12. Kanazawa, día 2, primera parte.

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Ayer por la noche contra la tristeza, ese frío del alma, utilicé una de mis recetas: “Marche pour la céremonie des Turcs” de Lully. Lo terrible es que, si no paras, luego viene “Les Pleurs” y te deja más afligido.

Y así me levanto pensando en la suerte, en la mala suerte, de mi amiga Almudena.

En este ryokan puedes desayunar a estilo occidental o japonés pero hay que pedirlo la noche anterior. Vista la experiencia del año pasado me decanto por el japonés. Así que me sientan en una mesa donde hay unos japoneses y de esta manera les observo de reojo para ver como lo hacen ellos.

En la mesa “occidental” hay dos italianas talluditas que siempre que las veo no paran de hablar. Esta vez están “disertando” (porque de la manera que lo hacen no es “hablar”) sobre “Giotto y la modernidad”. ¡Vaya nivel, Maribel!

Antes de salir pregunto a la señora del ryokan: hay un 10% de posibilidad de lluvia. O sea que no lloverá. Pero hará frío. Esta mañana mi habitación estaba a 10º C.

En la calle veo que la mitad del cielo está negro, negro y la otra mitad azul. Espero que venza el 90% de la previsión.

El día está fresco y recuerdo otro viaje en el que el editor me dejó una “prenda técnica” para el frío y que no me puse en todo el viaje. Y es que siempre me dejo algún cartucho sin utilizar. Porque siempre puede hacer más frío o llover más. Y si te has puesto todo lo que tenías, ¿qué harás cuando aún sea peor?  De esta manera siempre pienso que me queda algo por poner.

Estos días también recuerdo una frase que seguramente conoces a alguien que la dice o quizás la emplees tú: “a mí que me den el frío, que lo soporto bien, que el calor no hay dios que lo aguante”. Claro que aguantar el frío con calefacción central viviendo en una gran ciudad donde no hace frío ni en la calle no me parece difícil. ¡Claro que se muere gente de calor! Pero mira los consejos tan sencillos que dan para combatirlo: no hagas deportes en las horas de calor, ves por la sombra y bebe agua. ¿Has visto los consejos para no morirte de frío? Que el calor se pasa con un botijo de agua.  Y el frío…, con otro pero de ron.

Hoy voy a intentar hacer todo el recorrido andando. Primero paso por grandes avenidas hoy casi vacías   imagino que por ser domingo. Vuelvo a encontrarme esos pasos cebras que descubrí el año pasado en Tokio: un cruce de dos calles donde hay seis pasos cebras para que los peatones puedan ir a cualquier sitio.

Me voy a visitar el antiguo barrio de los samuráis, Naga-machi Buke  Yashiki, que menos mal que con el mapa, el de la orientación diabólica, no te pierdes, que si tuvieses que preguntar muchas veces por ese nombre…

Es un barrio precioso y muy interesante con dos canalitos y calles con casas de madera. Todo muy bien conservado y con algunas mansiones que se pueden visitar.  Y con unas confiterías que no te moverías de allí por lo bonitas que son y por los artículos que tienen. Eso sí los precios…Cada pastelito enano de 2 a 3 €.

Pero merece la pena darse una vuelta entre tanto diseño pastelero. Y en algunos ponen unas porciones minúsculas para probar. ¡Y mira que el hombre blanco es tonto! Por lo menos el que escribe esto: voy a coger un palillo para coger un trocito de muestra de esos pequeñitos de un dulce de color violeta y me dice la dependienta: “¡no, no!”. Y también un cliente. Pero casi enfadados.  Entonces pensé que aquello es que ya estaba vendido a aquel señor y yo me iba a comer su ración. Resulta que había cogido el palillo de la cajita de los usados. Si los tirasen al suelo como las cáscaras de mejillones en las barras de los bares españoles no les pasaría eso, pero es que los dejan perfectamente colocados, los usados, en unos cubitos preciosos.

Pero al final he podido probar el dulce violeta. Ni idea de lo que era.

Y te sorprende que en medio de una gran ciudad así se pueda seguir manteniendo este barrio.

Desde allí me voy andando hasta la estación de tren. Tengo claro el camino y además el barrio samurai está muy bien indicado pero me encuentro con un plano callejero de esos de “usted está aquí” que en lugar de la orientación normal N-S, o la E-O diabólica del   plano que llevo, tiene la S-N. Que hay que ser retorcido. Y espérate que descubran la imagen especular en el departamento de la cartografía municipal.

Lo que ocurre que fuera de ese barrio donde sí hay turistas japoneses de visita, en el resto, quizás por ser domingo, no hay un alma. Por si las flais, porque con tanto movimiento de los puntos cardinales me puedo equivocar, le pregunto al primero que pasa: es como Francisco Umbral, lleva abrigo –el primero que veo con esa prenda- y anda sin mover ni un centímetro los brazos.

Cuando llegué a esta ciudad compré los billetes para el próximo destino y me dieron una combinación muy rara: dos trenes normales y un tren “local”. Así que he vuelto para preguntarles por otra combinación menos complicada. Y había otra pero igual de extraña.

Un detalle importante: horario de la oficina de venta anticipada de billetes: de 4:40 a 23:00. ¡Eso es servicio!

Luego me voy a la oficina de turismo para ver si está el abuelito que me atendió ayer para que me confirme su edad. Bueno, no hubiese sido tan brusco, le habría “entrado” con alguna pregunta banal. Pero no estaba.

Estación de ferrocarril.

Las estaciones de las grandes ciudades japonesas tienen de todo y entre otras cosas restaurantes; y afortunadamente con modelos de los platos de plástico, porque no hay nada en inglés. Allí sentado delante de una gran ventana viendo la ciudad me he metido en el cuerpo un gran plato de sopa con otras fruslerías japonesas. Y vuelvo a encontrarme en plena forma dispuesto a seguir el viaje.

Me percato de que el 90% de los clientes son mujeres. ¿No me habré metido en un restaurante “rosa”?

Al salir de la estación la contemplo a gusto: una maravilla.

PD
Si viviese en Japón ý quisiera comprarme un coche tendría que ir a una agencia como las matrimoniales pero para vehículos. Y es que debe ser muy difícil elegir: es raro ver dos modelos iguales de tantos diferentes que hay, a pesar de que sean de pocas marcas. Y que además casi el 100% son japoneses. Que aquí no debe haber políticos como el gallego: “En cuanto mande venderé (“malvenderé”) el auto alemán que tenía el anterior jefe y me compraré uno…francés. Eso sí, el más caro que encuentre”.

¿Por qué a la derecha se le perdonan corrupciones y despropósitos de campañas electorales y no a la izquierda?

Porque lo del auto lo dice (y hace) cualquier político que no fuese del PP y aún se lo estarían repitiendo. Menos a Pujol, que decía aquello de “hoy no toca”.

Aquí solo he visto un Peugeot, un Renault Megane y dos Mercedes.

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