale controlando los billetes. Así se van bajando los jóvenes y al final solo quedamos cuatro viejecitos y yo.

Bessho Onsen.

De este lugar dice la guía que es una pequeña ciudad de montaña rodeada de manantiales de aguas calientes y que fue un importante centro administrativo desde el  siglo XII hasta  parte del XIV. Fue también un lugar de retiro para escritores y hoy un centro de descanso. Sus aguas curan la diabetes y el estreñimiento.

Hasta allí he llegado y la verdad es que estaba todo muy solitario.  Quizás es que es demasiado pronto o el mal tiempo de estos días pasados ha hecho retraerse a los turistas japoneses. Porque es un lugar que al margen de los baños (os recuerdo que “onsen” quiere decir “baño público”) de aguas termales, tiene un encanto especial.

Temple Anraku-ji. Pagoda octogonal.

Aquí tienen lo que califican como “tesoro nacional”: el templo de Anraku-ji, famoso por su pagoda octogonal. Realmente el edifico es notable pero lo mejor de todo es el entorno donde está. No sé que pasará cuando haya algún sarao importante pero hoy estaba yo solo y aquello parecía de otro mundo. Todo el lugar está lleno de tumbas y te sorprende encontrarlas todas tan limpias y cuidadas y encima algunas con flores frescas preciosas.

Me veo reflejado en una lápida y aprovecho para hacerme un autorretrato.

También vuelvo a encontrarme las figuras con baberos.

El arco de entrada está totalmente cubierto en su interior por pegatinas. Son una versión educada de las pintadas. Además me imagino que son peticiones a Buda y no frases del tipo de “Yonatan kiere a Yenifer”.

Allí hubiese pasado toda la mañana pero la vida del turista es dura y hay que seguir visitando otras cosas. Así que me voy al templo de Jorakuji. También solitario y también con un entorno encantador.

El techo del templo que está recubierto de paja tiene un grosor enorme. Me gustaría saber con qué frecuencia lo cambian. En algunos templos me parece que s un simple adorno y es un falso techo de paja falsa pero aquí me pareció de verdad.

Algunas de las estancias, como en este templo en la entrada, tienen una decoración minimalista (¿zen?), apenas nada, que contrasta con el abigarramiento interior.

Finalmente visito el templo de Kitamuki Kannon. Allí hay una placa que empieza:  “Así como las estrellas del cielo  proporcionan guía a través de la oscuridad de la noche, así  Kitamuki Kannon tiene el poder de guiar a los fieles hacia los recompensas terrenales”, porque parece ser que el Buda de este templo protege a sus fieles en esta vida y no espera  a la otra.

Y luego viene una extraña historia sobre el origen milagroso del lugar.

Vuelvo a la estación del ferrocarril y apenas me he encontrado en toda la mañana con media docena de personas.

La jefa de la estación va vestida de baturra japonesa y toda la estación parece de otra época.

Vuelvo con un tren parecido al de la venida hacia Ueda y de allí de nuevo a Nagano.

Nagano.

Esta ciudad es la capital de una provincia y según la guía es uno de los lugares más interesantes de visitar de toda la zona. Está rodeada de montañas lo que hace, imagino, que tengamos un fresquito más que importante. Veo a algunos “ejecutivos” con gabardina”. ¿Habrá vuelto esa prenda o es que en este país no se ha ido nunca?

Tiene aspecto de ser una ciudad para estar tranquilo unos días pero yo he venido aquí de paso para ver el templo de Zenko-ji. Y realmente es algo espectacular. Es enorme, muy bien conservado y cuidado. Cuando he llegado al patio central del recinto había un grupo de unos 20 operarios y una grúa y un par de cámaras de televisión.  Pensaba que iban a mover un pebetero enorme que estaba en el centro pero si lo han hecho ha sido después de que me fuera pues esta gente trabaja tan a conciencia y con tantas medidas de seguridad que no es un espectáculo para mirones. Por lo menos para mirones occidentales que quizás los orientales acostumbrados al taichi y la teatro “no” eso les parezca normal. Pero aún así me he quedado un buen rato viendo a los trabajadores y a los periodistas. Ha habido uno de estos últimos que se ha echado largo al suelo para hacer una foto del templo con mejor perspectiva. O para impresionar a la joven que lo acompañaba.

Periodista en pose complicada.

He llegado al templo desde la estación en autobús pero regreso andando para así echar una ojeada a la ciudad.  Me gusta bastante pero el fresco viento hace que sea muy desapacible para pasear.

En la estación cojo un tren tipo “local” para volver a Matsumoto.

Enfrente de mi se sientan dos chicas jovencitas con largas melenas rubias, muy arregladas y muy japonesas. Se ríen durante cinco minutos como locas y de repente se quedan dormidas las dos: cada una con su teléfono celular abierto en su mano. Así han estado hasta Matsumoto.

Yo como no tengo teléfono para poder dormirme he aprovechado para cambiar mis planes originales. Así que después de Hiraizumi me iré a Morioka y desde allí a a Hakodate en Hokkaido.

A ver que me depara la climatología en los próximos días.

PD

Volviendo del templo a la estación de Nagano he pasado por delante de una tienda donde vendían botellas de champán. En la calle tenían una rima con varias botellas. Me ha gustado mucho el detalle pero me ha sorprendido. ¿Algún naganés sabrá para qué sirve ese adminículo?

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