Cojo el mapa que me han dado en turismo, miro hacia donde está el sol para orientarme y descubro estupefacto que en lugar de ponerse por el oeste lo hace por el norte. Dado que no pertenezco a ninguna religión que me haga dar una interpretación esotérica a los fenómenos naturales o dudar de ellos y que además he estudiado ciencias, descubro, también estupefacto, que el mapa tiene la orientación E-O donde todos la tienen N-S. Y es que les ha debido parecer más fácil el diseño.
Aunque ha salido el sol sigue haciendo fresquito así que decido irme a ver el museo de arte contemporáneo llamado “21st Century Museum of Contemporary Art”.
Al lado hay una casita, Sho-to-an, que es una casa de té del siglo XIX, transplantada desde Tokio, propiedad antaño de un señor feudal. Es pequeñita y también minúsculo el jardín que la rodea pero ambos son una preciosidad. Como también lo es la descripción que pone del nombre. (Creer que es una traducción de ese corto nombre, Sho-to-an, me parece una exageración). “Una casita con el sonido de la brisa de los pinares y de las olas del océano”. ¡Qué poéticos los japoneses!
Este museo creo que merece un comentario aparte.

Parece que es un museo como muchos actuales de arte contemporáneo: un edificio notable que no contiene casi nada pero que es una pieza museística por sí mismo. Creo que decían algo así cuando inauguraron el de Bilbao; claro que éste en pequeño, que los de Kanazawa no son de Bilbao.
En el jardín que lo rodea veo el primer árbol florido de Japón. También en los jardines unos asientos metálicos que son piezas de museo así como unas trompas que salen de la tierra y que se deben comunicar unas con otras pues la gente habla y escucha a través de ellas. Yendo solo no puedo comprobarlo por mí mismo. Realmente veo que uno habla pero no sé si el otro escucha. Como en la vida misma. Una metáfora.

El edifico es un cilindro no muy alto con una pared exterior de vidrio rodeando toda la construcción.
Creo que es el museo con menos piezas que he visto en mi vida. Muchas de ellas están solas en una habitación pero con vigilante incluida. Todas mujeres.
La número 1 es “The Wall of Ascending Angels” de Jan Fabre. Una especie de figurín femenino hecho de “escarabajos joya” sobre una red metálica.
En otra sala hay una peliculita de animación que se titula “limbo”. Esa palabra que todos vosotros católicos deberíais saber que significa pero que os recuerdo.
Según el DRAE:
1. m. Lugar o seno donde, según la Biblia, estaban detenidas las almas de los santos y patriarcas antiguos esperando la redención del género humano.
2. m. Lugar adonde, según la doctrina tradicional cristiana, van las almas de quienes, antes del uso de la razón, mueren sin el bautismo.
3. m. Borde de una cosa, y especialmente orla o extremidad de la vestidura.
Una enciclopedia católica dice que en su uso teológico este nombre se aplica a un lugar temporal o a un estado en el que las almas de los justos, aunque purificadas del pecado, estaban excluidas de la visión beatífica (y no te explico joven creyente lo de “visión beatífica” porque me metería en otro berenjenal) hasta que Cristo ascendió a los Cielos. O bien el lugar permanente o estado de aquellos niños no bautizados o de otros, que muriendo sin pecados personales graves, están excluidos de la visión beatífica solamente por el pecado original. En este segundo caso se le conoce como «limbus infantium» o «puerorum”. O sea “limbo de los niños”. (“Puerorum” si no me equivoco es genitivo plural. Enseñanza recibida de los padres escolapios a la temprana edad de 13 años).
Y viendo aquél vídeo y ese título pensaba cómo un japonés sintoísta y/o budista entendía el significado de aquella historia. Y si no lees lo que dice el autor está bastante bien. Porque si tu haces un corto y luego tienes que explicarlo en un papel con un montón de palabras pues no parece que sea muy buena idea.
Hay varias obras de Beatriz Milhazes, otras de Angelo Filomeno, y para mí lo mejor: las vigilantas. Eran mucho más una obra de arte moderno que lo que había expuesto.
Al final del recorrido te encuentras con la “Piscina de Leandro” que parece más bien una atracción de feria y que es una cosa divertida e ingeniosa: entras en una piscina vacía que tiene encima una delgada capa de agua sobre un vidrio y así ves desde abajo a la gente que se asoma por arriba. La sensación es igual a lo que ves en las películas de crímenes cuando quieren matar a uno dentro de una piscina y ve al asesino que está arriba esperando que salga para rematarlo.

Y ya cuando me marchaba descubro lo que realmente ha sido la mejor obra de todas: un futbolín gigante de unos tres metros por cuatro en el que a cada jugador lo maneja una persona o un niño. Y además juegan. Con poca habilidad, es verdad. No he sabido si la obra se llamaba AC-21 y el autor Kosuge 1-16, o al revés. Si visitas el museo no te lo pierdas.

Cuando salgo está atardeciendo, nublándose y con fresco de nuevo. Así que vuelvo al hotel a ponerme el forro polar, dejar la mochila, descansar un momento y buscar donde cenar.
La guía recomienda un restaurante cerca del hotel. Y me ha pasado lo de otras veces: que el letrero solo estaba en japonés y he tenido que parar a una pareja para que me lo indicasen. Y como es sábado y las seis de la tarde (seis de la noche para un japonés) estaba lleno y con cola de espera. Pero si estaba lleno es que estaba bien, así que me he quedado en la cola.
Esta foto no tiene nada que ver con el restaurante ni con el limbo, pero me encanta.
La guía dice que el personal de este restaurante hablaba inglés. Pues han debido irse a otro sitio. Pero preguntando y señalando con el dedo he cenado bien. Mañana volveré. Además es un restaurante bastante alcohólico: casi todos los clientes empezaban con cerveza de barril pero luego se pasaban al sake. Ponen un vaso metálico de un tercio de litro lleno de sake al baño maría. Y es que se toma un poco caliente. La pareja que tenía al lado (he cenado en la barra) se han bebido una botella de cerveza de dos tercios y luego dos vasos de sake. Eso en el tiempo en que yo he estado allí, que ya estaban antes y han seguido cuando me he ido. Lo curioso es que el sake se sirve de ese vaso grande a otros de vidrio más pequeños y servía el uno al otro, nunca uno a sí mismo. Tendré que preguntar si es cosa de educación o es que estaban enamorados. (Tendrían unos 50 años). Y si son solo amigos, si también se hace así aunque no estén enamorados. Incluso he visto a un par de beodos cenando. Uno de ellos estaba especialmente “perjudicado”.
Estoy en un “ryokan” pero tengo tele en la habitación, aunque para este país debe ser una vergüenza que sea una pantalla CRT. O sea, que vaya una mierdecica. Y con solo 6 ó 7 canales y todos en japonés. En uno pasaban combates de sumo que después de una carrera de fórmula uno debe ser lo más aburrido en el mundo del deporte televisado. Aunque realmente no sé si lo de los autos se considera deporte o solo espectáculo.
Pero en otro canal sale una señorita japonesa que está enseñando España a los japoneses. Bueno, España y el flamenco.
Como lo he cogido empezado y además no sé leer los subtítulos, ni entiendo lo que dice la presentadora no sé la entrada que habrá dado al programa pero cuando lo cojo están en un poblado chabolista y furgonetero donde uno que se supone que debe ser gitano, aunque a mí solo me ha parecido pobre y macarra, tocaba la guitarra y cantaba y otro le acompañaba con una lata grande vieja. Pero como no doblaban la canción sí que he oído la copla y debían pensar que como los japoneses no se iban a enterar cantaban cosas de contenido sexual explícito; por emplear unos términos suaves. O sea de que se la metía pero que a la niña le gustaba y le abría más las piernas. ¡Señor, Señor! No soy un especialista en flamenco pero en mi vida he oído nada igual. Espero que los subtítulos no fueran una traducción literal sino más bien en plan poético japonés: “cuando llegó la primavera les alcanzó el amor”.
Luego mejoró algo pero no mucho porque de las chabolas se fueron a una cueva donde vivía un señor mayor muy sandunguero. ¿Les dirían a los espectadores que la mayoría no vivimos en cuevas? ¿Qué hay bastantes cavernícolas pero solo de pensamiento? El señor cavernícola sacaba unas fotografías de su madre y de su abuela y parecían talmente indias comanches.
Tanto miedo me dio que me fui a tomar un baño. Que ésa es una de las gracias de estar en un ryokan: que hay un baño japonés. Y en éste para una sola persona. Que el año pasado estuve en uno en Tokio que era para todos los clientes que cabían en él y estuve charlando con un americano muy gracioso.
Cuando regresé a la habitación aún seguía la flamenca pero ya estaba en la Alhambra y ya no sacaba a nadie que te hiciera desear ser noruego o azerbayano. Y allí te sentías orgulloso de esa obra, de haberla hecho tú. O tus antepasados: cuando éramos moros.
O sea que el programa aún podría haber sido peor.
Leo en un periódico japonés que aquí hay una agencia que intenta predecir la fecha exacta en la que florecen los cerezos en las diferentes partes del país. Es algo muy importante pues alrededor de ese momento se hacen fiestas, encuentros de amigos, se planifica todo con semanas de antelación y también las empresas aprovechan la coyuntura para aumentar la moral de sus empleados. Pues parece que ahora no atinan ni una debido al cambio climático y a pesar de que este país da nombre al protocolo de Kioto no son muy eficaces en esa lucha o peor que no hacen mucho caso. ¿Habrá venido aquí el Sr. Aznar a pronunciar sus famosas conferencias sobre el tema? Por supuesto en japonés, pues alguien que habla italiano como él no creo que tenga problemas en hacerlo en japonés. Con alguna faltilla y acento tejano.
Pero el calentamiento global no se ha enterado estos días pues se acaba marzo y hace un frío que pela.
PD
En el ryokan echo una ojeada al folleto del museo y descubro que había una habitación llamada “breast-feeding room”, o sea “habitación para amamantar”. Nunca dejan de sorprenderme estos nipones.
NB
Sobre el limbo.
El actual papa, siendo el jefe de una comisión encargada por el anterior papa, decidió que el limbo no existía. La noticia de prensa utilizó el verbo “cerrar”. Así que “cerró” el limbo sin preocuparse a dónde diablos irían todas las almas de los pobres infantes que estaban allí hasta entonces.
No inquietarse; hace un par de años, siendo Papa, lo arregló: irían al cielo.
Eso es lo que tiene ser jefe, que puedes “cerrar” un establecimiento y mandar a los que está allí a otro sitio. Y encima mejoran con el cambio.
Si alguno está preocupado por la posible contradicción de las decisiones papales he encontrado una referencia que puede tranquilizarle: como parece que la reivindicación del limbo es de san Agustín dicen que “no se debe confundir la autoridad privada de San Agustín con la autoridad infalible de la Iglesia Católica”.
Por si hay alguna duda; que si se equivoca alguno son los demás, aunque sea San Agustín, ínclito Padre de la Iglesia.