Desde la estación me voy andando hacia el barrio de las geishas. En el camino me encuentro con el “Kanazawa Phonograh Museum”. Y es de esas cosas inesperadas que te sorprenden agradablemente. No está en mi guía, nadie me había hablado de él, ni pensaba visitarlo pero ha sido muy interesante y una pequeña joya. Y con los empleados más amables e interesados en su trabajo que recuerdo haberme encontrado. ¡Lástima que no hablasen inglés!
Compro el billete de la entrada y me dicen que “segundo piso”, “segundo piso”. Pero en plan urgencia. No entendía que si el museo tenía tres plantas porqué tenía que empezar por la del medio. Y es que hacían una demostración en vivo de varios gramófonos antiguos explicando las diferencias de sonido de unos a otros. Estábamos una decena de oyentes y ha sido muy instructivo. Vaya, eso imagino porque obviamente era todo en japonés.

El museo tiene una historia ejemplar detrás: había un señor kazanawés que tenía una tienda de discos y además coleccionaba gramófonos. Cuando empezó el CD y el personal empezó a desprenderse de los vinilos este buen hombre, Hiroshi Yokaichiya, (que no solo hay que recordar a los malos sino también a los benefactores), se dedicó a recogerlos y después donó su colección de más de 20 mil vinilos y 540 fonógrafos a la ciudad. E insisto que donó la colección, no como algunos barones que la vendieron. Aunque fuese a buen precio. Y encima con condiciones. Así que gloria y loor a Hiroshi Yokaichiya.
Tengo un par de amigos audiófilos que siempre están predicando la muerte del CD, pero no por la piratería o internet sino a manos del vinilo. Y estando aquí he pensado en ellos porque viendo y oyendo las viejas gramolas me han entrado ganas de colocar un disco en su plato y oírlo.
Además creo que he sido uno de los niños afortunados que en su infancia oyó un gramófono porque mis abuelos maternos tenían uno. La verdad es que me hubiese gustado más tener un pick-up, pero para eso tardé muchos años. Yo casi pasé de la gramola a lo digital.
Al acabar la visita me siento a tomar algo de una máquina en una salita muy coqueta que tienen en el museo. Viene una de las señoritas taquilleras-recepcionistas y me trae media docena de CD para que elija uno que me lo pondrá para que lo escuche mientras estoy allí. Bueno eso he entendido después de un ratito. Le he preguntado si conocía al “Cuarteto de Tokio”. Pues se ha entendido que yo era uno de sus componentes. Y le he dicho “no, no” con el mismo énfasis y susto con el que me lo han dicho a mí esta mañana cuando intentaba coger un palillo usado. Pero me he sentido que me trataban como si fuese Albéniz. Por lo menos.
Desde allí me voy al barrio de las geishas, Higashi Chaya. Este fue un lugar dedicado al placer en el siglo XIX y hoy una serie de calles con casas de madera muy bien conservadas y muchas dedicadas a restaurantes o similares. Muy bonito todo el conjunto.

Paseando por aquellas calles pensaba en el barrio chino de Barcelona. Gracias a la labor municipal ha desaparecido pero si lo hubiesen mantenido, dentro de cien años –o antes que va todo muy deprisa- quizás sería una atracción turística. E igual que en Kioto se pasean algunas señoritas vestidas de geishas, bastaría que en Barcelona dentro de 50 años se paseasen unas señoritas vestidas de putas de los años 50 y 60. Y todos los tugurios serían establecimientos hoteleros canallas y chic. Pero es que en España no sabemos conservar lo que tenemos. Pero eso viene de lejos, que en el museo de la fonografía había un disco expuesto de la RCA Victor, “Danzas regionales Españolas” de “Autor y Director” José María Palomo que estaba hecho por la “Industria Argentina”. Y así nos ha ido. Y así nos va.
Y hablando de argentinos: en un extremo de ese barrio hay un establecimiento que hace pan de oro y venden artículos relacionados con él. Allí había un grupo de españoles con guía a los que explicaban el proceso. El señor japonés les pregunta si en España se utiliza el pan de oro. Uno dice que en Toledo mucho. Otro dice que el oro lo trajeron de América. Entonces salta otro: “el que robaron los españoles”. Y era argentino. He estado a punto de decirle que por la pinta que tenía no debía ser descendiente de los indios esquilmados sino de los conquistadores esquilmadores.
Vuelvo andando al hotel y paso por delante de un gran templo sintoísta. En el camino, como miro el mapa –sí uno de esos inspirados por Satán-, una pareja me pregunta si puede ayudarme y si me he perdido. Les digo que no. Me preguntan sorprendidos si viajo solo: es que estoy jubilado y mi mujer está trabajando todavía. Por la cara que han puesto me parece que no les ha parecido muy ejemplar mi conducta.
PD
Como tengo un par de amigos que son fanáticos audiófilos fundamentalistas (FAF por sus siglas en inglés: Fundamentalist audiophiles fanatics), aunque no creo que me lean, tengo que decir que la colección del “Kanazawa Phonograh Museum” es de SP, imagino que aunque también tendrán EP y LP el folleto dice SP.
Mientras estoy en este viaje me pierdo un concierto del “Cuarteto de Tokio” en Madrid. Una pena pues pasa por ser uno de los mejores del mundo. Aunque yo no sea uno de sus componentes. ¡Otra pena!